No importaban
cuando la vida era una interrogante
y un mirar obsesionado hacia la ventana.
Eran compañeras, afirmaciones de intenciones,
listones que acariciaba y atesoraba.
Sé que me oyeron explicar que eran necesarias.
Y en lugar de quedar calladas,
se arremolinan.
Pero no soporto más estar arrodillada;
la mano escudando los ojos para no ver la bala
cuando finalmente se dispare el arma.
Si no se disparó entonces,
¿por qué no dejo de soñarla?
Si ayer me dormí sonriendo
¿podríamos omitir esto;
este despertar oscurecido
estas maldiciones dañadas?
Si ayer me dormí sonriendo,
—pesadillas—
¿por qué se ensañan?
Quisiera saber… también.
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🙂 gracias
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