Libro


Soñé que podías leer por fin el libro. Que por fin podía mostrártelo. Que tenía en mis manos la prueba de que siempre pensé en ti.

Alguien lo había recopilado a partir de todas mis cartas y estaba finalmente allí.

Búsqueda en la playa blanca


Estaba en una playa muy pequeña que terminaba contra un muro blanco, apenas unos metros más allá de la orilla del mar.

Yo estaba sentada sobre la mínima franja de arena, conversando en inglés con una niña.

Le explicaba que mi hermano era salvavidas y estaba con un grupo buscando a una mujer que se había perdido en el mar. Su imagen aparecía en todas las pantallas: cara redonda, cabello muy corto, de unos 30 o 40 años, ojos azul aguamarina extremadamente claros, dos hijos.

Aunque yo no era salvavidas, tenía la tarea de entrar al mar por ratos para buscarla.

En una de las incursiones encontré una caja blanca. Tuve miedo de que ella estuviera dentro, ahogada. Pero al abrirla me encontré con sólo unicel, hulespuma y varios jabones.

Me desperté escuchando en mi cabeza la canción de “For whom the bells toll” de los Bee Gees. (So sad…)

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Viajaba en un camión. Todos me miraban, pero yo miraba sólo a un hombre. Me resultaba conocido, pero no podía recordar.

Cuando vi el cartel pegado en el vidrio, todo quedó claro:  era un agente encubierto. Me guiñó el ojo para darme a entender que era verdad que él era un agente del FBI y traía prisionero al sujeto que estaba sentado a su lado. Bajé del camión, un poco nerviosa porque sentía que en realidad él era el criminal.

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Flash: Michel nos llevaba por una carretera brasileña. El amplio camino de seis carriles (ida y vuelta) en Sao Paulo era muy semejante a un periférico o a Tlalpan.

Flash: Fuimos a Tepoztlán de nuevo. Nos llevaron a conocer la casa de una familia que vivía en el borde de un pequeño bosquecito. Pobres, pero con la naturaleza a la puerta de su casa. Mucha riqueza en ello. Buscábamos algo con sus niños, en el suelo y en las copas de los árboles. Creo que eran pequeñas frutas rojas.

Una realidad y un sueño (flash)


De nuevo, en vez de sueños que pueda recordar completos, las visiones que me asaltan en medio de otro trabajo cualquiera.

Esta vez recordé cuando iba llegando a un pueblo a la orilla de los pantanos. Nuestro auto avanzaba con dificultad por la carretera estrecha. A cada orilla, casas con porches blancos; y sentadas ante ellos, hombres y mujeres en blancas mecedoras, mirando nuestro paso.

Un pueblo fantasmal a las orillas del lago. La gente sentada a sus orillas para ver crecer los lirios del lago, mientras se envejece, feliz y tranquilo, como en una novela de García Márquez.

¿Dónde era?

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Y luego vi de nuevo aquel sueño, en el que pasábamos en auto bajo aquel puente que está cerca de mi casa, o de la que era mi casa… o de ambas. Estábamos detenidos por un choque más adelante.

Recuerdo que te bajabas del coche, y de repente no se podía pasar mas que caminando entre el humo púrpura hacia el otro lado. Al fin llegamos a una fiesta de alguien en un campo abierto, donde había… ¿dinosaurios?