El sueño del tema de moda, de novedad…


Al fondo, la voz de un narrador televisivo describiendo lo que yo veía. «Han tratado de exterminar a los vampiros por todos los medios: perseguirlos, fumigarlos…, pero nadie sabe dónde se esconden» Pero a mí me lo mostraban, tras una pared de lodo se podía ver su refugio. Más allá estaba la entrada a la gran casa y unas escalinatas blancas, en las que alrededor de cien «personas» se reunían para convivir tranquilamente.

Bajé la escalera, acompañada de una amiga: ella y yo éramos de las pocas humanas por allí. Nos reunimos con tres vampiresas, que ya nos esperaban con una sonrisa. Eran nuestras cuñadas, de alguna manera mi amiga y yo éramos parejas de algún vampiro (que no conocí, por cierto).

Yo me sentía cómoda, ya era gran amiga del trío de chicas guapas con piel morena clara y cabello negro. Pero ellas trataban de complacer a mi compañera, le habían comprado un collar con cuentas blancas y amarillas. Ella sonrío ante el regalo, aún temerosa de ellas.

Me enseñaron su álbum de fotos, sus visitas a los lugares de moda… Decidimos entrar a la casa, que más bien era una mansión, una especie de hotel combinado con tienda departamental en el que había mucho de todo: discos, libros, ropa, muebles…

Nos llamaron a comer… carne asada. ¿Los vampiros comen? Mmm, esto va contra todo lo que he aprendido de los libros de Stephenie Meyer.

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Masacre


La clase de gimnasia iba a empezar apenas. Mujeres en un gimnasio con espejos y barras, haciendo estiramientos. Pero antes, había que pasar por donde habían quedado tirados los cuerpos de la masacre del día anterior o de esa misma mañana tal vez.

Y a todo mundo le parecía muy normal pasar al lado de esa pileta vacía en la que una decena de cuerpos yacían en todas posiciones, manchados de sangre seca. Pero pobre de aquel, le habían sacado los ojos. Pero era tan natural, esas cosas pasan, decían.

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Vamos a la clase. «No», me rebelaba contra la gente que reía, fumaba y hacía chistes al lado de las restos de la masacre. «NO. Tenemos que hacer algo, llamar a la policía, algo…» Por fin un amigo en un coche me iba a llevar lejos de allí. Por fin. Vayámonos

Y la alarma que nunca sonó.

Typing a dream


Yo era sólo una niña. Vestía de negro y tul, y llevaba en mis brazos a una bebé que era mi hija, pero se decía que era hija de mi Lady, de mi señora, de mi ama. La llevaba todo el día a pasear por las calles del centro, envuelta entre mis chamarras. Entré a un bar y me senté sola, iba a pedir y llegaron amigos míos. Me hice un enredo tratando de envolverla mejor en una cobija.

Que tenía un negocio, era una tienda de joyería. Acabábamos de abrir y entraron un par de tipos, uno de ellos era muy malo y trataba de extorsionarme. Por una indiscreción del otro, me enteré de que él también tenía una hija. Entonces lo amenazab: “Si algo malo le sucede a mí o a mi familia, I will kidnap your daughter», y se lo repetía hasta el cansancio. Hasta que llegó un día –o quizás fuera el mismo– en que empujó mi puerta hasta hacerla ceder contra nuestros pobres esfuerzos, y en vez de hacernos daño como yo temía, dejó entrar a su hija: una pequeña rubia de pelo corto como la mía, sólo que la suya era más bajita. Aún asustada, yo le decía a mi nena: “Mira, ella se llama______ y va a ser tu amiguita, juega con ella».

Después de un rato de estar conviviendo todos en el mismo lugar, quisimos tomarles unas fotos a las niñas, pero el hombre nos amenazó y salió llevándose a su hija.

Luego patiné en la sala en calcetines y después limpié la mesa y las moronas del pan.

Mis padres construían un castillito en la azotea, decorado con dibujos y colores de castillo, era muy lindo…