Escape


La banda argentina de rock tocaba en un lugar pequeño, mil personas a lo más los escuchaban. Los hermanos la lideraban, ambos con guitarras y voz. De repente uno de ellos cayó muerto y el otro a su lado, llorando. Todos sospechaban de un ataque, de un complot.

Salí del lugar antes de que se convirtiera en un caos y me encontré en un inmenso campus o ciudad universitaria donde varios jóvenes pintaban carteles rebeldes en rotafolios. En un salón, se juntaban varios para tramar una venganza contra los asesinos del cantante o contra cualquier cosa.

Al fin, descubrí que lo que fuera que planeaban iba en contra mía y que debía escapar ya de allí. Traté de pasar inadvertida, pero varios chicos me impedían el paso a cada momento. Por fin llegué a la hacienda enorme que era propiedad de un anciano que tenía el poder. También debía huir de él.

Caminé tratando de no hacer ruido por los jardines del lugar. Sonó mi celular, contesté en seguida, era ella, la que solía ser mi amiga, pero se había doblegado ante el poder del viejo. Salió a buscarme y le dije que debía ayudarme a escapar.

Sonrió despreocupada con su cabello rubio y chino enmarcándole la cara. Me llevó por un lago artificial que pasaba por debajo de la casa. Me dijo que comenzara a nadar, que ella iría tras de mí. Pero uno de los vigilantes, rifle en mano, la descubrió. Yo seguí nadando y no supe si logró salir.

Llegué al camino y me subí a un destartalado camión blanco sin techo. Me confundí entre los pasajeros, sintiéndome por primera vez un poco a salvo…

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