Nostalgia


Ella se mira las manos, extrañada;

las examina frente a sus ojos

dudando,

temiendo que pueda ser verdad:

Que la nostalgia se sienta tan real,

que la emoción de extrañarlo

se sienta en los dedos

como un breve cosquilleo,

como si su mano quisiera encontrar a otra

que abandonó hace tiempo.

Como si fuera posible ignorar

el sollozo al fondo de la garganta,

ese abismo perpetuo que aguarda

a que él olvide y ella se vaya.

Juego


Ya sé cómo es el juego:

Tú dirás ‘ojalá’, yo diré que no.

Tú dirás que comprendes, yo diré ‘tal vez’.

Tu dirás que sí, yo diré ‘está bien’.

Y luego ya está: Todo acordado.

Yo miraré al principio, luego me aburriré.

Y entre el deseo y los bostezos, me dormiré.

Serena (Autorretrato)


Tal vez un poco mayor,

bajo la luz tenue de la habitación.

Mi rostro muy pálido

de ojos bellos y cansados,

perpetuamente oscurecidos.

El cabello en rubio y dócil,

enmarcando suavemente el rostro.

La boca con sonrisa y no

(ambas soy yo)

Mi rostro pálido y quizá un poco mayor

destaca contra el camisón

y la seda negra apenas cubriendo del viento

que se cuela en en la habitación.

Cansada y tranquila,

preparada y lenta,

valiente y bella,

hermosa y adulta,

serena.

Holbox


Silencio permanente.
El mar ante mí, dispuesto,
miles de metros adentro.
Y mis pies aún caminan la arena,
el agua de azul turquesa,
azul marino y profundo,
beige luminoso y cielo,
y una eterna nube blanca.
El calor del sol, ardiendo,
ilumina mi cuerpo.
Por momentos, todo brilla en amarillo.
El sonido apacible del mar,
el viento y un pajaro canta.
Esto no puede ser verdad.
Sencillamente,
esto es imposible.
Embriagada de tanta belleza…

Sutil sufrimiento


Fui a verte por vez primera
sintiendo el dolor en mi cuerpo.
Me arrodillé donde lo hacías,
miré nuestras manos en silencio
y toqué nuestros brazos
atados por años, secretos.

Lloré contigo por vez primera
cuando me acerqué a tu recuerdo,
a tu desolada figura,
a tu sutil sufrimiento.
Y oí tus gritos de rabia
rompiendo años, silencios.

Miré tu rostro con miedo,
contuve mi aliento.
Y pude tocar tus heridas
abiertas y a la vez, frías.

Arrodillada y sin fuerzas,
inmóvil en la desdicha.
Sentías el océano dentro
maligno y enfurecido

Te consolé por vez primera,
surcando el mar que está adentro.
Escuché tus cien voces
y abrí tus secretos,
ahuyentando reproches, miedos.

Quité el arma de tu mano
y recuperé tus sueños,
acallé a tus verdugos
y terminé tu tormento.

Y terminé mi tormento.

Te miré por vez última
cuando el llanto se fundió en la risa,
cuando logré la victoria
cuando el alivio no fue tristeza.

Me despedí sonriendo
de tus ojos abiertos,
de tus manos sin armas,
de tus nuevas esperanzas.

Salí del cuarto por vez primera.
Dejé el recuerdo sanado,
entrelacé mis manos,
miré mis brazos, abrazos.

Sobrepasé el sufrimiento.