Medusa, el lobo y la bomba nuclear


(Soñé que) Debíamos luchar contra Medusa; ella se hacía  pasar por una mujer común y corriente, una profesora para ser exactos. Ella enseñaba en Hogwarts.

Precisamente una de las cosas que debía enseñarnos era cómo acabar con Medusa, pero por supuesto no lo había  hecho. Harry y yo nos dimos cuenta de su verdadera  identidad al mismo tiempo.

Harry estaba cansado de luchar, pero decido. Pude leerlo en su rostro.

—Hay que volar, Hermione —me dijo.

Yo saqué mi varita, también resuelta a atacar, y emprendimos el vuelo.

—————-

Traté de advertir a mi hermano sobre la serpiente. Se había deslizado hacia donde guardábamos el pescado, en aquel atestado refugio, y ahora trataba de robarse uno mientras se arrastraba sigilosamente.

Él  no le dio importancia, pero yo estaba aterrada. Fue sólo cuando apareció el lobo que él y toda la gente reunida allí por fin reaccionaron.  Yo  me subí a enseguida una mesa, y mi hermano me siguió.

Nunca había visto un lobo, al principio lo confundí con un perro. Pero era cien veces más feroz. Sus grandes colmillos y su mirada demente parecían amenazarme sólo a mí.

Mi madre se acercó y puso algo entre mis manos. Sin apartar mi mirada de la del lobo, sentí el objeto. Había esperado  que fuera  un arma para defenderme de él, una pistola, tal vez un palo. Pero era un volante de auto.

Ella me gritaba que lo golpeara con ello y eso hice, histérica, mientras me daba cuenta de que nada me libraría de ésta.

———-

Iba por una calle oscura que conozco bien… la calle de mi infancia.

Era de noche. Me crucé con un hombre que traía un perro sujeto con una correa, pero cuando pasé junto a él, lo soltó y el animal comenzó a perseguirme.

Corrí hacia un edificio que parecía ser un estacionamiento. Entré por una abertura al ras del piso y salté hacia el sótano. Caí sobre uno de los coches estacionados ahí.

Enseguida busqué dónde esconderme, y entré a la primera puerta que vi abierta:  Los baños de hombres.

El vigilante me había visto entrar. Esuché cómo llamó a la policía. No tardaron en llegar los militares, que rodearon el pequeño cubículo en donde yo estaba.

—Debe salir ahora —me dijo uno de ellos.

—Pero si yo no hice nada… —traté de explicar.

—Y entonces, ¿por qué trae eso con usted? —preguntó.

Miré mis manos, en ellas estaba una pequeña caja con un contenido verde fosforescente: Una bomba nuclear.

Averiguar cómo había llegado a mis manos paso a ser un asunto secundario cuando me di cuenta de que cualquier movimiento en falso provocaría la explosión del artefacto y por tanto, mi muerte.

—Al menos será inmediato, será inmediato —pensé.

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