Boda y muerte en el reino (sueño)


(Soñé que) Ése día iba a celebrarse la boda del príncipe y, tras el enlace, el rey le cedería la corona. Era el año T72.

Yo había sido la compañera fiel del príncipe durante toda su vida. Sin ser su hermana, le tenía el cariño fraternal de una mejor amiga. Pero no todo acababa ahí…

Yo sabía que en el fondo le amaba, pero guardaba las apariencias. Además, no estaba segura de lo que él sentía. Al fin y al cabo, iba a casarse con la hermosa chica rubia que se convertiría en su princesa.

Esa tarde yo sería una extraña mezcla entre dama de honor y best man. Sobre mi vestido de colores chillantes, se me permitiría usar una cota de malla, y una espada. Después de todo, yo era un caballero del reino. Había luchado en todas las batallas junto al rey y el príncipe.

La futura princesa llegó al salón donde yo estaba con las otras damas, criticando en conjunto nuestros vestidos y, con una sonrisa cariñosa, me pidió que ayudara al príncipe a prepararse para la ceremonia.

Fui a sus habitaciones. Me recibió con reclamos entre tensos y bromistas.

—¿Dónde dejaste los anillos? —me preguntó. Se refería a una cadena con argollas de colores que los novios debían intercambiar durante la boda.

Tras ayudarle a encontrarlos, me le abalancé en un abrazo.

—¡No puedo creer que hoy vayas a casarte! —le dije, sobrepasada por la emoción. Para mí, seguía siendo el niño con el que había compartido todo.

El abrazo fue tan impulsivo que caímos sentados en el piso. Por un momento permanecimos demasiado cerca, mirándonos incómodos y emocionados.

—Yo tampoco puedo creer que yo…

Y entonces acercó su rostro al mío para besarme en la boca. Todo mi ser se inclinaba hacia él, pero supe que no podía permitirlo.

—No creo que sea un buen momento —dije.

Miré a mi alrededor, nerviosa, para cerciorarme de que nadie nos hubiera visto. La ciudad era una mezcla futurista de torres de colores, cabañas antiguas y elevadores con luces de neón. Nosotros estábamos sentados en una torre que sobresalía de entre las demás en el horizonte. Pero nadie parecía habernos visto. La mayoría de los que pasaban eran sirvientes ocupados con sus labores para la ceremonia.

De repente, algo nos puso en alerta. Uno de nuestros compañeros caballeros llegó corriendo hasta nosotros.

—Algo sucede con el rey —dijo.

Me cercioré de que aún traía mi espada. Corrimos en sigilo hasta las habitaciones del rey. El príncipe me hizo una seña para que guardara silencio, mientras nos asomábamos desde detrás de una columna.

Llegamos en el momento justo en que la espada de un enemigo cortaba de tajo la cabeza del rey. Me quedé helada mientras veía como su rostro bello, amable y barbado se congelaba en un espasmo de pánico, con la mirada clavada en la de su hijo escondido.

Los sangrientos asesinos colocaron la cabeza del rey sobre una de las repisas de la pared.

—Traigan al pueblo —dijo el que parecía el líder—. Ahora sabrán quien manda aquí.

Volteé a mirar a mi príncipe, consciente de que ahora era, sin lugar a dudas, mi nuevo rey.

—Reúne a los demás caballeros —me dijo—. Hay que organizar el ataque.

espada caballero

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