El inicio del reinado (sueño)


«Tinta», fotografía derivada de obras de Clement M. y Linda Xu (CC0).

De pie sobre aquella explanada, mirando de frente hacia el mar, podía sentir detrás de mí las voces de todos los ciudadanos del reino. Mi vestido de cola cargaba peso en mi espalda mientras miraba fascinada el negro tinta del cielo y las aguas oscuras destellando en brillos al final de las olas tranquilas, saladas. La noche era inmensa; cielo y mar se extendían hacia el infinito.

Observé la apresurada alineación de las estrellas, que en sus tonos amarillos formaron una fila. Me volteé al escuchar las exclamaciones de asombro. Todas las personas, sentadas en sus mesas, disfrutaban del banquete de gala: copas en las manos, sonrisas sinceras.

Me giré hacia donde se divisaba la frontera sur del reino. Por un momento pensé que la luz que vi en el agua era un astro que había caído al océano; parecía un puente flotante en medio de lo negro. Pero era una embarcación… ¿lujosa?, ¿enemiga?

Los aplausos y los coros de voces me distrajeron de la alerta. En el cielo nocturno del norte, los astros alineados comenzaron un giro en sus propios ejes. Y yo vi que la luna que siempre había tomado por esférica era realmente un círculo en dos dimensiones que, al girar, desaparecía por un momento en eclipse.

Los vítores eran ensordecedores. Era la primera vez que nuestra luna —esa especie de sol nocturno que siempre había brillado fijo en color anaranjado bajo— realizaba esa rotación. Todos estábamos entusiasmados, disfrutando del mismo embeleso.

Y todos supimos que esa era la señal que marcaba el inicio de mi reinado.

Y ese fue el último momento feliz de mi gobierno, ya que a partir de ahí comenzaron los tiempos atribulados….

Feminicidios / Violencia (pesadilla)


I had the most horrible nightmare. A friend and I were walking through a yard, gris, desolado, un lote baldío, lleno de escombros. Al final veíamos unos camiones estacionados, tráileres con varios pisos como bandejas, y sobre cada una de ellas los cuerpos desnudos de mujeres ensangrentadas, muertas, todas asesinadas. Eran cientos, miles, decenas de miles.

Y eran tantas que ya no era posible cavarles tumbas a cada una. Había un horno enorme, en el que los cuerpos de cada bandeja iban a ser arrojados, al estilo de los campos de concentración de la segunda guerra…


Nos alejamos como pudimos, yo apenas podía saltar entre los pisos de los camiones estacionados, unos pegados a otros. Cuando bajé al pasto, las piernas apenas me respondían por un esfuerzo, por la adrenalina de poder llegar al auto. Mi amigo se alejó un poco, y yo trataba de seguirlo entre la multitud, pero empezaron a rodearme hombres, y cada uno de ellos era una amenaza; every single man was a threat just as they always are. Because they kill us, they rape us, they set us on fire, nos queman vivas, nos desaparecen y nos tiran en cisternas; eso es lo que hacen nuestros hombres estos días aquí en México y desde siempre.

Entonces alguien gritó: «Al suelo», y abrieron fuego. Me tiré instantáneamente al piso y sentí la ráfaga de los disparos. Me cubrí los oídos y la cabeza con las manos ante el ruido. Sentí la parálisis intensificarse.

Alguien dijo: «A aquella esquina». Así que me arrastré sobre mis codos y rodillas hasta refugiarme allí con los demás, tras una pequeña barda. Mientras, los agresores desfilaban, armas en mano, gritando consignas y amenazas contra quien osara rebelarse. Yo no osaba nada; estaba completamente paralizada cuando (6 AM) sonó la alarma.