Dos mil ángeles y el mío (sueño)


Me miro en el espejo por séptima vez en la mañana:
mi cabello se tiñe del color de mis ojos ahora oscuros,
más pálida hoy que ayer.
Nada detrás, nada delante.

La jaula de plata me lleva al subsuelo.
¿Nadie?

Siguiendo mis pasos, él:
torso desnudo, porte altivo, rebelde,
alas enormes azul celeste,
ojos fulgurantes en la bruma,
bello.

Camina invisiblemente silencioso tras de mí,
mira fijamente.
Me detengo – se detiene.
Busco a mi amante;
me escucha mi amante.
Sigo, sigo.
Un abismo se abre a mis pies
mientras prendo un cigarrillo.
Lo apago en él para apaciguarlo.
Se cierra. Camino.

—Memoria imperecedera,
recuerdos que no mueren—. Sigue leyendo