Misión


Estábamos en un supermercado tratando de pasar inadvertidos. De cierto modo, estábamos cazando a unos hombres… malos. La misión era negociar con ellos y ganarnos su confianza.

Él se acercó a ellos y me dejó esperando escondida. Después de hablar lo retuvieron por la fuerza.

Salí de allí, y en un parque me encontré contigo. Nos sentamos en una banca de piedra y te conté sobre el secuestro y lo preocupada que estaba. Sus padres me preguntaron por él, les dije que no le llamaran, que era esencial para que pudiera salir con vida de la misión, que ellos no sospecharan nada.

Luego estaba en el trabajo, hablaba contigo por el messenger y me sentía aturdida de tanto trabajo y pendientes. Además estaba en un nuevo lugar y con nuevas personas.

Entonces él volvió y traía una silla de ruedas. Fuimos por el lugar robando cosas y divirtiéndonos.

 

Muerte


Estábamos en una especie de hacienda, arreglando cosas de la boda. Yo me metí en un pleito con dos de las invitadas que estaban en un jardín enorme. Entré corriendo a la casa por los pasillos para escapar de ellas.

Me seguía un hombre, en uno de los cuartos me alcanzó; traía una pistola y no dejaba de apuntarme. Yo estaba aterrada porque era insoportable la espera, la ansiedad de no saber en que momento iba a dispararme: el suspenso, una de las sensaciones que más odio.

Cubría mi cara con mis manos y le decía: “Por favor, ya, ya…” Y él me obligaba a verlo a los ojos. Yo no quería ver cuando finalmente apretara el gatillo y me matara a mí y a él. No quería ver el momento justo antes de sentir el dolor… y la muerte.

Finalmente escuché el disparo, sin verlo. Y luego otro. Yo sabía que estábamos muertos, pero como pude levantarme y caminar hacia nuestro asesino, pensé: “Quizá sigo viva, quizá…”, pero entonces vi nuestros cuerpos tirados junto al elevador ensangrentados, y al asesino, de pie.

Apocalipsis


Yo estaba trabajando en una larga nota sobre automotrices, en la cocina de mi casa. No sé por qué salí al enorme jardín, abandonando la computadora allí.

Junto a un árbol encontré a un bebé. No sé decir si era mío, pero lo tomé en mis brazos para protegerlo de la lluvia que empezaba.

Entonces, llegó una chica para avisarme que habían tenido que cerrar el ala de la casa donde se encontraba la cocina debido a la lluvia, que ya para entonces era un diluvio.

“Mi nota, maldita sea”, pensé, aún llevando al bebé conmigo. “Pienso que en algún momento debí haberle dado ‘guardar’ en el Einfluss”, le dije a mi madre. Le pregunté si podía entrar a la cocina y ella me mostró que la puerta estaba bloqueada.

Decidimos salir cuando la lluvia cesó, dejando la sensación de un Apocalipsis. En una calle encontramos a un grupo de gente, nos sentamos a una mesa a comer con ellos. Miré hacia el horizonte, el cielo estaba oscuro, parecía que ya era de noche y las estrellas tintineaban con fuerza. Me pregunté si era producto de otra alucinación visual originada por mis migrañas, pero no: mi padre dijo que las luces temblaban y vimos pasar un grupo de estrellas fugaces… o ¿naves?

Sigue leyendo

Impreso


Pasábamos por la calle y una señora nos dio un volante, dijo que era sobre clases de periodismo. Ja, qué buena broma. Al ver el papel que nos habían entregado, me di cuenta de que estaba firmado con las siglas BM. “¿Banco Mundial?”, dije. Al leer el folleto, me entere de los planes de esa institución: apoderarse de las funciones de todos los bancos centrales del mundo (¡!) y regular la información que llegaría a la población mundial. “Quincenalmente, circularemos una publicación con las instrucciones para proceder en casos como la homosexualidad, el papel de la mujer (…), para imponer nuestra opinión sobre cómo deben actuar los ciudadanos ante estos fenómenos (…)”.

Carretera


Una autopista ancha y recta, sin una curva. No se veía su final, llegaba hasta el horizonte. El aire limpio formaba una ilusión de niebla a lo lejos. Era de día, pasado el mediodía. Los colores bajo la luz intensa eran azules, rosados y amarillos.

Tu calor intenso haciéndome despertar.

Bajo el agua tibia


Caminaba a través de los caminos bordeados de árboles y bosque en esa enorme finca, a la hora en que comienza a anochecer y la oscuridad está a un par de minutos de adueñarse de todo.

Con las manos cargadas de papeles y objetos, llegué al borde de una alberca de piedra gris, junto con una amiga. Sin dejar a un lado mi carga y sin quitarme una sola prenda de mi ropa me tiré al agua. Fue una decisión impulsiva, la tomé como si hubiera estado ebria o drogada…

El agua estaba deliciosamente tibia, a la misma temperatura de mi piel. Me sumergí, disfrutando el momento, y abrí mis brazos, dejando caer una serie de semillas u hojas color café. Mientras las recogía, sentada en el fondo de la rústica piscina, me di cuenta de que podía respirar bajo el agua.  Era cuestión de técnica, era sencillo para mí, como siempre lo ha sido en mis sueños, aunque nunca deja de asombrarme cada vez.

Entonces volteé a mirarlo, él también estaba allá abajo. Podíamos hablar y escuchar bajo el agua también, porque lo oí decirme: “¿Tienes que hacer eso en este momento?”.

These days…


…sleeping pills block my dreams.

Just a blank memory.

The taste of blood, every single morning.

All kinds of worries keep me awake at dawn.