Hitler o Voldemort


Nos dimos cuenta de que iban tras nosotros. Así que echamos a correr por los jardines de un sitio grande como una hacienda. Avanzamos, agachándonos junto a las paredes, ocultándonos.

Entramos a una pequeña casa vacía y tratamos de escondernos, acostándonos en el suelo detrás de los sillones. Yo traté de ocultar sus pies detrás de aquel sillón verde, pero era muy visible. Comprendí que yo no lograría esconderme de esa manera, así que me metí como pude dentro del estante de un clóset. Apenas cabía y temía que si alguien lo abría me encontraría de inmediato. Así que traté de ocultarme, echándome encima ropa y cobijas.

Ellos llegarían en cualquier momento. Mi angustia estaba al límite.

Entraron en la casa y yo traté de no hacer ruido. Ni siquiera respiraba. Imaginaba el destino de él, rogaba porque no pudieran distinguir sus pies bajo el sillón.

Al final, él se reveló ante ellos, pero no le hicieron ningún daño. Rieron y lo tomaron como una broma. Agradecí al cielo por eso.

Ellos nos buscában porque éramos diferentes, para castigarnos porque éramos diferentes.

Cuando salieron de la casa, yo me escabullí hacia un auto y me escondí en una especie de cajuela que daba a la parte interna del coche. Trataba de cubrir mi cuerpo por completo con una frazada.

El auto se puso en marcha, y el coche en que ellos iban quedó detrás del mío.

En el asiento trasero del auto que me transportaba,  iba sentada una muchacha sonriente. Me vio y trató de hablar conmigo, sin prestar atención a mi pánico.

Ella no se daba cuenta de que cada movimiento que yo hacía o cada palabra que ella me dirigía, podría revelar mi presencia a aquellas personas. Y entonces, yo sería presa de ellos, y me castigarían o provocarían mi muerte.

Retazos de sueños


Que estaba de pie junto a una ventana, mirando hacia afuera. Llevaba un vestido café que me quedaba perfecto. Aún no se notaba, pero yo sabía que estaba embarazada y no podía esperar para soltar la noticia en medio de la comida familiar. Una alegría tranquila, una paz contenta.

———-

Que caminábamos por una ciudad con edificios modernos que se perdían en las alturas. Cruzábamos un semáforo cuando vi, en medio de la calle, el torso y la cabeza de un jabalí petrificado en una especie de gel. Espantada, noté que estaba vivo porque parpadeó. Nadie parecía ponerle atención.

No tuve mucho tiempo de horrorizarme por eso, porque entonces vi unos pequeñísimos ratones en el suelo. Estaban cubiertos de pelos pegajosos. Comenzaron a subirse sobre mi esposo, sobre sus piernas y su ropa. Quise quitárselos de encima con algunos manotazos, pero también estaban encima de mí, por todos lados. Echamos a correr y desperté.

——–

Baños. Cada noche sueño que debo encontrar un baño. Y todos están sucios u ocupados, o no cierran. Siempre tengo prisa.

——–

Me desperté con un sabor a sal en la boca. Era tan intenso, que al despertar tuve que buscar algo dulce que comer.

———-

Que conocía a Bono. 🙂 Estaba en un edificio al que un amigo mío me dejó entrar. Fui a pedirle un autógrafo. Me lo dio y comenzamos a hablar. Lo tomé de las manos, lo abracé y le expliqué lo que significaba para mí.

Él se veía cansado y enfermo, y no quería salir a enfrentar a la gente. Logró escabullirse en un auto y me dijo que subiera. Lo hice, pero me bajé unas cuadras adelante porque tenía que volver. Antes de irme lo besé en la boca.

Salí corriendo por una ciudad desconocida, pero que me era vagamente familiar.

Sutil sufrimiento


Fui a verte por vez primera
sintiendo el dolor en mi cuerpo.
Me arrodillé donde lo hacías,
miré nuestras manos en silencio
y toqué nuestros brazos
atados por años, secretos.

Lloré contigo por vez primera
cuando me acerqué a tu recuerdo,
a tu desolada figura,
a tu sutil sufrimiento.
Y oí tus gritos de rabia
rompiendo años, silencios.

Miré tu rostro con miedo,
contuve mi aliento.
Y pude tocar tus heridas
abiertas y a la vez, frías.

Arrodillada y sin fuerzas,
inmóvil en la desdicha.
Sentías el océano dentro
maligno y enfurecido

Te consolé por vez primera,
surcando el mar que está adentro.
Escuché tus cien voces
y abrí tus secretos,
ahuyentando reproches, miedos.

Quité el arma de tu mano
y recuperé tus sueños,
acallé a tus verdugos
y terminé tu tormento.

Y terminé mi tormento.

Te miré por vez última
cuando el llanto se fundió en la risa,
cuando logré la victoria
cuando el alivio no fue tristeza.

Me despedí sonriendo
de tus ojos abiertos,
de tus manos sin armas,
de tus nuevas esperanzas.

Salí del cuarto por vez primera.
Dejé el recuerdo sanado,
entrelacé mis manos,
miré mis brazos, abrazos.

Sobrepasé el sufrimiento.

No line


“Every night I have the same dream. I’m hatching some plot, scheming some scheme”