Sutil sufrimiento


Fui a verte por vez primera
sintiendo el dolor en mi cuerpo.
Me arrodillé donde lo hacías,
miré nuestras manos en silencio
y toqué nuestros brazos
atados por años, secretos.

Lloré contigo por vez primera
cuando me acerqué a tu recuerdo,
a tu desolada figura,
a tu sutil sufrimiento.
Y oí tus gritos de rabia
rompiendo años, silencios.

Miré tu rostro con miedo,
contuve mi aliento.
Y pude tocar tus heridas
abiertas y a la vez, frías.

Arrodillada y sin fuerzas,
inmóvil en la desdicha.
Sentías el océano dentro
maligno y enfurecido

Te consolé por vez primera,
surcando el mar que está adentro.
Escuché tus cien voces
y abrí tus secretos,
ahuyentando reproches, miedos.

Quité el arma de tu mano
y recuperé tus sueños,
acallé a tus verdugos
y terminé tu tormento.

Y terminé mi tormento.

Te miré por vez última
cuando el llanto se fundió en la risa,
cuando logré la victoria
cuando el alivio no fue tristeza.

Me despedí sonriendo
de tus ojos abiertos,
de tus manos sin armas,
de tus nuevas esperanzas.

Salí del cuarto por vez primera.
Dejé el recuerdo sanado,
entrelacé mis manos,
miré mis brazos, abrazos.

Sobrepasé el sufrimiento.

Acróbata


Finalmente, el viento enfriará el calor de mis mejillas, luego de que las lágrimas se evaporaran sobre ellas.
Y no quiero olvidar nada. Es como un sueño que se disuelve y del que quiero guardar detalles.
No dejo de preguntarme dónde estamos. ¿Será posible que su refugio sea este lugar en medio de la nada?
Por fin puedo verla. Creo que también el llanto ensució su cara. Creo que finalmente dejó de creer y dejó sus esfuerzos de acróbata para después.
Creo que por fin puedo entender.

Amarras


Sin estrellas, sin luna.
Entre muros, encerrados
con nuestras mutuas torturas.
Tu voz, un rayo.
Tu rostro, ternura.
A distancia segura.
Nunca pude reponerme, Sol,
de aquellas noches de luna,
de aquella entrega absoluta,
de esa locura.
Nunca pude soltar, amor,
estas amarras ocultas,
apagar por completo la llama,
darte las gracias.

Sino


Desperté por segunda vez:
la luz del sol sobre mis ojos,
tenuemente filtrada
como un atardecer de playa.
Y quise saber si será éste mi sino:
despertar sin querer
de un sueño que me da alivio,
estar consciente sin querer
del dolor retrospectivo
sin saber muy bien por qué.
Por favor, sólo calma,
sólo una venda de luz sobre mi alma.
No pido más…
ya nada.