Bellezamarga, felicidaduelo


¿Cómo voy a hablar
de las pequeñas cosas
y de las grandes cosas,
que sucedieron
y que no proceso,
cuando él ha llegado
y tú ya no estás?

¿Cómo explicar
el horror máximo
del momento de perderte
para el que la vida
me fue preparando
con cada pérdida,
con cada muerte?

¿Cómo hablar
de las pequeñas cosas
y de las grandes cosas
que dejaste solas:
tus manos cruzadas
sobre el pecho,
tu expresión calmada
o contrariada,
todas tus destrezas,
el bote de basura,
todas las cerraduras?

¿Cómo voy a hablar
de la bellezamarga,
de la felicidaduelo
si apenas puedo
trazar una palabra
desde el embeleso
de sentir la vida dentro,
que, amada, se remueve,
danza,
llama,
da patadas,
crece?

¿Cómo describir
las pequeñas cosas
y las grandes cosas
de estar sin ti
y de estar con él
casi de inmediato
si aún no comprendo
todas las tragedias,
todos los milagros?

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El ojo del universo


El cuerpo no responde,
el alma
se concentra en el dolor.

El azul marino
—¿o el negro?—
la devora,
y pides perdón.

No hace falta.
Yo comprendo y no:

las opciones se reducen
al extrañe o el destroce,
la implosión o la explosión;
la sinrazón.

Y me miras fijo:
«Yo sé tus pensamientos».
Sí y no.

Ellos no, pero yo los veo todo el tiempo.

El ojo del universo
observa desde lejos
nuestra obsesión.

Y cantamos los recuerdos
en los giros de los bailes
alegres y tristes,
sin redención.

Hablamos de nuestros hijos
que no están presentes.
«Yo sé tus pensamientos»,
dices.
Y no.

Ellos no, pero yo los veo todo el tiempo.

Y el ojo del universo
arroja su mirada
ubicua y silente,
y no sabremos nunca
si tenemos su perdón.

Fin del mundo (sueño)


Fotografía: Crissanta

Fotografía: Crissanta

Dormía y entonces desperté. Mi lecho era el mar. Allí flotaba. Cerca de mí estaban recostados una mujer, un hombre, un perro y yo, todos hacinados. Y así sucedía en todas partes.

Abrí los ojos y vi la luz de la luna bañando de resplandor el mar que era mi cama. Todo brillaba en destellos azules que se movían con el ligero oleaje.

Entonces salió el sol, al mismo tiempo que la luna. Los dos astros, uno cerca del otro, formando una pequeña diagonal: la aparición imposible.

Y el brillo se hizo cegador. Amarillos y azules deslumbraron mis ojos con su luz directa y su reflejo marino.

Y en mi mente sonaba a todo volumen una canción que decía:

There’s a gap in between
There’s a gap where we meet
Where I end and you begin

And I’m sorry for us
The dinosaurs roam the earth
The sky turns green
Where I end and you begin

Entonces me levanté. Y miré el fin del mundo sobre la que había sido mi ciudad. El mar eran las calles, las avenidas y todo camino. Los puentes antes elevados estaban a su nivel. Edificios iluminados aún formaban la línea del horizonte. Y yo avancé sobre las aguas hacia donde todos se dirigían, en medio del tumulto y la confusión.

Debía encontrar a Karen, mi hija. Ella no hablaba una sola palabra coherente, pero todos la comprendían. Todos la conocían. Todos la amaban. Era fuente de calma y belleza en medio del caos.

Había que ir a donde estaba y ponerla a salvo. No estaba sola, lo sabía, pero estaba sin mí.

I am up in the clouds
I am up in the clouds
And I can’t, and I can’t come down

I can watch but not take part
Where I end and where you start
Where you, you left me alone
You left me alone

Vida-luz


Vibra algo invisible.
La materia tiembla como hilos transparentes
a su alrededor.

Al mío.

No está en mis ojos,
estalla en mi alma.

Comencé a verla ayer.
Luego comencé a verlo a él.

Es el presente
permanente,
la vida-luz.

Antes existía hacia mí
y nadie podía verme.
Pero yo me tuve
y me devoré.

Me diseccioné
con rabia
la carne, el ser.

Me deseo
siempre.

Y me tengo.

Ahora existo en tanto más.
Existo en él.

Vengo a nacer en quien pronuncia mi nombre
como un despertar.
Y soy yo la que despierta,
recostada mi cabeza.
Atenta.

Es una fortaleza.

Él.

Y luego,
son esos hilos
la vida nueva.

Son lugares,
compartimentos,
cajones que no tienen final.

Allí guardaré
la exploración
de su alma que haré sin fin,
de los delicados silencios,
de su sentir.

Allí guardaré
a quien no es,
y sus murmullos.
Mi fe.

Allí, los muros de atrás,
allí, el sol en la ventana y nuestros planes mañana.

Allá seré.

Boy


I think I saw you
—boy—
through a tunnel,
through the ether.

And I was left speechless.

But I understood.

I was thinking of her;
her wrist tied to mine
with a string.

¿Would you accept
to be bound to me,
too?

My eyes were staring at the drops.
In front of me, the water, the wall,
and surrounding me, the mist
and the presence of everyone I love.

And there I saw you.

And I got it, boy,
that you are a soul.

Beau-ti-ful soul.

My lips were silenced,
my heart was struck.

I dreamt of you.
And I understood.

Fotografía: 'Kite on a finger' por Daniel Herd / CC BY

Fotografía: ‘Kite on a finger’ por Daniel Herd / CC BY

Viaje (relato y sueño)


Revisando viejos papeles, encontré esta mezcla entre relato y sueño, escrito hace 10 años para una página de cuentos ya desaparecida llamada PH Cuentos (saludos, ‏Prudencio Hernández). Creo que aún aplica para un diario de sueños como éste.

Viaje

Sí, es cierto que rezaba sin respuesta cada noche y también es cierto que dormía arrinconada en la orilla de la cama, esperando en vano a que él llegara. Así es que esa mañana no esperaba encontrar nada distinto, sólo lo de siempre: un silencio divino y el vacío en mi cama.
Pero no. Abrí los ojos y allí estaba él, acostado junto a mí. Sigue leyendo

Sophie y más y más muerte


(Soñé que) ella quería matar a Sophie, mi hija.

Yo la buscaba en el garage, pensando que ya la había matado, pero Sophie estaba afuera con su impermeable rojo, mojándose en la lluvia.

Había estado jugando afuera, y ahora lucía asustada.

—Sophie, ven aquí —la llamé.

Y vino hacia mí, con su cabello rubio y despeinado. Y junto con ella, mis otros tres hijos, dos niños y una niña. Los envolví en un abrazo.

Pero el peligro seguía. Ella iba a matar a Sophie con un rifle.

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