Revista Salto al reverso #7


Reblogueo la revista #7 de Salto al reverso. Fue un placer colaborar con tantos autores y editores talentosos. Un abrazo a todos y muchas gracias por su participación.

SALTO AL REVERSO

Ya está publicada la séptima edición de la revista Salto al reverso (junio-agosto).

Revista 7 Salto al reverso FINAL

AÑO 1, NÚMERO 7
junio-agosto 2015

‘Amores enfermizos’

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Pueden ver este y los anteriores números en la sección Revista.

Y en nuestra página en Issuu: issuu.com/saltoalreverso

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Locura


Comparto mi poesía «Locura», publicada en la revista 6 de Salto al reverso.Revista 6 Salto al reverso v344Los invito a leer la revista en nuestro sitio Editorial Salto al reverso o en la plataforma Issuu:

http://issuu.com/saltoalreverso/docs/revista_6_salto_al_reverso

La angustia del nunca (sueño)


«¿Dónde estoy, dónde estoy?», pensé.

Intenté abrir los ojos y solo vi un flash de luz, una breve imagen. Y otra vez se cerraron. Era incapaz de recobrar la consciencia.

La segunda vez, mis ojos permanecieron abiertos. «No, no, no», pensé. Ni siquiera estaba en mi país. «¿Cómo llegué aquí?». Estaba en esa ciudad extranjera, sentada en una banca ante una parada de tranvía.

Todo a mi alrededor parecía estático, detenido en el tiempo. Una sensación de peligro me traspasaba toda. Pero debía fingir que estaba bien.

Miré a mi alrededor. Estaba en una plaza. Un par de jóvenes fingían dormir en otras bancas. Pero todos me miraban disimuladamente. Yo estaba decidida a largarme de allí e ir a un lugar seguro.

Me levanté y crucé la calle, y entonces alguien me interceptó. Era una vieja conocida de la escuela. Me llamó por mi nombre.

—Te están esperando de aquel lado. Tienes que ir con ellos.

Simplemente la ignoré.

Continué hacia el centro de la plaza. Había más gente conocida allí, antiguos amantes, amigos, mi esposo.

Todos me decían: «Debes ir allá. Te están esperando de aquel lado».

Seguía sin entender hasta que lo vi: los restos del avión sobre el centro de la plaza.

Y lo supe: estaba muerta.

La desesperación se disparó. «Estoy muerta, estoy muerta, estoy muerta». Y fue exactamente como dicen: esa sucesión veloz de todos los recuerdos importantes de tu vida, todas las personas importantes. Pero faltaba una. Una. Nunca sus ojos. Nunca su abrazo. Nunca… No, hasta que él muera. Y la ansiedad. No hay palabras para describir la ansiedad. «Díganle… díganle…».

Me llamaban por mi nombre otra vez. «Tienes que venir de este lado, ir con ellos. Te están esperando».

Me llevarían al otro lado, pero esta vez yo no quería ir. No lo quería con todas mis fuerzas. No.

Caminé más allá de los restos del avión. Hasta el borde de la plaza. Rehusándome a ir con ellos, los que me esperaban.

Y grité, grité, grité con todas mis fuerzas y sin voz. Y la desesperación no me despertó.