Picnic


Tras subir las escalinatas, hallé un campo abierto. Había mesas corridas para picnic por todo el lugar; parejas, familias, niños. Yo tenía una bandeja de comida, pero estaba sola y no me sentía bienvenida con nadie.
Entré al edificio que estaba al fondo en busca de algo, y de repente estaba en la oficina.
Estaba nerviosa por conversaciones que debía sostener con personas que debía encontrar.
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Sueños repetitivos y fastidiosos toda la noche. Cosas que no logro recordar y un rato de insomnio.

Túnel amarillo


Varias tareas que debía cumplir y nunca terminaba.
Volvía a la oficina para tomar dinero e ir a comer. Todos los escritorios estaban cubiertos de cortinas.
En el comedor, tardaba años en conseguir algo. Se hacía tarde y me pedían que volviera para llevar algunas cosas.
Para no molestar, debíamos tomar otra ruta: un túnel dentro de un clóset (aquel clóset de mi pasado).
Con varias cosas en las manos, debía arrojarme de espaldas por el tubo amarillo. Estaba ansiosa por hacerlo, pero tenía miedo.
Trataba de llevar más y más cosas. Pienso que estaba cerca de lanzarme cuando sonó la alarma.

Inválida (piernas, humo, sueño)


Que no podía caminar. Era la única a la que no le funcionaban bien las piernas, y en esas calles y mercados llenos de gente, yo tenía que arrastrarme.

Después, estábamos reunidos todos en una especie de salón de clases y al frente, el profesor hablaba.

De repente, comenzó a entrar humo a la habitación, todos comenzamos a tener mucho sueño y varios se quedaban dormidos. Yo veía como se daban por vencidos todos, sin luchar, pero yo no quise.

Les grité, les ordené que saliéramos de ahí para salvarnos, antes de que el sueño nos derrotara. La mayoría me siguió.

Al cabo de un rato, tontamente decideron regresar. Y la pesadilla del humo comenzó de nuevo.

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Anoche, tras la advertencia de ella, de que mi subconciente dispararía más imágenes de las habituales, sueños a cada minuto.

Noche de sueños abundantes sin sentido que acabé por no recordar.

Ali


Manejaba de prisa y de noche bajo la lluvia. Recuerdo vagamente que había estado antes en casa de mis padres. Buscaba algún lugar específico y tenía miedo de chocar en la oscuridad, de derrapar en el pavimento mojado. Iba acompañada: una mujer me guió hacia el sitio en que la carretera se convertía en una especie de glorieta, un camino en espiral, circular, cuyo centro estaba custodiado por un hombre.

“Es aquí”, dije y él respondió: “Sí, tienen que bajar por aquí” y señaló una especie de túnel que iniciaba allí. Ella se aventó primero con los pies por delante y boca abajo. Yo me incliné sobre la abertura con la cabeza por delante. Ella trató de sostener mi mano para que cayeramos juntas, pero no me alcanzó: solo oí su grito.

Cambié de idea y me gire para caer como ella, de pie, y me lancé. Pero en vez de una caída sin control, me encontré cayendo suavemente y luego bajando por una escalera en cuyo rellano siemptre habia alguien a quien saludar. Pisos y pisos…

Recordé inevitablemente la caída de Alicia, una caída que hasta producía ganas de dormir.  Y supe que la intención era que yo olvidara que estaba soñando o cuál era mi misión. Creo que funcionó ya que después sólo recuerdo imágenes vagas: lluvia, balas persecuciones, pero creo que fallé en mi misión.