Sin sentido


Primera parte

Estábamos preocupados porque nuestros pasivos habían superado a nuestros activos. (Ja ja ja, el efecto de mi tipo de trabajo). Uno de nuestros compañeros de casa llegaba, angustiado, y yo le preguntaba: «¿Cómo te enteraste de que estamos en quiebra «PricewaterhouseCoopers me avisó». (Ja ja ja) Entonces comenzábamos a prepararnos para una inspección-auditoría: limpiábamos la casa para que los contadores encontraran todo ordenado y reluciente (¿?). Este sueño demuestra que mi subconsciente no comprende muy bien las finanzas personales. ¡Juro que las entiendo mejor! En el trabajo me regañarían…

Segunda parte

Durante el medio tiempo del partido, la cancha de futbol se convertía en una alberca en medio del estadio repleto. Javier me llamaba para que fuera a nadar con él, pero la vigilante no quería dejarme pasar. Entonces le mostré mi anillo y le grité casi: «Yo soy la esposa del mejor futbolista del mundo» (Ja ja ja, tal vez exageré un poquito, pero mira lo que pienso…).

Entonces me dejaban pasar y creo que yo nadaba con ropa durante los 10 minutos que sobraban del descanso. Luego Javier me dijo: «Ya salte». Y volví a las gradas con mi gente para mirar el resto del partido.

Tercera parte

Javier y el Nigger habían intercambiado sus cuerpos. Se habían puesto de acuerdo para hacer un «soul switch» (creo que esto lo saqué de la película de Chucky). Y yo le decía a Thabata: «¿Qué no se te hace extraño?» Y luego me enojaba con Javier porque le decía que yo no estaba de acuerdo, que nunca me lo preguntó, que cómo iban a ser nuestros hijos, qué debían volver a intercambiar sus cuerpos… Ja ja ja.

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Cuarta parte

Nada… Que Alan estaba en casa, jugando con mi computadora. Que yo abrazaba su pequeño cuerpecito mientras platicábamos tonterías. Ah, cómo lo extraño…

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Sueño ajeno


(Javier dice:) Estábamos en el campo de guerra. Ya habíamos acabado con los alemanes cuando cruzamos la colina. Todo nuestro ejército estaba en posición, pero de nuestro batallón sólo quedaban 15 soldados. «Bring the boys back home», cantábamos. Y todos los demás nos miraban como pensando: «Ya llegó el batallón de los locos». Ibamos a hacer un gran ataque.

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Tú estabas allí en la guerra. Entonces decidí casarme de una vez contigo, te dije que si no era ahora, probablemente íbamos a morir en la guerra. Frente a una gran piedra, un padre nos casó. Era grande y gordo, como el Fraile de Robin Hood.

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Paisajes que estaba buscando


(…) Subía las escaleras de piedra gris de la vecindad-hotel de una decena de pisos. En un descanso de los escalones, la luz o el sonido me atrajo. En el espacio abierto se podía mirar el mar.

El océano estaba furioso, de un color gris levemente verdoso, seguramente frío y salado. Las olas rompían por todos lados sin orden y a cada segundo. A la orilla de la playa había sólo grandes rocas grises.

Dos o tres parejas subían riendo la estrecha escalera desde la playa (shore). Tuve que hacerme un lado para darles paso.

Después seguí subiendo hacia un puente de la misma piedra gris que conectaba los edificios del complejo. Desde el puente se podía contemplar la ciudad entera: grande, cercana, con edificios bajos que daban la impresión de que era antigua y ruinosa.

Pero por aquel lado se veía humo y lenguas de fuego. El edificio era cercano y se podían ver las llamas consumiéndolo por dentro. Los bomberos acudieron, la gente afuera se aglomeraba en confusión.

Una mujer joven se me acercó, me pidió que la ayudara: ella tenía que reportar eso. Era una periodista. Me entregó una cámara de video. Ella tomó un micrófono y comenzó a hablar, describiendo el incendio.

Sin embargo, la tierra comenzó a moverse, no sé si por un terremoto o por efecto de una explosión lejana. Pero el movimiento no me dejaba enfocar la cámara o siquiera estar de pie inmóvil.

No supe como salimos de allí. (El olor penetrante del mar salado en el aire). (…)