Fin del mundo (sueño)


Fotografía: Crissanta

Fotografía: Crissanta

Dormía y entonces desperté. Mi lecho era el mar. Allí flotaba. Cerca de mí estaban recostados una mujer, un hombre, un perro y yo, todos hacinados. Y así sucedía en todas partes.

Abrí los ojos y vi la luz de la luna bañando de resplandor el mar que era mi cama. Todo brillaba en destellos azules que se movían con el ligero oleaje.

Entonces salió el sol, al mismo tiempo que la luna. Los dos astros, uno cerca del otro, formando una pequeña diagonal: la aparición imposible.

Y el brillo se hizo cegador. Amarillos y azules deslumbraron mis ojos con su luz directa y su reflejo marino.

Y en mi mente sonaba a todo volumen una canción que decía:

There’s a gap in between
There’s a gap where we meet
Where I end and you begin

And I’m sorry for us
The dinosaurs roam the earth
The sky turns green
Where I end and you begin

Entonces me levanté. Y miré el fin del mundo sobre la que había sido mi ciudad. El mar eran las calles, las avenidas y todo camino. Los puentes antes elevados estaban a su nivel. Edificios iluminados aún formaban la línea del horizonte. Y yo avancé sobre las aguas hacia donde todos se dirigían, en medio del tumulto y la confusión.

Debía encontrar a Karen, mi hija. Ella no hablaba una sola palabra coherente, pero todos la comprendían. Todos la conocían. Todos la amaban. Era fuente de calma y belleza en medio del caos.

Había que ir a donde estaba y ponerla a salvo. No estaba sola, lo sabía, pero estaba sin mí.

I am up in the clouds
I am up in the clouds
And I can’t, and I can’t come down

I can watch but not take part
Where I end and where you start
Where you, you left me alone
You left me alone

Azul marino, fieras (sueño)


Él y yo habíamos deambulado durante horas por ese viejo edificio: pasillos estrechos, elevadores descompuestos. Un hartazgo extremo me dominaba ya por completo.

Y entonces vimos la salida. Un amplio puente se abría hacia el exterior, prometiendo que a su fin, sería posible dominar con la vista la ciudad que había debajo, debajo del decadente castillo en el que estábamos.

Caminamos a través del puente. Yo admiraba la obra de arte que era el cielo. Enmarcado entre un par de montañas, se dividía en franjas el azul del cielo. Nubes oscuras arriba, azul marino debajo, azul claro cerca del borde del horizonte.

Sólo pensaba en correr hasta el final del puente, ver el cielo completo, ver el pueblo debajo…

Entonces una parvada de pájaros negros voló hacia nosotros, amenazante. Tratamos de evitarlos, escudando nuestros cuerpos tras los brazos.

Pero entonces oí un sonido que me heló la sangre, la preparación gutural de lo que sería un gruñido. Y entonces vi a las bestias: una cruza entre cerdos y caballos, salvajes, negros. Mostraban sus dientes afilados mientras corrían hacia nosotros.

Entramos al castillo para huir de ellos. Nos persiguieron allí, mordían mi carne. Pero pude ver los ojos de uno y vi que su naturaleza era dócil en el fondo, muy en el fondo.

Alguien dijo en voz alta una idea, y entonces yo rebusqué en mi bolso un frasco. Y puse en las fauces de cada uno una pastilla para dormir. Y todos descansaron.

Y todos descansamos.