‘Y vendrá la fiesta’


Un sueño para variar.

Una fiesta. Mucho que celebrar: alegrías ajenas como propias; victorias.

Una alberca, y la gente que comienza a llegar. Yo, sumergida en el agua, bajo el sol, contenta y haciendo reclamos en juego al anfitrión. Luego, cientos de personas abarrotan el lugar, se hace de noche, mujeres semidesnudas bailan sobre las mesas, diversión, alcohol y lo mejor de todo, su rostro feliz… su risa feliz.

Luego, en el baño, una muchacha se acerca a mí. Me habla al oído y yo niego con la cabeza porque ya sé que va a decir. Y yo trato de decir no, yo no, ya no. Sin importarle nada, acerca su boca a la mía y mete su lengua. Y deja allí la sustancia.

—Tú puedes soportarla —me dice y se va.

Escupo en mi mano la pastilla y miro a mis amigas a través del espejo del baño. Como dos diablitos en mis hombros me dicen: anda. Y la trago. Y durante dos segundos miro como mis ojos cambian, como nacen sombras moradas debajo de ellos y en mi pecho, y percibo la sensación lejana que se apodera de mí.

Y entonces el autocontrol lo frena todo.

Y me detengo el viaje.

Y luego despierto.

Retazos de sueños


Que estaba de pie junto a una ventana, mirando hacia afuera. Llevaba un vestido café que me quedaba perfecto. Aún no se notaba, pero yo sabía que estaba embarazada y no podía esperar para soltar la noticia en medio de la comida familiar. Una alegría tranquila, una paz contenta.

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Que caminábamos por una ciudad con edificios modernos que se perdían en las alturas. Cruzábamos un semáforo cuando vi, en medio de la calle, el torso y la cabeza de un jabalí petrificado en una especie de gel. Espantada, noté que estaba vivo porque parpadeó. Nadie parecía ponerle atención.

No tuve mucho tiempo de horrorizarme por eso, porque entonces vi unos pequeñísimos ratones en el suelo. Estaban cubiertos de pelos pegajosos. Comenzaron a subirse sobre mi esposo, sobre sus piernas y su ropa. Quise quitárselos de encima con algunos manotazos, pero también estaban encima de mí, por todos lados. Echamos a correr y desperté.

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Baños. Cada noche sueño que debo encontrar un baño. Y todos están sucios u ocupados, o no cierran. Siempre tengo prisa.

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Me desperté con un sabor a sal en la boca. Era tan intenso, que al despertar tuve que buscar algo dulce que comer.

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Que conocía a Bono. 🙂 Estaba en un edificio al que un amigo mío me dejó entrar. Fui a pedirle un autógrafo. Me lo dio y comenzamos a hablar. Lo tomé de las manos, lo abracé y le expliqué lo que significaba para mí.

Él se veía cansado y enfermo, y no quería salir a enfrentar a la gente. Logró escabullirse en un auto y me dijo que subiera. Lo hice, pero me bajé unas cuadras adelante porque tenía que volver. Antes de irme lo besé en la boca.

Salí corriendo por una ciudad desconocida, pero que me era vagamente familiar.

Premio de literatura :p


Había ganado un premio de literatura en el extranjero. Me enteré mientras caminaba por las calles de aquel país y vi un espectacular que decía: “Carla Paola Reyes debe donar su premio de literatura al Hospital Fulano de Tal”.

Así que gané un premio, me dije. Le tomamos una foto al anuncio y empezamos a buscar el hospital. No tenía inconveniente en donar el dinero, porque un premio significaba que tarde o temprano me reconocerían con otro y así… al éxito. 🙂

Llegamos a un hospital y nos dijeron que allí no era. Buscándolo de nuevo, íbamos caminando al borde de una especie de Periférico bajo la luz del mediodía.

Mamá mencionó entonces que yo debía asistir esa tarde, dentro de un par de horas, a la ceremonia de premiación. “¿Y apenas me dices?”. Yo no llevaba más que un par de tennis deportivos, una blusa roja de algodón y jeans.

Ella trató de convencerme de que no tenía importancia que fuera así vestida, y empezó a dar excusas sin sentido por no haberlo dicho antes. Pero yo sólo pensaba en que el mundo entero iba a verlo en la televisión.

Entramos a una tienda y compré un desodorante, un perfume pequeño. Iba a buscar algo de ropa decente. Pero entonces comencé a probarme pelucas, extensiones de pelo y se me fue el tiempo.

La tienda se convirtió en una escuela y la vendedora, en una maestra. Había niños por todos lados y yo trataba de buscar en la computadora de la profesora el nombre de la institución que me había dado el premio.

Un niño insistía en poner sus dedos sobre el teclado y arruinar lo que yo escribía. Enojada, le di un manotazo. Salió, llorando, a acusarme con su mamá.

Yo estaba cada vez más frustrada y enojada. Llamé, aún calmadamente a la maestra y a mi mamá, que esperaba en un pasillo afuera. Les expliqué que estaba a punto de convertirme en algún monstruo tipo Hulk, que estaba a punto de estallar. Que se llevarán a los niños por favor.

Nunca llegué a la ceremonia del premio de literatura. Un sonido extraño de piano me despertó y no supe de dónde salió.

Joseph Pullitzer

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Que él iba a mudarse al norte, más arriba de Monterrey, a Estados Unidos. En un patio había miles de cajas que se debían transportar. Muchos hombres las custodiaban, creo que eran del ejército.

Yo trataba de ayudar y entraba a una alberca techada, nadaba hacia el fondo para recuperar unas credenciales. Se las entregaba a un oficial.

Bloqueo mental


No estoy recordando mis sueños 😦

Cambio de escenario


Todavía me pasa que despierto sin saber en donde estoy, en qué cama, en qué casa…
… en dónde está la puerta, dónde la ventana.
Aún me pasa que no reconozco la forma de un closet o una cortina que se dibuja con las sombras de la madrugada, y me pregunto: ¿Qué es eso? ¿Dónde estoy?
Todavía despierto a mitad de la noche sin saber si he estado durmiendo sola o acompañada.
A veces no logro distinguir si ese ruido fuera del cuarto es mi madre caminando por el pasillo o mi esposo que llega a acostarse.
Al menos, sobre él no tengo dudas: sé perfectamente que es él quien está en mi cama. Eso ya aporta bastante tranquilidad.
Aunque el cuarto sea cada noche un escenario distinto y desconocido, él siempre es él…
… Una presencia cálida (o helada si es que ha tirado las cobijas a media noche).
Siempre es él… aunque a veces toma formas extrañas que me aterran por un segundo: Como cuando se ha sentado sobre la cama y yo me encuentro con un torso donde debia existir un vacío; o cuando se ha dado la vuelta y encuentro una maraña de cabello donde debía haber un rostro; o cuando ha doblado el brazo y me encuentro con un muñon (un codo)en vez de una mano (ése ha sido el peor, ja ja ja).

Mi novia (jajaja)


Que yo andaba con otra chica… Llevábamos años juntas en secreto y éramos muy felices.

Estábamos en una reunión y decidíamos que era hora de sacarlo a la luz. Sentadas en un sillón, nos tomábamos de la mano y nos besábamos. Los amigos disimulaban su impresión, aunque se veían sorprendidos.

Le susurré a ella: “Deberíamos tener una hija. ¡Ya sé!, yo tengo una y tú tienes otra”… 🙂

La sensación era de alegría y tranquilidad.

(Sinceramente, creo que ha sido demasiada información sobre matrimonios y adopciones de gays para mi mente susceptible)

These days…


…sleeping pills block my dreams.

Just a blank memory.

The taste of blood, every single morning.

All kinds of worries keep me awake at dawn.