Reloj de arena


Y mi mano sobre mi boca,
buscando la respiración
que colapsa.

Es esa urgencia,
ese tipo de urgencia
impuesta

cuando uno solo
necesita

pensar…

respirar…

temblar…

gritar…


pusiste el reloj de arena
sobre la mesa
y le diste vuelta,
pero es tu mano la que tiembla.

Es
cuando
giras el vaso
que aprisionaba
a las estrellas
y todas escapan
revoloteando
y golpeándonos
en la cara,
o al menos
esas fueron
tus amenazas.

Es el tiempo
que dices
que amaga
con detener la luz
que parpadea.

Es un:
«decídete»,
pero tú
voz tiembla.

Tu voz tiembla
y grita y revolotea
y llora
y parpadea.

Y mi respiración…
escapa y colapsa,
aprisiona y se apaga.

Ternura


Ternura

Pequeñas luces cayendo
delicadas
sobre mi cabeza,
sobre mis hombros,
multicolores.

Delicada burbuja,
esfera
de protección
que hace llorar.

Destilando
hacia mi centro
líquido
dulce,
miel,
ámbar.
Ganas de llorar.

Una canción linda
que suena en mi cabeza
sin cesar.

Es cuando alguien me vino a arropar.

Me recuerda
a una gema que brillaba
bajo la maleza
en destellos
de colores,
cuando la encontré(ó)
Catira.

Ternura:
llorar.

Nadie había dicho que existía esto.
(«Te amo»).
Nadie me mostró esto
sobre el cuerpo
y sin siquiera tocar.

En mi centro
el diamante rojo
que es solo dolor
se calma
con cada
destilación.

Hacia allí
fluye
el amor líquido,
calor,
ternura,
comprensión.

Y todo se vuelve rosado.
Y el destello
de sangre
se apacigua
y todo brilla
calmado,
en rosas,
a salvo.

A salvo,
amada,
querida,
a salvo.

(She just wanted her mom).

Imagen: Pink Synthetic Opal On Stone (recorte).

Catira


Catira,
pelito corto,
color dorado,
miel,
ojos lilas,
casi azulados.

Está bien,
haré un perdón multitudinario.
No tocaré a nadie
con la flecha de mi arco.

En especial no a él.

No mataré
a tu protector
ni a sus cuidados.

Veremos qué hacer…

Indoblegable


Soy yo:
la fuerza detrás del silencio,
el eje,
la vía,
la fortaleza
—la que posees
y donde te refugias
y te llenas de alma—,
la proyección irrefrenable de proezas,
tu cualidad de indoblegable,
flecha de ballesta,
cetro,
bastón,
melodía,
poema.

Yo soy la esencia de lo indisoluble,
lo que viene de ti
desde antes de la siembra,
la maestría de la supervivencia
y ahora el gozo de la existencia.

Férrea,
etérea,
marina,
aérea,
terrena.

Mágica,
básica,
llana,
el disparo de energía,
el orden en el caos,
el calor que da vida,
el fuego y el agua,
la luz diamantina.

Fuerza, indoblegable vida.
Fuerza, fortaleza mía.

*Esto solo va a pasar una vez
el día en que yo te acepte,
pero voy a sonreír así
siempre*

Kais


Pensé en escapar de ti y corrí hacia el agua.
El mar estaba atrapado entre muros de piedras
y yo me lancé hacia esa especie de alberca.

Creí que estaría más segura allí.
Después de todo, el agua era mía,
era más mi elemento que el tuyo, Kais.

¿Quién te envió a matarme? ¿Dai?
¿Quién puso en tu mano el arma?
Yo sabía que no solo escapaba de ti.

Huí de ti, mi asesino.
Me refugié en el agua.
Me adentré en las olas
con la esperanza
de confundirme entre la espuma
para que no me hallaras.

Traté de permanecer inmóvil,
sin respiración, sin habla.
Pero mi existencia daba señales involuntarias.
Mi vida latía y sonaba.
Ni siquiera el miedo podía callarla.

Escuchaste el ruido, Kais.
Preparaste la matanza,
el kaoi,
la puñalada,
mi condena a la ‘nada’.
(…)

Love in hate


Obscurity, nothingness.
Just you and me,
and, oh, you have command
over me,
over it all.

Did you know what you hurt?
Did I
when I also tried?

It was the center
of me, of it all,
what you ask to break,
but you only lacerate.

A little death,
a desired end.
To blow out the candle
and obliterate.

Who’s gonna carry out that threat?
If it wasn’t you,
it is me then.

It’s the darkest connection
I’ve ever felt.
The house in black,
the pain in red.

It was love in reverse,
in denial, in hate.

20 de noviembre (sueño)


Estaba en una playa, rodeada de gente. Todos los que estaban a mi alrededor me querían tanto que habían cercado el mar con un muro para evitar que me arrojara a él. Aun así, traspasé el obstáculo y vi que las aguas eran bajas como las de una alberca. Todo lo habían pensado para mí porque me conocían, me amaban y querían cuidarme.

También sabían de mis constantes colapsos. Sabían que caía y enmudecía por ratos y me aceptaban así. Podía sentirlo sin que me dijeran una palabra. Eso era el alivio puro.

Justo estaba así —casi de rodillas sobre el piso frío y sin poder levantarme—, cuando me percaté de que estaba en una sala de hospital. Las personas pasaban y me dejaban ser, sabían que tras un rato podría volver a caminar y estaría mejor.

Vi pasar a mi abuela junto a mí. Me levanté como pude y fui hacia ella. Lucía mucho más joven, tal vez con 20 años menos que la última vez que la vi. Tenía los párpados maquillados de color morado e iba muy arreglada.

—Abuela…

—Es tu abuelo —respondió a mi pregunta implícita—. Lo van a operar.

Atravesó una puerta doble con una ventana circular en cada hoja, y yo, tras ella.

Y entonces vi a mi abuelo. Nunca lo conocí, nací años después de su muerte, pero, por el milagro del sueño, estaba allí. Sentado en una silla de ruedas, esperaba a que lo llevaran al quirófano para una operación sencilla de algo en su cuello. No corría peligro.

img_20160603_095123Yo no daba crédito. Lo miré y repasaba en mi mente el recuerdo de la casi única fotografía que he visto de él. Lo miraba y trataba de comparar ambas imágenes para saber si era él.

—¡Eres tú! ¡Eres tú!

—Sí, soy yo.

—¡Eres tú! ¡Eres tú! —Y yo le besaba el rostro una y otra vez. Hacía pausas para mirarlo y repetía el proceso de exclamaciones y besos. Nunca pensé estar tan emocionada por él.

—Sí, soy yo —dijo ya exasperado—. Soy yo, soy yo. Pon atención, tengo que decirte algo muy importante: son buenas noticias (…), el 20 de noviembre.

Desperté. Sonreí. Faltan dos días…

🙂