Apocalipsis


Yo estaba trabajando en una larga nota sobre automotrices, en la cocina de mi casa. No sé por qué salí al enorme jardín, abandonando la computadora allí.

Junto a un árbol encontré a un bebé. No sé decir si era mío, pero lo tomé en mis brazos para protegerlo de la lluvia que empezaba.

Entonces, llegó una chica para avisarme que habían tenido que cerrar el ala de la casa donde se encontraba la cocina debido a la lluvia, que ya para entonces era un diluvio.

«Mi nota, maldita sea», pensé, aún llevando al bebé conmigo. «Pienso que en algún momento debí haberle dado ‘guardar’ en el Einfluss», le dije a mi madre. Le pregunté si podía entrar a la cocina y ella me mostró que la puerta estaba bloqueada.

Decidimos salir cuando la lluvia cesó, dejando la sensación de un Apocalipsis. En una calle encontramos a un grupo de gente, nos sentamos a una mesa a comer con ellos. Miré hacia el horizonte, el cielo estaba oscuro, parecía que ya era de noche y las estrellas tintineaban con fuerza. Me pregunté si era producto de otra alucinación visual originada por mis migrañas, pero no: mi padre dijo que las luces temblaban y vimos pasar un grupo de estrellas fugaces… o ¿naves?

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Impreso


Pasábamos por la calle y una señora nos dio un volante, dijo que era sobre clases de periodismo. Ja, qué buena broma. Al ver el papel que nos habían entregado, me di cuenta de que estaba firmado con las siglas BM. «¿Banco Mundial?», dije. Al leer el folleto, me entere de los planes de esa institución: apoderarse de las funciones de todos los bancos centrales del mundo (¡!) y regular la información que llegaría a la población mundial. «Quincenalmente, circularemos una publicación con las instrucciones para proceder en casos como la homosexualidad, el papel de la mujer (…), para imponer nuestra opinión sobre cómo deben actuar los ciudadanos ante estos fenómenos (…)».

Carretera


Una autopista ancha y recta, sin una curva. No se veía su final, llegaba hasta el horizonte. El aire limpio formaba una ilusión de niebla a lo lejos. Era de día, pasado el mediodía. Los colores bajo la luz intensa eran azules, rosados y amarillos.

Tu calor intenso haciéndome despertar.

Bajo el agua tibia


Caminaba a través de los caminos bordeados de árboles y bosque en esa enorme finca, a la hora en que comienza a anochecer y la oscuridad está a un par de minutos de adueñarse de todo.

Con las manos cargadas de papeles y objetos, llegué al borde de una alberca de piedra gris, junto con una amiga. Sin dejar a un lado mi carga y sin quitarme una sola prenda de mi ropa me tiré al agua. Fue una decisión impulsiva, la tomé como si hubiera estado ebria o drogada…

El agua estaba deliciosamente tibia, a la misma temperatura de mi piel. Me sumergí, disfrutando el momento, y abrí mis brazos, dejando caer una serie de semillas u hojas color café. Mientras las recogía, sentada en el fondo de la rústica piscina, me di cuenta de que podía respirar bajo el agua.  Era cuestión de técnica, era sencillo para mí, como siempre lo ha sido en mis sueños, aunque nunca deja de asombrarme cada vez.

Entonces volteé a mirarlo, él también estaba allá abajo. Podíamos hablar y escuchar bajo el agua también, porque lo oí decirme: «¿Tienes que hacer eso en este momento?».

Cruz


Saliendo de una reunión en una casa ajena, me extrañó oír música conocida desde el interior de mi coche. Lo había dejado abierto y peor, andando. Se había calentado y sobre el volante estaba la cruz de oro, medio derretida por el calor.

Mis dedos… ¡No!


Subíamos largas y amplias escaleras eléctricas blancas hacia nuestros centros de trabajo. Y yo lo veía, unos escalones más arriba, tan guapo, riendo con su amigo, sin saberse observado.

En la carretera, mi coche estaba orillado. Yo estaba indecisa sobre qué camino tomar para volver a casa. Ella, de pelo negro, entró al coche y me roció con un gas para envenenarme y cortarme los dedos.

Yo estaba esperando para hablar en el radio o en la TV. Esperaba mi turno para entrar a la cabina, ensayando mi discurso, pero olvidaba los nombres.

Mientras esperaba, jugábamos una especie de memorama con mis dedos amputados. Era fácil: meñique con meñique, índice con índice…