Señor, en mis duelos


En la caída de los pasos inmisericordes sobre el suelo

del que va caminando firme, pero lento,

hundiendo y lastimando la hierba al nivel de la tierra,

descubrí la forma en que te he huido 

y cómo te he estado abandonando, Señor, en mis duelos, 

y en las luchas de las cálidas tormentas del destroce, 

y en las nubes de humo de mi aliento de perfume.

 

Toma mis dos manos, Señor, 

arrástrame en la arena hasta que pueda yo seguirte 

con los pasos ligeros y piadosos del que desea llegar temprano,

del que sin bendecirlo tampoco maldice el suelo que está pisando. 

Abrázame con fuerza que ya ningún abrazo me queda 

desde que he perdido el contacto de otras almas y otros cuerpos.

Despiértame que ya me he agotado del descanso 

que he tomado en las treguas de mis guerras. 

Levántame y no permitas que yo te dé la espalda.

Bendíceme y déjame que libre mis batallas.

Labios en ceniza (autorretrato)


El vino rojizo 

incendia 

pasillos sangrantes. 

Mis labios grises 

se vuelven, 

de ayeres, 

ceniza. 

¿Y cómo estás hoy? 

Ya no hay tiempo 

y yo no estoy. 

Mis ojos se ciegan, 

rodean mis miradas 

un velo de luz 

púrpura y oscura. 

Mis labios, 

mis labios no besan 

y son, 

de ayeres, 

ceniza. 

Miradas perdidas.

 

Ojalá no durmiera esta noche 

para poder deshacer el nudo ,

y desnudar el hilo,

y deshilar el desnudo 

en que se convirtió mi mundo,

lejos tuyo.

 

Ojalá no viviera esta noche 

para no sentirme 

entre caminos sin rumbo, 

entre crueldades de sueños, 

sin soledad, sin futuro,

dueño, lejos tuyo. 

 

Sin embargo, vivo. 

Sin sentido, duermo 

y no acallo mis lamentos. 

Ojalá no gritara,

ojalá deshiciera dentro 

cualquier dolor y muralla,

cualquier sufrimiento .

 

Sólo dame un silencio 

que yo responda en silencio,

para dormir el enredo,

para vivir sólo dentro 

el sufrimiento. 

 

Inmóvil


No corre el tiempo,

el agua detiene

cualquier movimiento

de cuerpo y mente.

 

La luz traspasa,

descansa al fondo.

Mis manos se pasman

y ya reconozco

 

la fuerza dolida,

el amor dichoso.

En tu lejanía

duermen mis ojos.

 

No bebe el viento

el llanto silente.

Cualquier movimiento

se aquieta y muere.

Autorretrato en angustia


Los ojos en húmedo brillo,

el cabello corto como un chico, 

la tez pálida, 

las mejillas encarnadas, 

la frustración, 

la impotencia, 

la preocupación y la angustia. 

Me he arrodillado

para rogar, temblando, 

una promesa de seguridad 

                         y cuidados 

para prometer de rodillas, 

jurando, protegerlo a él 

contra el miedo y lo falso, 

contra su miedo a lo falso, 

contra los miedos falsos. 

Los ojos destelleando, 

encegueciendo el llanto. 

Autorretrato de otoño tibio


Una cicatriz 

sobre la boca, enrojecida, 

resaltando sobre los labios 

que, al menos hoy, 

no están tan pálidos. 

 

Las mejillas limpias, 

de sol, encendidas. 

 

La mirada de asombro 

ante el pensamiento 

denso, bello y mágico 

que sugiere lo abstracto. 

 

La piel desnuda 

bajo lo blanco. 

 

El cabello en oro,

enmarcando el rostro. 

 

El aire suspendido 

dentro, algún segundo. 

 

Los hombros delgados 

en líneas suaves, 

soportando el peso 

del viento violento. 

 

Una cruz escondida 

en el pecho. 

 

Los ojos obscuros 

sin su acostumbrado 

y púrpura cerco. 

 

Frágil y sin niebla, 

Bonita y atenta.

Ella / Asesina (poesía)


Miré al espejo y ella
tenía las lágrimas negras de la oscuridad del alma,
los ojos sin vida,
las pestañas caídas,
el alma deshecha,
la paz destruida
y el corazón hecho una piedra.
Ése que amó, que sonrió y adoraba,
el corazón de ella, convertido en nada.
Esta noche todavía lloraré la nostalgia
pero mañana, asesina, sonreiré de rabia
porque mañana seremos fantasmas.
Iré a matarte, mañana,
y seremos nada.

Foto: SXC

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