Arte y denuncia

Hay cosas que piensas
y no las dices a nadie
porque no tienes a nadie,
o al menos eso piensas.

Pasan como flechas oscuras
que lastiman, que asustan,
que confunden,
que avergüenzan.

Pensamientos turbios
o afilados como cuchillos,
desoladores o confusos,
violentos como estallido.

Sueñas golpear, atacar,
destruir al mundo.
Deseas herir, terminar,
destruir tu mundo.

Y luego irrumpe el mismo mundo
—la cotidianidad, el absurdo—
y tú finges y sigues
en ese aislamiento mudo.

A veces tratas de romper el muro:
sacas a flote
algún pensamiento oscuro.
Y recibes a cambio
el miedo en sus ojos,
la extrañeza en sus hombros,
la incomprensión a todo.

¿No has pensado que el problema no es tuyo,
sino de aquellos que no saben ver lo profundo?

Y entonces
el silencio
atrapado
se vuelca
en ira
y en caos.

¿De dónde viene esa violencia?
¿Quién la puso y desde cuándo?
¿Estás seguro de…

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Victoria


Victoria.

¿Lo hemos logrado?
¿Yo y ella,
él y todos,
Dios?

¿Adiós al continuo salto
al filo de la navaja
de la razón?

¡!

Maravilla,
controlar mis manos.

Gloria,
usar mi voz.

Suprema dicha,
desterrar la idea
asesina,
atroz.

¡!

Ella,
sus manos que guiaron mis ojos
para ver.

Él,
infinita paciencia
que me regaló la alegría
y la fe.

Él,
mi prodigio de calma,
sus ojos limpios,
sus palabras que me llenaron
de amor.

Él,
quien alcanzó mi mano
en el abismo mayor.

Él,
cuya traición y malicia
provocaron la reacción.

Él,
el enemigo
que se reveló.

Dios,
que definió el montaje
y rehusó el deseo
de mi corazón.

Bien,
me quedaré una hora,
el minuto siguiente,
décadas bajo el sol.

Si eso es lo que quieres,

Dios.

Toda la vida
bajo el escudo
que hemos creado
ellos y yo.

Final victoria.
¿Lo hemos logrado?
¿Realmente acabó?

Nudo corredizo / Mariposas negras


Que iba a colgarme con una cuerda. Estábamos en un clóset muy pequeño y la cuerda era demasiado larga. Una chica que estaba conmigo me ayudó a acortarla. Fuera de eso, la cuerda funcionaba, el nudo corredizo era perfecto.
Alguien lo había dejado todo dispuesto para mí muerte. Y yo estaba dispuesta.
Pero no llegué a hacerlo. Cambio de sueño.
—————
Tenía que matar a alguien, un viejo, pero en el último momento me arrepentía.
Me senté a contárselo a una amiga y a reírnos juntas del pobre hombre.
En ese momento, llegó volando una mariposa negra, de esas que presagian muerte. Fue directo hacia mí. Comenzó a atacarme.
Y entonces se le unieron más. Más mariposas negras volando y estrellándose contra mi cara, contra todo mi cuerpo. Y yo, en un estado de angustia, gritaba y rogaba que alguien hiciera algo, que alguien las alejara de mí.

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