Siéntate allí,
cierra los ojos y calla.
No diré nada.
Escucharemos el silencio
e imaginarás una ventana.
Y eso será todo.
Una preparación
para cuando yo me vaya
a ese lugar en que no crees.
—Mira la ventana—
Siéntate allí,
cierra los ojos y calla.
No diré nada.
Escucharemos el silencio
e imaginarás una ventana.
Y eso será todo.
Una preparación
para cuando yo me vaya
a ese lugar en que no crees.
—Mira la ventana—
Ashamed.
I can’t command the strength
to glance
a la gente que pasa.
La noción de mí
—avergonzada—
has my soul in pain
y baja mi mirada.
Should I close these doors again,
las que abrí emocionada?
Should I declare the end?
Should I hide mi alma?
Toda la noche, como en un delirio,
explicaba cosas que no entenderás
porque yo misma no sé explicarlas
al despertar.
De pie, nos separaba un negro vacío
y el mismo mensaje se repetía:
Nada que lamentar.
Te hablé sobre la importancia de tu risa,
de como el silencio se malinterpreta,
de como hay etapas en que somos felices
y otras en las que sólo queda aguardar.
Baja la guardia, decía.
La guardia baja sentía.
Y la importancia de saber tu sonrisa.
De pie, y a través del vacío negro
la conexión se hizo clara,
visible y física:
Entre nuestras almas, un cable iluminado.
Era la luz que atraviesa un túnel oscuro y largo.
Cierra los ojos y puedes verla,
(…).