Siena


LA CONTINUACIÓN DE LA VIDA VI

«Flechas, eje, centro, soporte incompleto», por Crissanta.

Siena.
El bosque en silencio.
Luz cálida.
Maleza seca.

Soledad odiada,
bendecida.
Aura.

Wheel of light
surrounding me.
No one in,
no one out,
nunca más.

Months I walked
in search for
that ancient home
of ours.

A castle
consumed
in an unforgettable fire.

A long
lost
battle.

Un final.

El aire desapareció
de mis pulmones,
la sangre se detuvo
and lifeline went nowhere.

Sentí la asfixia
y el imperio
de los instintos cegadores.

Y avancé
por el bosque.
A veces a gatas,
a veces a rastras.

Y la flecha de plata
fue bastón y norte.
In both ways it was
el soporte

del centro herido,
del corazón destrozado,
de mi eje roto,
del dolor no domado.

Y postrada,
semiparalizada,
sobre la maleza,
fue donde construí
el resto del arma.

Tejí las ramas
a manera de cuerda,
tomé la vara más firme
y a la vez más flexible
para ser el cuerpo
que ejerce tensión
y dispara
la flecha sagrada,
con indoblegable
fuerza.

Y en la soledad amada,
busqué mi fortaleza.

Rise


LA CONTINUACIÓN DE LA VIDA V

Bosque, noche rojiza,
asedio insidioso
from the wolf.

Todas las alertas
sonando sin voz.

Compás de espera,
acorralada,
hincada.

«Should I let
myself go?»
«Should I let it
take my soul?»
«Should I get this finally done?»

I attempted one last call
to Him, who denied me before.

Tendí el alma
en confianza,
en entrega,
humillada,
y murmuré La plegaria.
Then God…

concedió:

He gave me a silver arrow
(but not a bow),
He turned my words
into a sword,
and above all:
He shut Morana up.

Silence in my head,
arms at my range.
Vi al lobo a los ojos
and then came the rage.

Risa alocada,
lengua navaja.
Quise su sangre
en cascada.

With one hand
I firmly held the arrow.
And with the other one
me envolví en un halo.

And as I rose,
he was coming down.

Such was his hunger
que no sintió la herida:
la flecha, la cuchilla.

And as I rose
él moría.
And as he died
yo volvía.

Y el bosque calló
y se pintó de siena.

Todo silencio
y maleza.

DIBUJO POR CRISSANTA.

 

Lapislázuli


No es mi corazón,
pero se le asemeja.
Es azul como el mar
de nubes que surcamos
por el cielo morado.

Es el cobalto del océano
cuando navegamos.
Es una fracción de la belleza,
un destello de la pureza,
un regalo, una promesa.

Es mi brillo de luna,
el complemento del anaranjado,
un lapislázuli de tiempos lejanos.

Mercury


Pale rose.
Amarillo pastel.
El color
de las zapatillas de ballet.

Plata líquida
para beber.

(It is mercury, then).

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Habrá un viento


Habrá un viento
que vendrá,
que tú creerás escalera
y no lo será.

Habrá un momento
tras el derroche
en que todo cesará.

El tiempo habrá sido
tus manos.
El aire, dagas de plata
para respirar.
Y el deshoje
de ese viento malsano
traerá
pequeñas gotas de sangre
para limpiar.

¿No pasó la helada?
¿Qué no fue el torrente?
Era agua de sal.

Las uñas cual garras
en mi frente,
en mi brazo,
en mi vientre.
No sé diferenciar.

Él dijo: «Te saqué de casa,
te libré del arma
y aún quieres dudar».

Habrá una calma
que será montaña
y no la verás.

Y habrá un silencio
luego del infierno
y no entenderás.

¿Qué no fue la ráfaga,
el azul ardiendo, el verde muriendo?
¿Era la verdad?

Y el miedo habrá sido tu abrazo.
La noche, conteo de veranos.
Y el destroce
de ese viento cereza
traerá
la desolación perpetua
que no callará.

Fotografía: Crissanta

«Amanecer, niebla», por Crissanta.

Mediterráneo (ocaso)


SALTO AL REVERSO

En medio de la tierra
aguardas
en el vaivén intranquilo,
desasosegado,
en el pequeño arrebato
controlado.

Y yo me acerco
muy despacio.

Espero
como de los otros
el reproche velado,
la posesión,
el reclamo.

Pero llega el ocaso
y te encuentro callado,
somnoliento, disperso,
manso.

Incontables seres
te han mirado sin verte,
te han traspasado,
invadido, tomado,
sin conocerte.

Han atravesado
sin atender
tus misterios transparentes.

En tu interior hay voces
de niños, hombres,
viajantes.

¿Será que se me permita
ser tu navegante?

¿Será que alguien debe
rozar siquiera
tu piel de colores tenues,
tus brillos tornasoleados,
tu belleza silente?

¿Ser el cielo reflejado
sobre ti mientras duermes?

¿Debe alguien recibir
en sus pies
el beso cálido?

¿Tomar de tu orilla
la piedra
como un regalo?

—Azotada e inacabada,
pulida a medias,
incrustada de brillantes,
caótica y bella—

Pongo sobre ella mi mano
acariciando.
Siento sus latidos.
Aguardo.

Fotografías: Crissanta Fotografías:…

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Mediterráneo (mediodía)


TAMBIÉN: MEDITERRÁNEO (OCASO), publicado en Salto al reverso.

 

Viajé largamente
antes de llegar a ti.
Las nubes despejaron
en el camino pesado,
en el amanecer humillado.

Y el mediodía llegó en fuego,
delicado, pero intenso.

Sentí que el sol se acercaba al cenit,
sentí que la luna superaba el nadir,
y se observaban.

Y sonreí.
Sobre la arena templada,
sonreí.

Y me acerqué a ti,
intrigada.

—Oh, sensación extranjera,
magia experimentada
de descubrir despacio
y embelesada—.

Traslúcido y risueño,
agitado, luego sereno,
vivaz.

Poderoso y disperso.
Tu pequeña violencia
quedó, en el ocaso,
detrás.

Miré.

Y renuncié a la tierra
con solo ver.

«No van arrancarme».
«No voy a volver».

Entré.

¿Existen
aguas más transparentes,
destellos más brillantes,
un cascabeleo de voces
más dulce en algún oleaje?

Floté.
Invoqué la dicha
de reposar al vaivén.

Claro en la cercanía.
Al horizonte, cobalto.
pasando por todo turquesa,
todo azul, todo morado.

En la profundidad, oscuro.
Diáfano, al tenerlo cerca.
Cristalino y puro,
al acariciarlo.

«No voy a volver».
«No van a arrancarme».
«Nunca saldré».

Fotografía: Crissanta

Fotografía: Crissanta