La lanza final


Los recuerdos no saben leer
pero saben hablar
y tienen una manera de susurrar por las noches…
¡Ay!

Llevamos juntos tanto tiempo
que los llamo por su nombre
y los invito a mi casa
a vernos las caras,
a batallar.

Ellos viven en cajones,
junto a casetes y cuadernos,
junto a polvo y secretos
y en otros rincones.
!Ay!

Nos combatimos tanto tiempo
que ha llegado el final.

Llamé a mi presencia
al más triste de ellos
a voluntad.

Y tras el día-disfrute,
apareció ante mi puerta,
en el día-herida,
la lanza final.

Pasó, y no volverá a pasar:
el dolor, la derrota, la confusión,
la vergüenza, la culpa, la postración.