Sangre en el estudio de ballet


(Soñé que) habían matado a alguien en el estudio de ballet. Yo practicaba giros en la diagonal del salón y mis zapatillas se llenaban de sangre a cada paso.

Los asesinos estaban en una esquina, hablando.

—Al menos limpien la sangre —les dije.

Ellos discutían qué hacer con el cuerpo.

Salí de la sala y alguien me llamó: era mi padre.

—Tu madre no pudo venir, pero tenemos que irnos —me dijo.

Y entonces vi que traía cargando una ventana con todo y su marco. Era la ventana de la sala de nuestra casa. Él no sabía cómo abrirla y yo le mostré que, además de las rendijas en la parte superior, podía abrirse de par en par. Y él había ignorado esto durante décadas.

Salimos del salón de ballet y nos encontramos con el resto de mi familia. Bajamos una alta escalera eléctrica.

—¿Ése es el Big Ben? —preguntó alguien, mirando el monumento a través de los vidrios del edificio.

—Sí —dije—. Sólo que no es fácil entrar en él.

Vivía en una casa enorme, casi una mansión. Lo extraño era que el baño estaba fuera del edificio principal, y había que salir a la calle para entrar en él.

Cuando salí, dejé abierta la puerta principal. Al regresar me di cuenta de ello, y temí que alguien hubiera entrado durante mi ausencia.

Traté de encender las luces, pero ninguna funcionaba bien. Sólo emitían un resplandor opaco que no alcanzaba para distinguir nada en mi búsqueda.

Las paredes eran altísimas, y atestadas de libreros y repisas. El ladrón podía estar oculto en cualquier lado.

Yo estaba segura de que la falla en la iluminación era parte de un complot en mi contra. Alguien quería que yo cayera en peligro.

—–

Habíamos ido de viaje a Hong Kong. Y un vigilante nos hablaba. Yo me sorprendía porque podía entender lo que decía. Nos hospedábamos en una pequeña casita, rodeada de un jardín con enredaderas y flores.

Muchos insectos vinieron a atacarnos, al principio eran piojos, pero después se convirtieron en animales sin forma conocida, pegados a las paredes y cada vez más grandes. Comenzaron a atacarnos.

Le pedí al vigilante algo para combatirlos. Y me trajo un par de tijeras. No servían para nada. Traté de picar a uno de los animales, que se me acercaba amenazante, pero no le hice daño. Le lancé las tijeras y fallé.

Cuando se preparaba parta saltar sobre mí, di un grito y desperté asustada.

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