Lo no cotidiano


Es la luna,
es lo abstracto,
una paperback novel
cargada de mi vida de antaño.

El agotamiento extremo,
el escalofrío en los brazos.

El reloj
que retrasa la arena.
El deleite
que pospone la advertencia.

Es el temor
de hacerme pedazos.
Es el abismo
entre las manos:

el terreno
de lo no cotidiano.

Achtung


Careful with that axe, Eugene.
«
No puedo contra el azul oscuro».
—No sigas el agua que bordea
el verde de las agujas de los pinos.
«But that’s only a ‘breakfast’!».

Careful with that axe, Eugene.
»No sigas por la senda
a un alma que no comprenda.

* * *

Careful with that axe, Eugene.
»Y, no sigas por la senda
a un alma que no comprendas.

 

Salmo 69


Perla en el bosque II


[Al bosque,
convocada
por una pregunta
años postergada].

«No me anegue la corriente de las aguas»,
pienso mientras siento
el océano dentro
subir desde mi centro.

Cuando él,
arrodillado,
sus manos sobre mis caderas,
mirando/esquivando
mis ojos lejanos,
exclama/cuestiona:

—¿Qué es lo que has dicho,
desdichada?

»¿Han sabido acaso
que me amabas?

«¡Que me trague el abismo!».
«¡Que el pozo cierre sobre mí su boca!».

Tiemblo mientras afirmo.

Y entonces veo el torrente
infiltrarse dentro del bosque
en forma de río.

V (Perséfone)


Originalmente publicado en Salto al reverso.

¿Dónde se hospeda
la violencia?
¿Dónde habita
luego de que sale
de la gente?

Cuando no puede volver al origen,
se aloja en la mente
de quien no comprende.

ESCENA EN DORADOS

«Sol en tormenta» por Crissanta.

Cuando tú vas, yo ya he vuelto,
aunque nadie quiera hablar de ello.
Ni siquiera yo; lo acepto.

Antes de ser valquiria,
Atalanta, Artemisa,
fui la koré, Perséfone,
en doncellez desvalida,

La mirada de soslayo,
el insidioso comentario
precedían…

… al arrebato,
la ventisca,
la ira de Hades
en la mesa de la cocina.

(No hay suficiente valeriana
árnica, pasiflora o lavanda
que basten en esta vida).

Y además, después, el rapto
—los raptos—;
las visitas al Inframundo
cada sequía.

Cuando ellos van, yo ya vuelvo.
Sin venganza, con heridas,
con la lección aprendida.

“Oh, my dad loved that song,” I said.

Reign


The same river.
Es el mismo,
pero es distinto,

renovado.

The light is brighter,
the taste is sweeter.

Es agua fluyendo
entre mis manos.

Es agua fluyendo
de mí
en mi mano.

Es té y lavanda,
pero mezcal y anti-psycho.

Lo confuso
de lo sentido
se resuelve
en un arrebato
y un
es
ta
lli
do…

En un rugido,
en un abrazo debido.

Es maldecir
mientras se acaba.
Es maldecir
mientras se alaba.

Es un reinado.

It’s me
y lo que he amado;
lo que he gritado
en voz muy baja.

It’s a drum
resonando
en el pecho amado.

Es la sonrisa
de un labio golpeado.

Es el regreso
de mi propia ausencia.

Es mi poder,
es el nivel.

Es el reinicio de mi reinado.

The Unforgiven


I can’t stand this
for too long,
so I will be brief:

You never heard that song,
but it was about you,
about us.

But it is not anymore.

Because I forgave you, d,
right there on the spot,
and even since long before.

I forgave everything,
I told you so,
in your ear, d,
when you were d…

(Anyway…
I’m completely fucking broken up.)

Ajena


No sucedió,
pero vas a recordarlo:
cuando dormiste
entre mantas
que olían a rosas
y a lavanda.

Y una Señora
contaba estrellas
en tu cabecera,
y te velaba.

Y tú, ajena,
a las cosas de la Tierra
que no comprenderás
y no debieras.

Serena.

Eterna.

«Rosa y lavanda», por Crissanta.