Líneas, lirios


SALTO AL REVERSO

«Lirios», fotografía por Crissanta.

Silencio absoluto;
no me atrevo a quebrarlo.

Al final, no tengo fuerzas
para soltar tu mano.
Tampoco tengo tiempo
para estrechar el abrazo.

¿Qué es el tiempo?
¿Una hora, un espacio?
¿Un continuo?
¿Un momento prolongado?

Es mi mano en tu mano,
es un cuarto blanco,
es un lirio morado.

Son líneas
que comenzaron,
que terminaron.

En una llamada,
en un primer llanto,
en un fiero incendio,
en un arrebato.

Ver la entrada original

Flor infinita


«Flor de loto», por Crissanta

Desde el principio era ella,
en el silencio y la oscuridad,
en el aislamiento,
donde la vida germina
ajena al resto.

Y al principio, ella
absorbió de la tierra
lo que le proveía,
sin discriminar.

Y un día asomó
al aire,
a la caricia del sol,
a la energía.

Y por esfuerzo de vida
de la savia que corría,
arrojó una hojita
y luego dos.

Y su tallo era frágil y delgado.
Y había días de escampado
en que la arrasaba el calor,
la torturaba la sed.
Y sin la lluvia, su rocío
dejó de verter.

Y nada la protegía
del cambio de clima.

Una vez el sol se escondió
durante días.
La falta de luz la turbó,
el sonido del aire la alertó.
Y vino el viento
y arrancó sus dos hojitas.

Se sintió mutilada,
muerta, acabada.
Y su vida se adormeció.

Pero seguía siendo ella.
La fuerza de vida
volvió a generarse
en el mismo aislamiento
del que surgió.

Se recluyó
a juntar energías,
a reparar el daño.
Se refugió.

Pero el sol seguía llamando
y la lluvia esperando
cuando ella revivió.
Estiró su alma a la luz
y el agua la acarició.

Reverdecida y limpia,
emergió
renació,
revegetó.

Numerosas hojas
poblaron sus ramas
y se llenó de sol.

A veces aún temía
al calor despiadado,
a la sed de sequía,
al rocío ausente
y al viento de muerte.

Pero su tallo era fuerte,
sus hojas, cuantiosas,
su savia, un caudal.
Grande y hermosa,
pura y dichosa,
nada la volverá a dañar.

Y de su cima
surgió entonces
la flor infinita,
la que no tiene final.

de pétalos morados
que nunca mueren,
de pétalos amados
que siempre florecen,
de vida hecha
para la eternidad.