«Locura», por Crissanta (video)


SALTO AL REVERSO

Presentamos un video para despedir a nuestra autora destacada del mes, Carla Paola Reyes (Crissanta).

Más información aquí: Autor destacado: Carla Paola Reyes

Los invitamos a visitar su página: carlapaola.com

La obra es «Locura», un poema publicado originalmente en la revista 6 de Salto al reverso.

De nuevo felicitamos a Carla y agradecemos su labor y sus obras para nuestro blog. Consulta la lista completa de autores destacados, aquí: Autores destacados.


Próximo autor destacado

Felicitamos a Carlos Quijano (carlosquijano.com) por haber sido elegido el próximo autor destacado de Salto al reverso.

Los invitamos a seguirlo en las redes:

Twitter: twitter.com/PComunes
Facebook: facebook.com/blogpalabrascomunes

Nuestro autor fue elegido mediante una votación del consejo editorial (valor 50%) y una votación pública (valor 50%).

Votación unánime del consejo (valor 50%)
21% en la votación pública (valor 10.5%).
TOTAL: 60.5%

De esta manera, superó a Chistín Bonetto y Fabio Descalzi…

Ver la entrada original 128 palabras más

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Victoria


Victoria.

¿Lo hemos logrado?
¿Yo y ella,
él y todos,
Dios?

¿Adiós al continuo salto
al filo de la navaja
de la razón?

¡!

Maravilla,
controlar mis manos.

Gloria,
usar mi voz.

Suprema dicha,
desterrar la idea
asesina,
atroz.

¡!

Ella,
sus manos que guiaron mis ojos
para ver.

Él,
infinita paciencia
que me regaló la alegría
y la fe.

Él,
mi prodigio de calma,
sus ojos limpios,
sus palabras que me llenaron
de amor.

Él,
quien alcanzó mi mano
en el abismo mayor.

Él,
cuya traición y malicia
provocaron la reacción.

Él,
el enemigo
que se reveló.

Dios,
que definió el montaje
y rehusó el deseo
de mi corazón.

Bien,
me quedaré una hora,
el minuto siguiente,
décadas bajo el sol.

Si eso es lo que quieres,

Dios.

Toda la vida
bajo el escudo
que hemos creado
ellos y yo.

Final victoria.
¿Lo hemos logrado?
¿Realmente acabó?

Locura


Comparto mi poesía «Locura», publicada en la revista 6 de Salto al reverso.Revista 6 Salto al reverso v344Los invito a leer la revista en nuestro sitio Editorial Salto al reverso o en la plataforma Issuu:

http://issuu.com/saltoalreverso/docs/revista_6_salto_al_reverso

Insania


Comparto aquí mi aportación a la revista 4 de Salto al reverso, junto con una excelente fotografía de Esteban Mejías que la acompaña.

Y aprovecho para agradecer de nuevo a los que hacen posible con su trabajo y con sus obras este proyecto hermoso que me da tantas alegrías.

Los invito a leer la revista en pdf o en la plataforma de Issuu:

INSANIA

No me da miedo la oscuridad. No me da miedo el silencio.
La oscuridad me atrae. El silencio me hechiza, es mi solaz.

No me da miedo la soledad. La soledad soy yo misma.
La soledad es mi dicha.

Solo me da miedo mi miedo. Temo sentir mi propio temor.
Solo es eso.

Me aterra solamente ese miedo indefinible,
a la nada en general, a todo en especial.

El miedo a la nada y a todo.

Solo a ese porque es la senda en penumbra.
Solo a ese porque es el largo corredor.

Es la tristeza y la sinrazón.revista salto al reverso 4 octubre noviembre41

Murmullos


Estaba arrodillada, pero no ante un crucifijo. No esta vez.

Su mirada ciega trataba en vano de adivinar su entorno.

Cerró los párpados de sus ojos inútiles y se concentró. Sintió. Los ecos que escuchaba le indicaron que estaba en medio de un gran salón circular. Sintió. Supo que estaba rodeada de una multitud, pequeñas luces que destacaban en medio de su oscurecida percepción.

—Comencemos —dijo una severa voz masculina.

Entonces entendió. Era su juicio. El juez, el tribunal, la multitud que serviría de jurado; todo estaba dispuesto.

Nadie le había dicho nada. En realidad, cuando la tragedia sucedió, no había entendido nada. Fue así, sencillo. Llevaba una vida tranquila y aislada, en el medio del bosque. Una tarde, un ruido de pisadas en la hojarasca la obligó a tomar la improvisada lanza —un cuchillo atado a una larga vara— que conservaba tras la puerta. Aún podía ver, pero a veces sus ojos fallaban. Y nunca distinguió del todo la figura expectante que la observaba entre los árboles. Ante la sensación de amenaza, simplemente atacó. Con el oído aguzado por la vista apagada, supo exactamente donde colocar la lanza. Creyó escuchar el chillido de un animal y ver su silueta que se perdía de vuelta en el bosque; y nada más.

Entró asustada y no se atrevió a salir después.

Al amanecer, llegaron los hombres. Ataron sus muñecas, la subieron a una carreta. Y ésa fue la última vez que pudo ver. El sol se levantaba en un amanecer despejado y puro. Y se asomaba entre los árboles. Sol, árbol, sol. Luz, oscuridad, luz. Una secuencia desesperante y repetitiva. Sol, oscuridad, sol. Luz, oscuridad, luz, oscuridad. Al final, oscuridad y nada más.

Fotografía: Crissanta

Fotografía: Crissanta

Ya en su celda, descubrió a tientas el crucifijo en la pared. Y en medio de lo que le pareció una noche eterna, se arrodilló y reflexionó.

Y así pensando, comprendió. Entendió que no hubo un tono animal en el lamento que escuchó, entendió que las pisadas sobre la hojarasca no iban descalzas, y entendió lo que tomó con su lanza: una vida humana.

Y ante el crucifijo, lloró. Y en la noche eterna, saldó sus cuentas y tuvo paz.

Pero los hombres eran una audiencia distinta.

Arrodillada en el piso del gran tribunal, las almas la miraban brillando desde las gradas. Entonces la misma voz imperiosa ordenó que hablara la acusada.

Y la acusada habló.

Y entonces comenzó aquello. Una cascada de palabras sin control brotó de sus labios a un ritmo febril. Frases sin sentido en un lenguaje desconocido, lamentos imposibles de entender, susurros nacidos del sufrimiento, murmullos; era un discurso incesante y dolido. Sus manos se alzaron hacia la gente en las gradas. Sus gestos y su voz trataban de explicar, pero no lograban articular una sola frase comprensible y racional. Sus palabras sólo rezumaban dolor. Era una secuencia desesperante y repetitiva. Sol, oscuridad, sol. Dolor, desesperación, dolor. «Perdón, ayuda, perdón».

Ella no podía callar. Sólo imaginaba los gestos de reprobación de la gente que la oía en el gran tribunal. Y su imaginación era acertada. Las miradas del jurado y el juez ya reflejaban la condena aun antes de que ella escuchara aquella voz grave decir: «Culpable»; aún antes de que escuchara su sentencia de muerte.

Pero incluso tras la condena, las palabras se negaron a detenerse en sus labios. En medio de su murmullo imparable, abrió los ojos. Y por un momento le pareció que volvía a ver. Miró frente a ella una luz que destacaba más que las otras y, tras el deslumbre, distinguió una silueta, y luego un cuerpo y una cara… y unos ojos.

Y los ojos de ese hombre la miraban con piedad. Los ojos de ese hombre la miraban con amor incondicional, como un perro puede ver a su dueño, como un dueño puede ver a su perro, como alguien que se arrodilla junto a otro para darle consuelo.

Entonces por fin calló. Y todo desapareció para ella, excepto él, esa alma que brillaba más. Todas las demás se apagaron en su percepción como lo habían hecho antes en su visión. Y así ella se apagó del mundo y del destino que la aguardaba. En el tribunal, lo calificaron como la crisis final de una loca. Pero igualmente decidieron ejecutar la sentencia de inmediato.

Pero en el momento final, ella permaneció atenta a él. Y entonces creyó escuchar sus palabras:

—Te había visto desde lejos. Yo sólo venía a amarte… Ven. Yo sólo vengo a amarte.

Maldad (poesía)


Es un campo helado
un atardecer rosado
mansas nubes
soledad

Es un bosque blanco
cubierto de nieve
ramas secas
soledad

Es un claro desolado
perdido en tu mente
nubes rosas
soledad

Y en él, un rojizo rastro
dejado por la sangre
sobre nieve:
maldad

(No quieres ir
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