Carmesí


—Carmesí sobre la nieve.
—Still?
—Still.

—What happened?
—He fell asleep;
I kept looking
at the window.

»I just sneaked out
and came home.

»In the streets
I saw the frost,
fearing it would be Kais,
thinking there would be blood
over the snow.

—But there’s not.
—No, there’s not.

—No carmesí,
no Kais,
just snow.
—Rest now,
you are safe home.

Fireflies (sueño)


Fotografía por Vasily Kozorez en Unsplash.

Así comenzó, así comenzó el final. Era una explanada llena de escritorios, gente, una oficina establecida a cielo abierto, como una redacción. Trataban de seguir sus labores normales, pero no. Ellos sabían que no había nada ya, nadie más arriba que los obligara a persistir en ello.

La organización del sistema entero estaba cayendo a pedazos, desde arriba hacia abajo. La tensión era creciente. Alguien tomó un abrecartas de su escritorio y allí comenzó. Allí comenzó el final de la organización. Todos se alzaron, unos contra otros: cuchillos, piedras, lápices, cualquier cosa era buena para el ataque improvisado, para descargar la furia contra quien fuera la persona al frente, al lado.

Justo cuando se alzaban los brazos, todas las luces artificiales se apagaron. Y, en medio de la noche, los sorprendió el brillo de las luciérnagas. Fireflies olvidadas durante siglos de luz eléctrica. Su belleza eclipsó por un momento la rabia masiva que estaban sintiendo.

Pero no duró. Estoy segura de que la tregua no duró.

Traté de contárselo a mi propia luz entre sueños, pero, en medio de la noche, la tarde se convierte en refugio y otro embeleso.

Escapando del recuerdo – Benjamín Recacha García


BLOG SALTO AL REVERSO

Escapando del recuerdo
Por Benjamín Recacha García

Sara trabaja en un camping de montaña durante la temporada veraniega. Luis es un turista solitario que busca paz para su corazón herido. Una mañana coinciden en el cuarto de la lavadora, sin sospechar que ese encuentro fortuito podría ser el punto de partida a una nueva vida; un nuevo comienzo que les permita escapar de los recuerdos que los mantienen anclados a relaciones pasadas.

Esa misma noche vuelven a verse en el bar, y la electricidad empieza a fluir. Más tarde, rodeados de naturaleza, bajo la luna y las estrellas, intercambian confesiones y sienten nacer una conexión especial. Pero algo de lo que dice Luis abre una puerta del pasado de Sara que ella quería mantener cerrada, y se asusta, tanto que decide regresar a Granada, al abrazo de su Alhambra admirada.

Luis no entiende qué ha pasado, pero sí sabe que…

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Guardia del Sol III – Vínculo


Guardia del Sol
Expedición #24
∞290764∞

 

Resuelta aunque asustada, Sofía se adentró en la casa de ‘la flor amarilla‘. Con el corazón acelerado, examinó el interior de la casa para asegurarse de que la chica verdaderamente estaba sola. Su mirada se detuvo en un retrato de una mujer joven con un bebé en brazos.

—Esa es mi abuela, sosteniendo a mi mamá —dijo ella con una voz muy baja.

La mirada interrogante de Sofía alentó a la chica a continuar.

—Mamá murió hace no mucho… Yo… la enterré en el patio de atrás. —La chica temblaba.

Sofía se acercó y le tomó la mano, en un gesto instintivo de consuelo.

—¿Cómo te llamas?

—Aurora. ¿Y tú?

—Como te dije, soy la agente Mercury de la Guardia del Sol…

—¡No! No puedes llamarte así y… ¿qué es eso de la Guardia? Yo no entiendo. —Aurora comenzó a caminar en círculos por la vieja sala—. No entiendo.

Sofía miraba a su alrededor, nerviosa, temiendo que un exabrupto de la chica la pusiera en riesgo a ella, y a Kei y a Delta que esperaban afuera. Sentía las manos frías y la sangre palpitando en sus sienes. Se obligó a tomar una respiración profunda. «Después de todo, yo estoy a cargo aquí. Come on, Sofía».

—Ven. Te explicaré todo lo que necesites —dijo con su voz más dulce, mientras se sentaba en un sillón.

Aurora dejó de dar vueltas como un animal enjaulado y se sentó despacio junto a ella. No dijo nada, pero sus expresivos ojos color miel transmitían su expectativa por saber, por entender lo que pasaba fuera de las paredes en las que había vivido encerrada.

—Mi nombre real es Sofía. ‘Mercury’ es el seudónimo que se me dio al ingresar en la Guardia del Sol…. Sí, ya voy a eso —dijo, al leer la impaciencia en los ojos de la chica.

»La Guardia del Sol es un grupo de rebeldes que han huido de las aldeas controladas por el Régimen Único que se instauró cuando… —Sofía hizo una pausa al notar la incomprensión de su interlocutora—. ¿Sabes lo que fue la Tercera Guerra?

Aurora asintió con firmeza.

—Mamá me contó que fue el fin del mundo, me contó de las bombas y cómo las personas desaparecían al instante y cómo solo quedaba su sombra. Y cómo los niños también se morían. Cómo es que había países antes y después de la guerra ya no. —Su voz se iba alterando a medida que hablaba—. Cómo afuera todo era malo y caos, y que si ponías un pie fuera de la casa, aunque sea para ver las flores rojas cerca del portón, esos hombres malos iban a venir matarte y que no ibas a poder defenderte porque tienen armas y te matan… —Se deslizó al suelo, y quedó encogida casi en posición fetal, mientras trataba de seguir hablando.

Sofía se sentó en el piso y le rodeó la espalda con los brazos en un intento por calmarla, mientras se preguntaba alarmada qué hacer, qué hacer con ella.

—… y que mamá no podría defenderte, ni tampoco la abuela; que nadie podría defenderte si venían porque tenían armas y….

—Calma, calma, basta, shh, shh. Aurora, escúchame. Tranquila; respira —dijo Sofía tratando de prestar calma a su voz, una calma que ella misma no sentía del todo—.  Oye, pero ya pasó, eso ya pasó. La Tercera Guerra terminó hace mucho tiempo. Y yo trataba de contarte lo que pasó después de que se acabó la guerra. Después —enfatizó la última palabra.

Aurora se quedó un rato mirando al suelo, como tratando de entender lo que escuchaba. Sofía la dejó reponerse mientras observaba cómo su respiración se normalizaba. Tras unos minutos, el gesto de miedo y confusión de Aurora fue reemplazado por otro de interés.

—Ah, cuéntame eso de «después».

—Bueno, cuando ya no había países ni gobiernos, después de esas cosas feas de la guerra, un grupo decidió restaurar el orden en la humanidad. Era un grupo de exlíderes mundiales, expresidentes, antiguos directores de ONGs… No dudo que tuvieran buenas intenciones, pero…

Una mirada le bastó para ver de nuevo el desconcierto de Aurora.

—En fin —siguió, tratando de ajustar sus palabras—,  estas personas crearon el «Régimen Único», como su nombre lo indica, el único gobierno reconocido en todo el mundo. Y las personas fueron a vivir en las «aldeas» que ellos designaron. Mis abuelos llegaron a un búnker del exgobierno estadounidense que fue habilitado para hospedar a cientos de personas cuando… Pero te estoy aburriendo, Aurora.

—No, de veras no. Solo que no entiendo bien. Entonces, ¿tú vivías en esa «aldea»?

—Sí, pero después me fui de allí.

—¿Por qué? ¿Que no era bonito allí?

—Bueno, no del todo —continuó Sofía, incómoda—. Hay limitaciones y reglas que seguir, e injusticias. Reglas muy, muy estrictas…

—Ah.

—No, no es bonito todo lo que sucede allí —dijo Sofía, pensativa.

—Pero ¿qué sucede allí?

—Ya te contaré después —respondió Sofía, evasiva—. Entonces, me fui. Conocí a la Guardia del Sol, que es un grupo que no quiere formar parte del Régimen Único. Acogen a personas que han sufrido debido a las reglas de ese gobierno y les dan la oportunidad de ser libres de esa opresión. Y ahora estoy con ellos, buscando personas como tú que quizá necesiten nuestra ayuda.

—Su ayuda…

—Sí, yo lo que quiero es ayudarte. Eso queremos mis compañeros y yo.

—¿Los agentes?

—Sí, los agentes Bellum y Neptune.

—¿Y por qué se llaman así?

—Son nombres de antiguos dioses, que quizá no conozcas, dioses romanos.

—Sí, Roma. Mi abuela me hacía leer sobre los griegos y los romanos.

—¡Bien! La Guardia del Sol nos confiere nombres en código para guardar nuestra identidad. Usa nombres de dioses relacionados con nuestra personalidad. Belona o Bellum, en latín, era la diosa de la guerra y Neptuno o Neptune, en inglés, el dios de los mares. Él es el único de nosotros que conoce el mar… ¿sabes?

—¿Y cuál es tu nombre secreto? —Una sonrisa escapó de los labios de la chica.

—Mercury o Mercurio, el dios mensajero y negociador. Así me nombraron porque a veces sirvo de vínculo entre… entre, por ejemplo, entre personas que antes no se conocían, como tú y nosotros. Y a eso vine, a ser el vínculo.

Aurora sonreía como una niña, más calmada e incluso divertida.

—¿Y yo puedo tener un nombre secreto?

—Claro, pero primero tengo que saber más de ti. Ahora cuéntame tú.

Aurora bajó la vista y retomó su expresión seria y contenida.

«Esto no será fácil», pensó Sofía, pero luego sonrió.

Guardia del Sol II – Terror


Guardia del Sol
Expedición #24
∞290764∞

Fotografía por Moritz Schumacher (CC0).

Cinco días habían pasado desde que la vio, a esa chica, la que ella llamaba en su mente ‘la flor amarilla‘. Kei la mantuvo alejada de esa vieja casa, obligándola a tareas rutinarias y aburridas: cazaron conejos y pájaros, cortaron maleza para abrir paso en el camino hacia el oeste e incluso la hizo montar patrulla un día entero frente a la escuela. Las voces quedas de los niños repasando sus lecciones solamente le hicieron recordar aquella voz que no pudo oír. Esa niña… ¿Seguiría viva?

—¿No estará ya muerta? —dijo Sofía, sin querer, en voz alta mientras afilaba cuchillos.

—Ja, ja, ja… ¿Quién? ¿Tu ‘flor amarilla’? —se burló Delta.

Sofía la miró con reproche y continuó deslizando el filo de su arma contra la piedra.

—Si sobrevivió tantos años allí, ¿cómo es que va a morir porque la abandonas un par de días? —Delta disfrutaba de molestar a su compañera de Guardia.

—Cinco, cinco días —enfatizó Sofía.

—She’s fine. —A veces, Delta hablaba en su idioma natal.

Sofía miró el hermoso rostro de tez negra de Delta sin atenderla realmente. Solo reflexionaba. Había hecho cuentas y le parecía imposible que ese chica hubiera sobrevivido allí, en esa casa abandonada, aislada del mundo desde que nació. «Debe ser la nieta de alguien que vivió la Tercera Guerra, como yo. ¿Tercera generación? No hay otra respuesta. Si yo sobreviví…, pero yo estaba acompañada. Y ella, ¿cómo?».

Pensó en su aldea, en el complejo ‘AN22’ para ser exactos: ese amplio refugio creado en un antiguo búnker del gobierno en donde ella nació y vivió con mucho más comodidades que el resto de sus habitantes, producto de ser la nieta del líder. Pensó  con resentimiento en los vestidos finos que le ponía la abuela, en la vajilla china en la que le servían cada comida, en la cama con dosel en la que descansaba mientras el resto dormitaba en literas con colchonetas raídas.

Y también vio de nuevo la cara pálida y eternamente apesadumbrada de su padre. Recordó el gesto de contrición en su cara cuando le tendió ese paquete de cuadernos: los diarios de su madre. Se vio leyéndolos casi a oscuras, a escondidas de las miradas de los abuelos. En su pecho rugió de nuevo el resentimiento y se vio tomando la serie de decisiones que la llevarían a dejar la aldea y entrar a la Guardia del Sol.

—Ya. —La voz de Delta la sacó de golpe de sus recuerdos.

—¿Ya qué?

—Ya está afilado eso. It’s enough.

Sofía soltó el cuchillo sobre la piedra.

—Agente Mercury, agente Bellum. —Kei apareció con su paso firme y su inmanente autoridad—. Haremos una ronda de seguimiento a la zona 5A. Alístense.

Sofía sonrió, sabiendo que eso significaba la vuelta a la casa de ‘la flor amarilla’. Tomó brevemente la mano de Kei y le sonrió, mirando con dulzura sus ojos rasgados.

—Gracias, Neptune —dijo, pronunciando con respeto la segunda palabra.

Él le devolvió la sonrisa junto con una mirada cómplice.

***

Llegaron en silencio, amortiguando sus pasos sobre la hierba, con las armas desenfundadas. Rodearon el edificio, felicitándose por su discreción. Sin embargo, la muchacha ya los había visto. Estaba de pie junto a la ventana, oculta tras las cortinas, pero delatada por el tono amarillo de su vestido que se traslucía entre los encajes.

Sofía se alegró de verla ahí, viva. Volteó a mirar a sus compañeros, sonriente. Kei le hizo un gesto. Comprendió y asintió. Bien, lo intentarían de nuevo.

Se aseguró de tener su mirada fija en la suya antes de hablar.

—Soy la agente Mercury. Somos miembros de la Guardia del Sol y venimos a ayudarte. —Como la vez anterior, bajó su cuchillo y sacó de su chaleco militar algo de comida y una botella de agua y se los mostró—. Por favor, sal y ven con nosotros.

Hubo un silencio prolongado. La mirada tras la cortina dejaba ver una deliberación interna. Sofía incluso llegó a preguntarse si la chica había entendido el mensaje. Estaba a punto de repetirlo cuando se abrió la ventana y ella mostró su mano tendida.

—Debes salir y acompañarnos —precisó Sofía.

La chica negó vehementemente con la cabeza y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Por favor, señorita… —La voz masculina de Kei sonó como un trueno y la mano de la chica desapareció tras la ventana que cerró de inmediato.

‘Mercury’ miró a su superior, preocupada, con la pregunta en los ojos: «¿Puedo entrar?». ‘Neptune’ le respondió en el mismo lenguaje: «¿Quieres hacerlo?». Ella dio un profundo respiro y asintió.

—No te asustes, no te haremos daño. Déjame llevarte yo misma la comida, ¿de acuerdo?

Se abrió la ventana y la mano asomó de entre los barrotes, señalando a Sofía.

—Solo tú —dijo la muchacha con un hilo de voz.

Sofía se estremeció ante ese sonido delicado y aún vaciló.

—Ve. —Fue la orden del agente ‘Neptune’.

Era el protocolo. Primer avistamiento, luego confianza, entonces contacto primario. Sofía era la encargada de hacerlo. Así que, avanzó. Vio la puerta abrirse y se estremeció.

Le tendió la comida y la botella. La chica la tomó y sus manos se rozaron.

La frágil muchacha olisqueó la botella y bebió, y luego devoró en un minuto el pedazo de pan horneado, ahí mismo en el marco de la puerta.

‘Neptune’ se acercó y se asomó al interior. La chica dio un chillido en señal de advertencia. Él se detuvo, pero se mantuvo firme. Era notorio que la seguridad de Sofía era prioritaria para él.

—Necesito saber si hay alguien más en la casa —insistió ‘Neptune’.

La chica negó con la cabeza.

Sofía cobró valor y se volvió hacia Kei un segundo.

—Estaré bien —le dijo mientras ponía una mano sobre su pecho.

Él se estremeció ante el contacto y dio un paso atrás.

Sofía desenvainó su cuchillo y lo puso a su espalda, mientras que tendía la otra mano hacia la joven. Ella la tomó. Sofía traspasó la puerta y avanzó hacia un pasillo. Se quedaron allí de pie, con las manos unidas por las palmas, y entonces por fin pudo verla de cerca, a ‘la flor amarilla‘. Era más joven de lo que pensaba, quizás de unos 13 o 14 años. Su cabello castaño estaba tejido en un trenza alrededor de sus sienes y caía después libre sobre sus hombros, cubiertos por el vestido amarillo desgastado. Pero sus ojos…, sus ojos eran lo más impresionante. Semejaban un abismo color miel, atravesado por sentimientos como olas, como destellos. Y, en ese justo momento, en ellos leyó miedo.

Y se dio cuenta de que, en ese mismo instante, su propio cuerpo gritaba miedo. Sentía más que miedo, terror. Su corazón palpitaba fuerte y el peso de una intensa angustia se instaló en su pecho. Tenía terror de entrar en esa vieja casa.

El olor a polvo y abandono la rodeaba con asfixia.

—Ven —dijo ‘la flor amarilla’.

—Déjame llevarte afuera —casi suplicó Sofía.

¡Afuera no, no afuera! —El ruego era imperativo.

Y, por un momento, Sofía no supo si ella tenía más miedo de entrar en esa casa o ‘la flor’ de salir de ella.

Pero ella era la agente Mercury, se recordó a sí misma, dándose ánimos. Y sintió correr por su cuerpo una descarga de adrenalina. «La energía mensajera y negociadora», como dijo Kei cuando la nombró.

—Vamos.

Y se adentró, valiente, en su propio terror a lo desconocido.

Terror – Salto al reverso

Terror


BLOG SALTO AL REVERSO

Hay un ruego ahí,
una petición
desesperada,
pero imperiosa.

«Por favor, no».
Y no hay forma
de cambiar de opinión.
«No me lleves ahí».

Las manos que se estrujan,
la mirada que se desvía
hacia el terror.

«¿Dónde allí, corazón?».
Afuera…
afuera de aquí,
afuera de mí.

Y de golpe
ya no sé
si ella teme más
salir
o yo aborrezco más
entrar allí.

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Flor amarilla


«Flor amarilla», mi primer #poema para Salto al reverso en mucho tiempo.

GUARDIA DEL SOL

BLOG SALTO AL REVERSO

«Yellow flower in the dark», por Larm Rmah (CC0).

Yo nací solitaria,
nací del mar,
como una planta que crece
desde la sal.

Una flor amarilla
en medio del mar.

Soy el océano encerrado
en una habitación.
Yo aprendí del oleaje
azotador.

Soy olas que golpean
contra las ventanas.
Soy vida que combate
la puerta cerrada.

Yo nací solitaria,
nací del mar:
una flor asustada
en medio de la nada.

Raíces marchitas
a causa de la sal.
Una flor amarilla
en medio del mar.

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