Despiertos / adormilados


La vi avanzar por la calle, de prisa, con paso decidido. Era una señora de mediana edad con el cabello corto y oscuro. Yo caminaba detrás de ella.

El resto de las personas avanzaban despacio, al mismo ritmo, adormiladas, como muñecos carentes de voluntad. Supe que no comprendían el peligro que nos acechaba a todos.

Me acerqué por detrás y tomé a la señora del brazo. Aunque era yo una desconocida, su sobresalto no duró más de un segundo. Comprendió al instante que juntas podíamos abrirnos paso más rápidamente entre la multitud.

Es que, si estábamos despiertas, debíamos escapar.

La masa de gente se apelmazaba en cierto punto y formaban filas para entrar a un estacionamiento en donde el chico que estaba a cargo repartía automóviles a las personas para que pudieran salir de la ciudad. Se esforzaba por hacerlo de una manera ordenada, sin darse cuenta de que los segundos eran valiosos porque la catástrofe estaba a punto de empezar.

La señora y yo pasamos por un lado del chico y nos apropiamos del primer auto que vimos abierto, un viejo sedán negro. Tres personas más se subieron con nosotros: un hombre de unos cuarenta y tantos años, una muchacha con una prótesis a falta de una pierna y un joven de cabello negro. Fue un movimiento rápido e impecable.

Así eran y así debían ser las cosas ahora. No había tiempo para discusiones o vacilaciones, y las personas que tuvieras a tu lado se convertían a partir de entonces en tu familia.

El hombre condujo el auto y yo quedé atrás con la señora y la chica.

Seguimos a otro coche cuyos ocupantes parecían tan decididos como nosotros. Parecían saber a dónde ir, parecían conocer algún lugar seguro.

Paramos en un edificio grande. A la entrada, la gente esperaba que los encargados les repartieran ropa y cobertores. Robamos lo que pudimos al pasar y entramos sin pedir permiso. Para entonces, ya los intentos por mantener el orden de las cosas se venían abajo lentamente.

Aquel edificio en otro tiempo parecía haber sido una universidad y ahora operaba como un campo de refugiados de alto nivel. Solo los enterados entraban allí. Y, para permanecer allí, debíamos aprobar algún tipo de prueba o examen. Solo aquellos con alguna aptitud útil para esta nueva realidad tendrían derecho a ocupar un espacio en aquel refugio de primera categoría.

Al conversar entre los cinco de nosotros, se hizo evidente que solo el chico del cabello negro y yo tendríamos posibilidades de aprobarlo. Nos dimos a la tarea de estudiar aunque realmente todo lo que necesitábamos saber ya estaba o no en nuestros cerebros.

Dolor/amor/paz (autorretrato)


Ojos profundos,
boca entreabierta,
aspecto frágil,
pero resolución inquebrantable.

Las secuelas del temblor
del amor
en el cuerpo,
y un alma de cristal
(no pude ser más transparente).

Ojos profundos
del alma que soy…
que soy,
que siempre fui:
sublevada y serena,
las dos.

Y el amor,
en el pecho, el amor.
Ojos que miran
a los ojos
que me miran.
Amor.

Alma abierta
tras el dolor.
Boca entreabierta
tras el beso,
tras el amor.

Curando el dolor,
la parte posible.

Ojos abiertos,
alma atenta,
cuerpo que tiembla,
tez pálida,
dolor.

Mente que tiembla,
alma en paz,
ser en paz.

Cuerpo que tiembla,
alma que ama
hasta el final,
si es que existe algún final;
no en esta tierra,
ni en la existencia entera.

Siempre soy
mía y tuya,
tuya y mía.

Paz,
dolor,
Paz.

Paz,
amor
Paz.

Foto: SXC

Foto: SXC

Sin tregua (poesía)


Foto: Crissanta

Foto: Carla Paola Reyes

Dentro de mí,
la espada.
Fuera de mí,
todas las puertas abiertas:
la vida.

Fuera de mí,
tu mano que no toco.
Dentro de mí,
mi alma que te abraza,
devota a ti,
en el silencio
y en la distancia.

Dentro de mí,
la espada,
la fuerza,
el dolor que dobla
pero que impulsa
y alienta.

Fuera de mí,
puertas abiertas.

Y en mí,
dos fuerzas:

Dentro de mí,
mi alma,
llamándote sin tregua.

Fuera de mí,
mi cuerpo,
huyéndote sin tregua.

Azul/rojo (poesía)


Luces azules ante mis ojos,
manos tendidas hacía mí;
demasiado lejana
para poder tomarlas.
Azul.

Lazos rojos en mis manos,
sangre cayendo de mí.
Salida oculta,
imposible hallarla.
Dolor.

Altavoces llamando,
exigiendo,
mi nombre,
mi retorno.

Sirenas rojas,
azules,
dolorosas.

La tortura
del miedo
a lo desconocido
de la muerte:

la parte que no he visto,
desde el lado
de la muerte.

Llamadas azules,
manos rojas,
sangre lejana,
muerte, dolor.

Fotografía: Anthony Easton (PinkMoose) en Flickr.

Fotografía: Anthony Easton (PinkMoose) en Flickr.

Como lobos (poesía y relato)


Día 24 – NaPoWriMo

Medianoche

Horas y horas corriendo
—como lobos—
sin encontrar donde resguardarnos.

La luna sobre nuestras cabezas
cubiertas de harapos.

Y entonces preguntaste
«¿Y dónde están todos?»
«¿Quiénes todos?»,
respondí preguntando.

«Todos los del mundo»,
aclaraste
con tu voz aguda
de apenas ocho años. Sigue leyendo

Semidiós (poesía)


Día 14 – NaPoWriMo

Duérmete, duérmete en ti.
No me necesites,
no me invoques en sueños.
Sufre solo, así.
para que desangre de ti cada gota de mis heridas,
para obligarte a volver de rodillas,
que sólo así podré saciar el odio que ya te siento,
mi vida.

Vive, vive en mí,
en cada huella de mi camino,
en cada rincón de amor maldito.
No te desprendas de mi presencia
como sombra en tus días.
No me desaparezcas de golpe,
no podrías. Sigue leyendo

Muralla (poesía)


Día 10 – NaPoWriMo

Años atrás, encerrada tras la muralla,
ríos de sol se adivinaban a la distancia,
coros de risas,
campanas dulces
resonaban.

Pero nunca vi nada.

Años atrás, encerrada tras la muralla,
desenredarme de mi atadura imaginaba,
jalando el hilo
de la madeja
enmarañada.

Pero las manos atadas… Sigue leyendo