Jamás existió el tiempo,
ni el posible presente,
ni el ayer.
Sólo fue
un reloj de arena
que se deja disolver
(entre mis piernas).
Sólo fue el tiempo robado
al desesperante tic tac
de los relojes de tu infierno
y de mis escaleras.
Nunca fue el tiempo,
ni el otro, ni tú.
Nunca fueron tus manos,
fui yo
la que eligió la ruta a la nada,
el reloj sin mañana,
el futuro sin esperanza,
el perdón.
