El ojo del universo


El cuerpo no responde,
el alma
se concentra en el dolor.

El azul marino
—¿o el negro?—
la devora,
y pides perdón.

No hace falta.
Yo comprendo y no:

las opciones se reducen
al extrañe o el destroce,
la implosión o la explosión;
la sinrazón.

Y me miras fijo:
«Yo sé tus pensamientos».
Sí y no.

Ellos no, pero yo los veo todo el tiempo.

El ojo del universo
observa desde lejos
nuestra obsesión.

Y cantamos los recuerdos
en los giros de los bailes
alegres y tristes,
sin redención.

Hablamos de nuestros hijos
que no están presentes.
«Yo sé tus pensamientos»,
dices.
Y no.

Ellos no, pero yo los veo todo el tiempo.

Y el ojo del universo
arroja su mirada
ubicua y silente,
y no sabremos nunca
si tenemos su perdón.

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Un pensamiento en “El ojo del universo

  1. “las opciones se reducen
    al extrañe o el destroce,
    la implosión o la explosión;
    la sinrazón”.

    De niño siempre me llamó la atención el fenómeno de las implosiones.

    Misterioso e interesante poema. Genial, como todo lo que escribes.

    Saludos afectuosos desde esta dimensión.

    Le gusta a 1 persona

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