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Acerca de Carla Paola Reyes

Editora general de Editorial Salto al reverso. Mi objetivo es fomentar mi crecimiento profesional y personal impulsando a escritores y artistas para que publiquen sus propios libros. Soy editora general de la Editorial Salto al reverso, que publica obras de poesía, relato y artes plásticas en inglés y en español.

Inválida (piernas, humo, sueño)


Que no podía caminar. Era la única a la que no le funcionaban bien las piernas, y en esas calles y mercados llenos de gente, yo tenía que arrastrarme.

Después, estábamos reunidos todos en una especie de salón de clases y al frente, el profesor hablaba.

De repente, comenzó a entrar humo a la habitación, todos comenzamos a tener mucho sueño y varios se quedaban dormidos. Yo veía como se daban por vencidos todos, sin luchar, pero yo no quise.

Les grité, les ordené que saliéramos de ahí para salvarnos, antes de que el sueño nos derrotara. La mayoría me siguió.

Al cabo de un rato, tontamente decideron regresar. Y la pesadilla del humo comenzó de nuevo.

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Anoche, tras la advertencia de ella, de que mi subconciente dispararía más imágenes de las habituales, sueños a cada minuto.

Noche de sueños abundantes sin sentido que acabé por no recordar.

Ali


Manejaba de prisa y de noche bajo la lluvia. Recuerdo vagamente que había estado antes en casa de mis padres. Buscaba algún lugar específico y tenía miedo de chocar en la oscuridad, de derrapar en el pavimento mojado. Iba acompañada: una mujer me guió hacia el sitio en que la carretera se convertía en una especie de glorieta, un camino en espiral, circular, cuyo centro estaba custodiado por un hombre.

«Es aquí», dije y él respondió: «Sí, tienen que bajar por aquí» y señaló una especie de túnel que iniciaba allí. Ella se aventó primero con los pies por delante y boca abajo. Yo me incliné sobre la abertura con la cabeza por delante. Ella trató de sostener mi mano para que cayeramos juntas, pero no me alcanzó: solo oí su grito.

Cambié de idea y me gire para caer como ella, de pie, y me lancé. Pero en vez de una caída sin control, me encontré cayendo suavemente y luego bajando por una escalera en cuyo rellano siemptre habia alguien a quien saludar. Pisos y pisos…

Recordé inevitablemente la caída de Alicia, una caída que hasta producía ganas de dormir.  Y supe que la intención era que yo olvidara que estaba soñando o cuál era mi misión. Creo que funcionó ya que después sólo recuerdo imágenes vagas: lluvia, balas persecuciones, pero creo que fallé en mi misión.

Six Flags


Que yo lograba conseguir los boletos para ir al famoso parque de diversiones, y hacía a todos muy felices.
Que comíamos manzanas (veneno) y dulces.
Que el despertador arruinó el momento de mi alegre compañerito de por fin subir al esperado juego.
(Creo que es hora de que deje de conseguir en Ticketmaster boletos para todos y para todo evento al que los demás quieran ir).

Pesadilla psicológica


Que salía de una casa, de un portal, y afuera había un hombre.
Me asusté de inmediato al verlo.
Él me tomó de los hombros para llevarme con él. Me llené de pánico.
Como pude, me resistí entrando en la primera puerta que vi. Era una tienda de abarrotes.
Creo que yo estaba montada en los hombros de este sujeto, que era enorme.
En el techo de la tienda, a mi alcance, había copas, vasos y botellas. Tome una botella y rompí el vidrio, para usarla como arma.
Golpeé su cabeza una y otra vez, una y otra vez, hasta que la destruí, hasta que no fue sino una masa sangrienta.
Y como yo estaba sobre sus hombros parecía que yo había destruido mi propia cabeza. No podía ver mi cabeza.

Adulta


Un poco de decepción: me graduaba de la universidad, me daban mi diploma y nadie ne hacia caso.
Salía de viaje con mis papás y les decía que quería dormir y me decían que entonces ya querían regresar a la ciudad.
Salíamos de casa y yo manejaba y tenía que sacar a mis perras.
Me sentía mal porque me trataban como a un adulto excesivamente o sin ninguna consideración más bien.

Boda


Que tenía que sostener en mi mano una cucaracha enorme.. Era como un escarabajo, duro y cuadrado.
En mi asco, lo apreté demasiado y le empezó a salir un liquido viscoso color lila. Estaba en riesgo de matarlo y no debía.
Por fin llegué a un lugar donde pude meterlo a un cajón. Aghhhh.
—–
Estaba en un hotel, encerrada con varias personas que tenían un problema mental o algo. Yo era una de ellas.
Cada quien tenía un cuarto. En el de alguien había un bebé en una canasta, a oscuras, había que ir de vez en cuando a cuidarlo.
—–
Tenía que ir a comer a casa de mis papás, pero al salir, la policía nos agarraba y nos llevaba ante el juez.
El asunto era por una vez que habíamos estado en Cuernavaca, según haciendo escándalo en la vía pública. Me preguntaron si los shorts que llevaba eran demasiado provocadores, dije que no porque no lo eran.
Yo sentía que todo aquello era una estupidez, yo sólo quería irme. Mi sentencia se vería reducida si en mi vida había hecho obras sociales, pero no me tenían en cuenta todo lo que hice en la Guay.
La sentencia fue exagerada. Mi papá estaba allá afuera y yo me alegraba de que fuera el día de mi boda porque así no sufriría su enojo. Ya no volvería a esa casa.
Me senté en el suelo, viendo a la gente que salía vestida y preparada para la ceremonia.
Entonces, era la boda de Sheila, vestida de blanco.
Se organizaba la procesion antes de lo que yo esperaba y me formaba hasta atrás, sola.
Entraba y me pregunté porque no bailábamos. Ah… Era la boda de Thabata. La vi de pie frente a la inmensa plaza de piedra gris, vestida con un vestido morado con vetas y el pelo medio recogido. Muy guapa.
El escenario era impresionante: un semicirculo de bancas de piedra pulida. El cielo totalmente abierto, al atardecer y pocas nubes de colores. Una brisa fuerte y agradable.
La gente tomaba asiento a su alrededor, las damas vestidas de lila.
Me senté lejos. Hasta que vi que Thabs estaba muy nerviosa y me senté frente a ella. Le pregunté que qué pasaba, me dijo que el Nigger no llegaba, que estaba apenas en Lago. Pero había tiempo y había que tener paciencia. Ella fue a hablar con los tipos de la música.
Alguien al lado de mí me dijo que yo lucía embarazada. Le pregunté si lo decía en serio y después de poner su mano en mi panza dijo: si, 24 semanas… Hice el cálculo y pensé que era demasiado.