Apocalipsis


Yo estaba trabajando en una larga nota sobre automotrices, en la cocina de mi casa. No sé por qué salí al enorme jardín, abandonando la computadora allí.

Junto a un árbol encontré a un bebé. No sé decir si era mío, pero lo tomé en mis brazos para protegerlo de la lluvia que empezaba.

Entonces, llegó una chica para avisarme que habían tenido que cerrar el ala de la casa donde se encontraba la cocina debido a la lluvia, que ya para entonces era un diluvio.

“Mi nota, maldita sea”, pensé, aún llevando al bebé conmigo. “Pienso que en algún momento debí haberle dado ‘guardar’ en el Einfluss”, le dije a mi madre. Le pregunté si podía entrar a la cocina y ella me mostró que la puerta estaba bloqueada.

Decidimos salir cuando la lluvia cesó, dejando la sensación de un Apocalipsis. En una calle encontramos a un grupo de gente, nos sentamos a una mesa a comer con ellos. Miré hacia el horizonte, el cielo estaba oscuro, parecía que ya era de noche y las estrellas tintineaban con fuerza. Me pregunté si era producto de otra alucinación visual originada por mis migrañas, pero no: mi padre dijo que las luces temblaban y vimos pasar un grupo de estrellas fugaces… o ¿naves?

Del cielo, llegaron personas a gran velocidad, como si estuvieran volando gracias a una especie de propulsión. Asustados, corrimos de nuevo hacia la casa. Al llegar, me sorprendí de encontrar el jardín en orden, y sobre la mesa del comedor, los trastes listos para comer.

Me asusté al pensar que alguien hubiera entrado en la casa, pero ¿qué clase de ladrón se dedica a poner la mesa y arreglar la casa? Debía ser mi madre… y allí estaba. Sin embargo, era de mañana y parecía ser un día distinto. Era como si todo volviera a empezar: la cocina estaba abierta, la ropa estaba seca y yo traía la misma falda prestada. Caí en cuenta de que era de nuevo el comienzo del día del Apocalipsis.

Más tarde, en el auto con mi novio, descubrí que yo sabía lo que iba a pasar en el momento siguiente: los mensajes que iban a enviarle, lo que estaba punto de decirle su jefe a través del radio.

Llegamos a una especie de clínica y me recosté en una mesa de examen, mientras él hablaba con un tipo que tenía pinta de peluquero o tatuador. Era uno de esos mexicanos que se fueron a vivir a Estados Unidos, y al hablar, mezclábamos el inglés con el español.

Llegó la cuidadora y el doctor, para discutir con nosotros y decidir que íbamos a hacer con el bebé, que creo había resultado ser niña. Eran demasiado caros sus servicios y pretendían cobrarnos aun más. Algo raro había en ella, era como si fuera genio, pero tuviera un problema mental (Oh, I see…). De cualquier manera no había por qué preocuparse por esas decisiones o por su futuro y su educación, yo sabía que era el día del Apocalipsis y todos íbamos a morir.

El cielo se oscureció muy rápido, y en segundos, pareció que era de noche.

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Acerca de Crissanta

Carla Paola Reyes (Crissanta). Editora, escritora, traductora. Editora general de Salto al reverso. Administradora de Arte y denuncia. Directora de Somarí Creativos. Mi objetivo es fomentar mi crecimiento profesional y personal, impulsando a emprendedores y artistas para que realicen sus propios proyectos.

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