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Cielo invernal,
límpido,
índigo.

No puedo verte,
estés donde estés.

La mariposa blanca
me habla en su vuelo.

Mi sollozo amargo
queda en silencio.

Pero las lágrimas corren
sobre mi rostro.

Vida/muerte.
Me oculto de todos.

Ven.

——

Oh, my sorrows,
sad tomorrows
take me back to my own home.”

“Oh, my crying (Oh, my crying),
feel I’m dying, dying,
take me back to my own home.”

Altar


Te tengo un altar
perenne,
oculto de todos,
al frente de ti.

Cada día
hacia las tres
enciendo una vela
de luz cálida
como lo fue tu alma
hacia mí,

como lo fue tu alma
que se apartó de mí.

Todo es blanco
al despertar:
el amanecer,
el silencio,
la paz sin ti,
la nostalgia de ti,
el amor,
la desesperanza
sin fin.

Sol


“Limitless undying love
which shines around me like a million suns
it calls me on and on across the universe.”

Lennon/McCartney


(Soñé que) había sido arrojada a un prado desde otro lugar, otra dimensión, otro sitio.

Una luz brillante lo bañaba todo, cálida, amarilla, tan deslumbrante que no me dejaba ver. Solamente adivinaba el pasto verde y los árboles a mi alrededor.

Tras el golpe de la caída, traté de incorporarme. A pesar de estar sola en el prado, tenía consciencia de que otros seres me veían. Y sentía vergüenza de moverme tan torpemente por sobre el pasto, de estar tan ciega por la luz.

Me tambaleé hasta incorporarme y trastabillé al tratar de dar unos pasos. Sentía un nudo en la garganta. Vergüenza, confusión, angustia.

Pero entonces alcé la vista y pude ver el sitio más brillante del prado. Un claro iluminado aún más intensamente por un haz de luz. Allá, en la cima de una pequeña colina, un claro precioso bañado de luz.

Y entonces lo supe: allí está mi bebé. Tengo que ir por él. Y corrí hacia él. Paz, paz, amor.


Como el día al sol,
así, amor.

Nunca hubo respiración más diminuta,
nunca hubo un más pequeño sol.

Pendiente


El deseo de correr hacia ti
y detenerte,
tomarte por el brazo
y retenerte
antes de verte caer
por esa pendiente
que yo he observado
con la mirada azorada
ante el vacío,
ante el alivio,
ante la dulzura
cegadora
(¿y engañosa?)
de la muerte.

Pero con lo que estoy aguardando,
¿cómo?
Pero con lo que estoy guardando,
¿cómo?

No,
no pude verte.

No,
no puedo aún verte.

Bellezamarga, felicidaduelo


¿Cómo voy a hablar
de las pequeñas cosas
y de las grandes cosas,
que sucedieron
y que no proceso,
cuando él ha llegado
y tú ya no estás?

¿Cómo explicar
el horror máximo
del momento de perderte
para el que la vida
me fue preparando
con cada pérdida,
con cada muerte?

¿Cómo hablar
de las pequeñas cosas
y de las grandes cosas
que dejaste solas:
tus manos cruzadas
sobre el pecho,
tu expresión calmada
o contrariada,
todas tus destrezas,
el bote de basura,
todas las cerraduras?

¿Cómo voy a hablar
de la bellezamarga,
de la felicidaduelo
si apenas puedo
trazar una palabra
desde el embeleso
de sentir la vida dentro,
que, amada, se remueve,
danza,
llama,
da patadas,
crece?

¿Cómo describir
las pequeñas cosas
y las grandes cosas
de estar sin ti
y de estar con él
casi de inmediato
si aún no comprendo
todas las tragedias,
todos los milagros?

Perlas en llamas


Cien despedidas se han encadenado
una tras otra, como perlas
en un hilo escarlata.

Las cosas que han sido
nunca se irán.

No puedes pretender
que ella olvide lo que fue.
Yo la tengo en una caja de cristal
de la que sale a llorar
cuando la vuelves a ver.

Y sus lágrimas, perlas,
son como la lluvia
que alguien bendijo en África.

Porque si algo no es
no significa que nunca lo fue.

Y lo que se entrelazó sin cuidado
entre las llamas
se desató con el tiempo
entre las lágrimas.

Y se soltó de cada hilo escarlata
cada perla que estaba atesorada:
una cascada de dagas.

Las cosas que han sido
nunca se irán.

Las cosas que no han sido
siempre serán

rosas rosadas,
perlas en llamas,
dagas escarlata.

Ajena


No sucedió,
pero vas a recordarlo:
cuando dormiste
entre mantas
que olían a rosas
y a lavanda.

Y una Señora
contaba estrellas
en tu cabecera,
y te velaba.

Y tú, ajena,
a las cosas de la Tierra
que no comprenderás
y no debieras.

Serena.

Eterna.

«Rosa y lavanda», por Crissanta.