V (Perséfone)


Originalmente publicado en Salto al reverso.

¿Dónde se hospeda
la violencia?
¿Dónde habita
luego de que sale
de la gente?

Cuando no puede volver al origen,
se aloja en la mente
de quien no comprende.

ESCENA EN DORADOS

«Sol en tormenta» por Crissanta.

Cuando tú vas, yo ya he vuelto,
aunque nadie quiera hablar de ello.
Ni siquiera yo; lo acepto.

Antes de ser valquiria,
Atalanta, Artemisa,
fui la koré, Perséfone,
en doncellez desvalida,

La mirada de soslayo,
el insidioso comentario
precedían…

… al arrebato,
la ventisca,
la ira de Hades
en la mesa de la cocina.

(No hay suficiente valeriana
árnica, pasiflora o lavanda
que basten en esta vida).

Y además, después, el rapto
—los raptos–;
las visitas al Inframundo
cada sequía.

Cuando ellos van, yo ya vuelvo.
Sin venganza, con heridas,
con la lección aprendida.

“Oh, my dad loved that song,” I said.

Perla en el bosque


Perla en el bosque,
geranio entre los abetos,
rosa brillante entre el verde denso.

Dolor intenso
en el centro.

Llamado forzoso,
irrefrenable,
hacia mi dentro.

(Todos me han lastimado,
solo en eso pienso).

Perla que no veo,
gema que aún conservo,
aroma rosado
entre el gusto amargo
de las hojas de cada árbol.

Es el bosque;
él me ha convocado.

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The Unforgiven


I can’t stand this
for too long,
so I will be brief:

You never heard that song,
but it was about you,
about us.

But it is not anymore.

Because I forgave you, d,
right there on the spot,
and even since long before.

I forgave everything,
I told you so,
in your ear, d,
when you were d…

(Anyway…
I’m completely fucking broken up.)

Self-murder


Pendiente


El deseo de correr hacia ti
y detenerte,
tomarte por el brazo
y retenerte
antes de verte caer
por esa pendiente
que yo he observado
con la mirada azorada
ante el vacío,
ante el alivio,
ante la dulzura
cegadora
(¿y engañosa?)
de la muerte.

Pero con lo que estoy aguardando,
¿cómo?
Pero con lo que estoy guardando,
¿cómo?

No,
no pude verte.

No,
no puedo aún verte.

Bellezamarga, felicidaduelo


¿Cómo voy a hablar
de las pequeñas cosas
y de las grandes cosas,
que sucedieron
y que no proceso,
cuando él ha llegado
y tú ya no estás?

¿Cómo explicar
el horror máximo
del momento de perderte
para el que la vida
me fue preparando
con cada pérdida,
con cada muerte?

¿Cómo hablar
de las pequeñas cosas
y de las grandes cosas
que dejaste solas:
tus manos cruzadas
sobre el pecho,
tu expresión calmada
o contrariada,
todas tus destrezas,
el bote de basura,
todas las cerraduras?

¿Cómo voy a hablar
de la bellezamarga,
de la felicidaduelo
si apenas puedo
trazar una palabra
desde el embeleso
de sentir la vida dentro,
que, amada, se remueve,
danza,
llama,
da patadas,
crece?

¿Cómo describir
las pequeñas cosas
y las grandes cosas
de estar sin ti
y de estar con él
casi de inmediato
si aún no comprendo
todas las tragedias,
todos los milagros?

Perlas en llamas


Cien despedidas se han encadenado
una tras otra, como perlas
en un hilo escarlata.

Las cosas que han sido
nunca se irán.

No puedes pretender
que ella olvide lo que fue.
Yo la tengo en una caja de cristal
de la que sale a llorar
cuando la vuelves a ver.

Y sus lágrimas, perlas,
son como la lluvia
que alguien bendijo en África.

Porque si algo no es
no significa que nunca lo fue.

Y lo que se entrelazó sin cuidado
entre las llamas
se desató con el tiempo
entre las lágrimas.

Y se soltó de cada hilo escarlata
cada perla que estaba atesorada:
una cascada de dagas.

Las cosas que han sido
nunca se irán.

Las cosas que no han sido
siempre serán

rosas rosadas,
perlas en llamas,
dagas escarlata.