Mientras pasa esta hora


SALTO AL REVERSO

Mientras pasa esta hora, no sé…
honestamente, no sé
no me lo había preguntado

supongo que
me sentaré
y miraré sin ver

siempre sabiendo que
las horas tristes no son mías
no son exclusivamente mías

son de todos
los que aqui estamos

son de ellos
y de ella
y de él

y de él

y de ella

y de él

oh, y también mías



Pasan como flechas
pero se quedan toda la vida

….

Mientras pasa esta hora, no sé…
supongo que pensaré

no en lo inclumplido
sino en lo que se cumplió

en un par de ojos sonrientes
que se acercan a los míos
y ríen

en flores rosas
y blancas
y amarillas

en un prado lleno de sol

en un abrazo que dura
toda la vida

y más allá de la vida

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Azul marino, fieras (sueño)


Él y yo habíamos deambulado durante horas por ese viejo edificio: pasillos estrechos, elevadores descompuestos. Un hartazgo extremo me dominaba ya por completo.

Y entonces vimos la salida. Un amplio puente se abría hacia el exterior, prometiendo que a su fin, sería posible dominar con la vista la ciudad que había debajo, debajo del decadente castillo en el que estábamos.

Caminamos a través del puente. Yo admiraba la obra de arte que era el cielo. Enmarcado entre un par de montañas, se dividía en franjas el azul del cielo. Nubes oscuras arriba, azul marino debajo, azul claro cerca del borde del horizonte.

Sólo pensaba en correr hasta el final del puente, ver el cielo completo, ver el pueblo debajo…

Entonces una parvada de pájaros negros voló hacia nosotros, amenazante. Tratamos de evitarlos, escudando nuestros cuerpos tras los brazos.

Pero entonces oí un sonido que me heló la sangre, la preparación gutural de lo que sería un gruñido. Y entonces vi a las bestias: una cruza entre cerdos y caballos, salvajes, negros. Mostraban sus dientes afilados mientras corrían hacia nosotros.

Entramos al castillo para huir de ellos. Nos persiguieron allí, mordían mi carne. Pero pude ver los ojos de uno y vi que su naturaleza era dócil en el fondo, muy en el fondo.

Alguien dijo en voz alta una idea, y entonces yo rebusqué en mi bolso un frasco. Y puse en las fauces de cada uno una pastilla para dormir. Y todos descansaron.

Y todos descansamos.

Corredores, sangre, agua (sueño)


Por supuesto, volverían los sueños.

Ante mí, corredores débilmente iluminados. La luz sale de las puertas entreabiertas a los lados del largo y retorcido pasillo. No me interesa entrar en ellas; sólo quiero ir más adelante, hacia aquello que estoy buscando. Eso que me llama con sonido de agua y un olor a sangre que me golpea en la boca.

Alzo la cara y avanzo decidida en su busca. Junto a mí, alguien titubea y se queda al lado del camino, aterrorizada por los sonidos que salen de las puertas. Ella vacila pero yo avanzo, dirigida por el oído y por el olfato, y por la voluntad férrea.

Tras una puerta entreabierta, veo una habitación y una cama. Y una anciana sin piernas me mira entristecida, mientras su compañera sin brazos niega con la cabeza. Sigo caminando, y dejo atrás las luces neón y el sexo que suenan desde otro cuarto.

Trato de correr y las piernas avanzan lento. Desesperadamente lento. Pero avanzo y llego.

Y encuentro la fuente del agua. Una tubería transparente filtra un líquido espeso y amarillento, lo separa y luego lo combina con un flujo de agua pura; un filtro inútil, perverso. Agua contaminada.

Y yo sé que debo ir más allá, más allá del agua. Donde nacen ambas corrientes, la limpia y la turbia. Y eso está en lo subterráneo.