Guardia del Sol III – Vínculo


Guardia del Sol
Expedición #24
∞290764∞

 

Resuelta aunque asustada, Sofía se adentró en la casa de ‘la flor amarilla‘. Con el corazón acelerado, examinó el interior de la casa para asegurarse de que la chica verdaderamente estaba sola. Su mirada se detuvo en un retrato de una mujer joven con un bebé en brazos.

—Esa es mi abuela, sosteniendo a mi mamá —dijo ella con una voz muy baja.

La mirada interrogante de Sofía alentó a la chica a continuar.

—Mamá murió hace no mucho… Yo… la enterré en el patio de atrás. —La chica temblaba.

Sofía se acercó y le tomó la mano, en un gesto instintivo de consuelo.

—¿Cómo te llamas?

—Aurora. ¿Y tú?

—Como te dije, soy la agente Mercury de la Guardia del Sol…

—¡No! No puedes llamarte así y… ¿qué es eso de la Guardia? Yo no entiendo. —Aurora comenzó a caminar en círculos por la vieja sala—. No entiendo.

Sofía miraba a su alrededor, nerviosa, temiendo que un exabrupto de la chica la pusiera en riesgo a ella, y a Kei y a Delta que esperaban afuera. Sentía las manos frías y la sangre palpitando en sus sienes. Se obligó a tomar una respiración profunda. «Después de todo, yo estoy a cargo aquí. Come on, Sofía».

—Ven. Te explicaré todo lo que necesites —dijo con su voz más dulce, mientras se sentaba en un sillón.

Aurora dejó de dar vueltas como un animal enjaulado y se sentó despacio junto a ella. No dijo nada, pero sus expresivos ojos color miel transmitían su expectativa por saber, por entender lo que pasaba fuera de las paredes en las que había vivido encerrada.

—Mi nombre real es Sofía. ‘Mercury’ es el seudónimo que se me dio al ingresar en la Guardia del Sol…. Sí, ya voy a eso —dijo, al leer la impaciencia en los ojos de la chica.

»La Guardia del Sol es un grupo de rebeldes que han huido de las aldeas controladas por el Régimen Único que se instauró cuando… —Sofía hizo una pausa al notar la incomprensión de su interlocutora—. ¿Sabes lo que fue la Tercera Guerra?

Aurora asintió con firmeza.

—Mamá me contó que fue el fin del mundo, me contó de las bombas y cómo las personas desaparecían al instante y cómo solo quedaba su sombra. Y cómo los niños también se morían. Cómo es que había países antes y después de la guerra ya no. —Su voz se iba alterando a medida que hablaba—. Cómo afuera todo era malo y caos, y que si ponías un pie fuera de la casa, aunque sea para ver las flores rojas cerca del portón, esos hombres malos iban a venir matarte y que no ibas a poder defenderte porque tienen armas y te matan… —Se deslizó al suelo, y quedó encogida casi en posición fetal, mientras trataba de seguir hablando.

Sofía se sentó en el piso y le rodeó la espalda con los brazos en un intento por calmarla, mientras se preguntaba alarmada qué hacer, qué hacer con ella.

—… y que mamá no podría defenderte, ni tampoco la abuela; que nadie podría defenderte si venían porque tenían armas y….

—Calma, calma, basta, shh, shh. Aurora, escúchame. Tranquila; respira —dijo Sofía tratando de prestar calma a su voz, una calma que ella misma no sentía del todo—.  Oye, pero ya pasó, eso ya pasó. La Tercera Guerra terminó hace mucho tiempo. Y yo trataba de contarte lo que pasó después de que se acabó la guerra. Después —enfatizó la última palabra.

Aurora se quedó un rato mirando al suelo, como tratando de entender lo que escuchaba. Sofía la dejó reponerse mientras observaba cómo su respiración se normalizaba. Tras unos minutos, el gesto de miedo y confusión de Aurora fue reemplazado por otro de interés.

—Ah, cuéntame eso de «después».

—Bueno, cuando ya no había países ni gobiernos, después de esas cosas feas de la guerra, un grupo decidió restaurar el orden en la humanidad. Era un grupo de exlíderes mundiales, expresidentes, antiguos directores de ONGs… No dudo que tuvieran buenas intenciones, pero…

Una mirada le bastó para ver de nuevo el desconcierto de Aurora.

—En fin —siguió, tratando de ajustar sus palabras—,  estas personas crearon el «Régimen Único», como su nombre lo indica, el único gobierno reconocido en todo el mundo. Y las personas fueron a vivir en las «aldeas» que ellos designaron. Mis abuelos llegaron a un búnker del exgobierno estadounidense que fue habilitado para hospedar a cientos de personas cuando… Pero te estoy aburriendo, Aurora.

—No, de veras no. Solo que no entiendo bien. Entonces, ¿tú vivías en esa «aldea»?

—Sí, pero después me fui de allí.

—¿Por qué? ¿Que no era bonito allí?

—Bueno, no del todo —continuó Sofía, incómoda—. Hay limitaciones y reglas que seguir, e injusticias. Reglas muy, muy estrictas…

—Ah.

—No, no es bonito todo lo que sucede allí —dijo Sofía, pensativa.

—Pero ¿qué sucede allí?

—Ya te contaré después —respondió Sofía, evasiva—. Entonces, me fui. Conocí a la Guardia del Sol, que es un grupo que no quiere formar parte del Régimen Único. Acogen a personas que han sufrido debido a las reglas de ese gobierno y les dan la oportunidad de ser libres de esa opresión. Y ahora estoy con ellos, buscando personas como tú que quizá necesiten nuestra ayuda.

—Su ayuda…

—Sí, yo lo que quiero es ayudarte. Eso queremos mis compañeros y yo.

—¿Los agentes?

—Sí, los agentes Bellum y Neptune.

—¿Y por qué se llaman así?

—Son nombres de antiguos dioses, que quizá no conozcas, dioses romanos.

—Sí, Roma. Mi abuela me hacía leer sobre los griegos y los romanos.

—¡Bien! La Guardia del Sol nos confiere nombres en código para guardar nuestra identidad. Usa nombres de dioses relacionados con nuestra personalidad. Belona o Bellum, en latín, era la diosa de la guerra y Neptuno o Neptune, en inglés, el dios de los mares. Él es el único de nosotros que conoce el mar… ¿sabes?

—¿Y cuál es tu nombre secreto? —Una sonrisa escapó de los labios de la chica.

—Mercury o Mercurio, el dios mensajero y negociador. Así me nombraron porque a veces sirvo de vínculo entre… entre, por ejemplo, entre personas que antes no se conocían, como tú y nosotros. Y a eso vine, a ser el vínculo.

Aurora sonreía como una niña, más calmada e incluso divertida.

—¿Y yo puedo tener un nombre secreto?

—Claro, pero primero tengo que saber más de ti. Ahora cuéntame tú.

Aurora bajó la vista y retomó su expresión seria y contenida.

«Esto no será fácil», pensó Sofía, pero luego sonrió.

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