Reloj de arena


Y mi mano sobre mi boca,
buscando la respiración
que colapsa.

Es esa urgencia,
ese tipo de urgencia
impuesta

cuando uno solo
necesita

pensar…

respirar…

temblar…

gritar…


pusiste el reloj de arena
sobre la mesa
y le diste vuelta,
pero es tu mano la que tiembla.

Es
cuando
giras el vaso
que aprisionaba
a las estrellas
y todas escapan
revoloteando
y golpeándonos
en la cara,
o al menos
esas fueron
tus amenazas.

Es el tiempo
que dices
que amaga
con detener la luz
que parpadea.

Es un:
«decídete»,
pero tú
voz tiembla.

Tu voz tiembla
y grita y revolotea
y llora
y parpadea.

Y mi respiración…
escapa y colapsa,
aprisiona y se apaga.

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Conceptos (sueño)


Huí toda la noche. Por fin fui experta en atravesar ventanas entreabiertas, en deslizarme entre puertas entrecerradas.

En un punto subí la escalera de un rascacielos lujoso sobre una ciudad conocida. La gente con vestidos elegantes y portafolios brillantes conversaba animada. Los escalones eran totalmente transparentes, de extremo a extremo. Yo sentía que ascendía sobre el vacío. Corría sobre la nada, sobre calles y gente, sobre aire.

En la azotea, trataron de arrodillarnos y hacernos orar mirando en la dirección correcta, la que siempre dicen que hay que mirar cuando se reza. Pero yo corrí. Corrí pese a las armas apuntadas a mi cabeza.

Cuando llegué al juicio final, fui una simple espectadora de la escena. Los enviados separaban a unos de otros. Los que sí de los que no se salvarían. Un par de almas buscaban aún a Dios. Me enfoqué en ellas. En medio de los gritos, solo las vi a ellas. Alzaban sus manos y sus corazones, escudriñaban con ojos inútiles. Mas lo encontraron y se les abrió una puerta. Salieron del caos, escaparon a la condena.

Cuando llegué por fin a casa, no fue lo que esperaba. Metí la llave a la cerradura. Alguien bloqueó la entrada desde el otro lado. Oí mi propia voz preguntando quién era. Vi mi propio rostro cuando se entreabrió la puerta. Nos miramos las dos, la misma. Pero era una época distinta. Supe ahí que el tiempo es un engaño, que lo que se cree lineal no lo es, ya ha pasado. Es un círculo o una espiral o una forma que no me explico. Todo lo que es ya ha pasado.

El bien y el mal me parecieron martillos; y yo estaba aprendiendo a discernir cuando golpeaban. Deseaba: si pudiera dormir más podría descifrarlo, si pudiera seguir podría descifrarlo.

Tiempo


No entiendo de estaciones,
ni de eclipses,
ni de horarios.

Cuando uno desaparece
durante años
el ritmo de los relojes
se vuelve falso.

El tiempo absoluto y la línea directa (sueño)


Sueño, realidades…

SALTO AL REVERSO

Hace poco que volvieron mis sueños, después de una larga sequía. Entonces, pesadillas de muerte; entonces, persecuciones de asesinos; y yo, ocultándome para proteger mi vida. Todo eso.

Pero lo que pasó anoche… Tengo que obligarme a ponerlo en palabras porque pienso que es importante, esencial. Creo que entendí un mensaje superior sobre cómo funciona esto: la vida, la muerte, el mundo.

Dormía, en un sopor profundo. Quizás esto podría ser atribuible al delirio de la enfermedad, pero nada de esto lo he inventado. Soñaba. Y advierto que las imágenes son lo de menos: lo importante es el sentimiento.

Subía las escaleras hacia un lugar lleno de seres, lleno de cosas. Un supermercado, podrían llamarlo. Pero no.

En lugar de gente, había espíritus. No eran personas de carne y hueso. Había seres que eran muerte y uno de ellos me hablaba directamente. Su rostro tomó la forma de una calavera, para que…

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Las cuatro dimensiones


Subí la escalera y me encontré ante la entrada de un departamento. Todo lucía sucio y desgastado, como en una vecindad.

Tras la puerta de lámina blanca, encontré otras cuatro puertas que daban a cuatro cuartos vacíos e igualmente sucios.

De alguna manera supe que cada cuarto representaba una dimensión: longitud, altura, profundidad y tiempo.

Me acerqué al cuarto del Tiempo, que parecía llamarme más que los demás. Entré y vi escombros en el piso. Más allá, estaba la puerta de un baño.

En él, tras una cortina plástica de regadera, supe que se encontraba algo que me llamaba cada vez más imperiosamente, como un pulso, como el sonido repetitivo que hacen las olas del mar por la noche, barriendo el aire… ffffff… ffffff… cada vez más fuerte.

Atraída sin remedio, pese al horror que sentía por lo que pudiera haber detrás, me acerqué.  Y sin lanzar primero mis manos para protegerme, metí de lleno la cara, a través de la cortina, en la regadera. Y miré…

Y de inmediato, sentí el impulso de tirarme por la ventana. Lo que estaba detrás de la cortina vendría por mí. Era preferible lanzarme hacia la nada.

Y lo hice. Salté.

Y caí en un jardín abierto, cubierto de pasto seco.

Pensé que estaba muerta, pero entonces alguien llegó por mí, en una especie de carreta.

Yo había perdido mis zapatos en mi caída, pero esa persona me los devolvió. Me subió a la carreta y me llevó de ahí.

Había más personas con nosotros en la carreta. Se detuvieron a pedir algo de beber y, después de dudar, pedí una cuba, que no sabía en absoluto a ron ni a coca.

Les conté mi experiencia en el cuarto, en la regadera. Pero a nadie parecía importarle, simplemente querían marcharse de allí, seguir la fiesta.

Reloj de arena


Jamás existió el tiempo,
ni el posible presente,
ni el ayer.
Sólo fue
un reloj de arena
que se deja disolver

(entre mis piernas).

Sólo fue el tiempo robado
al desesperante tic tac
de los relojes de tu infierno
y de mis escaleras.

Nunca fue el tiempo,
ni el otro, ni tú.
Nunca fueron tus manos,
fui yo
la que eligió la ruta a la nada,
el reloj sin mañana,
el futuro sin esperanza,
el perdón.