Café y espliego (poesía)


Publicada originalmente en Marimarus

Desde la lejanía de los años
me acuerdo,
mi amor pequeño,
mi cielo,
que tus besos sabían a café,
a canela, a miel y a menta,
y a sabores que nunca probé

(sólo en ti)
(sólo en ellos)

Desde la ruina del tiempo
recuerdo
que tú decías siempre que mi piel
tenía aromas que nunca oliste:
a brisa, a algodón y a espliego,
a manzanas recién cortadas,
a jabón mezclado con té Sigue leyendo

Señor, en mis duelos


En la caída de los pasos inmisericordes sobre el suelo

del que va caminando firme, pero lento,

hundiendo y lastimando la hierba al nivel de la tierra,

descubrí la forma en que te he huido 

y cómo te he estado abandonando, Señor, en mis duelos, 

y en las luchas de las cálidas tormentas del destroce, 

y en las nubes de humo de mi aliento de perfume.

 

Toma mis dos manos, Señor, 

arrástrame en la arena hasta que pueda yo seguirte 

con los pasos ligeros y piadosos del que desea llegar temprano,

del que sin bendecirlo tampoco maldice el suelo que está pisando. 

Abrázame con fuerza que ya ningún abrazo me queda 

desde que he perdido el contacto de otras almas y otros cuerpos.

Despiértame que ya me he agotado del descanso 

que he tomado en las treguas de mis guerras. 

Levántame y no permitas que yo te dé la espalda.

Bendíceme y déjame que libre mis batallas.

Labios en ceniza (autorretrato)


El vino rojizo 

incendia 

pasillos sangrantes. 

Mis labios grises 

se vuelven, 

de ayeres, 

ceniza. 

¿Y cómo estás hoy? 

Ya no hay tiempo 

y yo no estoy. 

Mis ojos se ciegan, 

rodean mis miradas 

un velo de luz 

púrpura y oscura. 

Mis labios, 

mis labios no besan 

y son, 

de ayeres, 

ceniza. 

Miradas perdidas.

 

Ojalá no durmiera esta noche 

para poder deshacer el nudo ,

y desnudar el hilo,

y deshilar el desnudo 

en que se convirtió mi mundo,

lejos tuyo.

 

Ojalá no viviera esta noche 

para no sentirme 

entre caminos sin rumbo, 

entre crueldades de sueños, 

sin soledad, sin futuro,

dueño, lejos tuyo. 

 

Sin embargo, vivo. 

Sin sentido, duermo 

y no acallo mis lamentos. 

Ojalá no gritara,

ojalá deshiciera dentro 

cualquier dolor y muralla,

cualquier sufrimiento .

 

Sólo dame un silencio 

que yo responda en silencio,

para dormir el enredo,

para vivir sólo dentro 

el sufrimiento. 

 

dios


Odio el sonido de los segundos al pasar: 

aquel ruido artificial que le han dado los hombres al suave deslizar callado del tiempo.

Y odio que rebajes mi valía bajo tu mano de dios.

A ratos te espero, oculta, al acecho de un brillo de cariño feroz en tus ojos, pero… 

¿Qué era eso? Era compasión o era…

Límpida tu mirada, sin la sangre de tu ausencia, de ojos claros, explícita, declarada y pura.

¿Qué era eso? Era compasión o era rencor concentrado. No, no era.

A ratos te espero.

A ratos mejor, al descaro, te llamo adelante y me acuerdo 

de cuando cubrías mi cuerpo con tu cuerpo y mi alma con una venda de luz, 

bendiciendo aquel tiempo por el que fui desde siempre maldecida.

A ratos me acuerdo, pero por siempre me lo callo, 

porque tú lo has olvidado todo en el dolor de tu caída.

Perdón. No rebajes, con tu mano sagrada, mi valía.

No me humilles en mi adoración ferviente.

No me hagas arrodillarme a tus pies, pagana.

No me orilles a la muerte, mi dios.

No me olvides en la muerte, mi dios.

Debo esperar a que amanezca


 

Nada que decirnos,

somos dos conocidos que se desconocen a voluntad,

pero…

 

<<¿Sabes por qué cae el agua?>>

 

yo fui materia de tu alma,

vida de tu risa y asesina de tu alegría.

Debo esperar a que amanezca,

a que el frío descienda de tu rabia.

Debo esperar a que se agote el silencio,

cansado de existir…

 

<<por el afán de alguien>>

 

Miré hacia arriba,

la indiferencia que me ahogaba en un abrazo tuyo.

Miré donde se oculta el sol apenas.

Miré hacia dondequiera que está el horizonte.

Yo te hice temblar en tu fe,

tú a cambio te ensañaste en destruir mi paz.

 

<<¿Y si alguien dejara de esforzarse?>>

 

La luz amarilla de sol,

el combate día a día contra las sombras

cansa, a pesar de ser sublime.

Se enciende todo al fin del alba,

se apaga y muere todo en el desdén.

 

<<Algún otro acabaría muerto>>

 

Pero no tú, no yo, no desataremos el lazo,

por eso aún sueño y aún aguardo

y tu compañía resulta densa e imposible.

 

<<Sabes tú para qué cae al agua?>>

 

No despunta el sol, se retrasa la mañana,

asediada por el sonido de los relojes.

Debo esperar a que amanezca.

 

<<Para evitar la muerte de alguien>>

Eterno


Otra vez, 

Eterno, 

frente a tus ojos claros, 

tu mirada disidente, 

la mía, delatora. 

¿Por qué insisto, 

insisto tanto, 

en mirarme en ti, 

en ultrajarme? 

Otra vez, 

invierno, 

no podré perdonarme. 

Es eterno tu llanto,

como dios, 

         eterno. 

Eterno, pero lejano. 

El dulce estruendo


Tras el estruendo,

bajé mis ojos 

al ras del suelo, 

cegados, cuando antes 

habían estado 

equivocados. 

Hasta despedacé

tu alma translúcida 

entre mis manos 

y me abriste 

el corazón 

en dos pedazos. 

Tras el estruendo 

bajé mis ojos 

avergonzados, 

caminé sobre cristales 

amontonados 

sobre los restos 

de mi pasado. 

Y fue una pérdida 

de nuestros cuerpos 

enamorados, 

y fue una lástima 

nuestros espíritus 

tan alejados. 

Tras el estruendo 

de cristales rotos ,

cerré mis ojos, 

maté mis manos, 

castigué por años 

nuestro amor 

que no se borra 

ni con engaños. 

Tras el estruendo ,

cedí mis labios, 

perdí tu abrazo. 

El asesinato 

de nuestro amor 

no me perdono. 

Tras el estruendo, 

cristales rotos,

enamorados.