¿Simbolismos?


Estaba en el cuarto de mis papas, sentada de frente al pasillo, platicando con ellos.
De pronto, vi pasar un hombre al final del pasillo hacia la sala. Volteé hacia mi madre y le pregunté: «¿Quién esta en la casa?». Y me dijo que nadie.
Me asusté porque el hombre se parecía a mi papá. Y luego vi pasar a una mujer parecida a mi mamá. Pero ellos estaban allí.
De repente se acercaron y vi sus ojos en blanco y su maldad.
Trataban de engañarme diciendo cosas como: «Está atrás de ti».
Me metí en su cama, cual niña pequeña, en medio de los dos. Temblaba de miedo.
Fui a mi cuarto después y le gritaba a mi mamá: «Ven, ven». Muerta de miedo.

Mar ámbar


Tras alejarme de un tenso conflicto, bajé al puerto. Era el momento en que empieza a anochecer pero aún hay luz, pero tan escasa que no sirve para ver.
El mar era amarillo oscuro, color ámbar de anochecer. Y todo era tranquilidad, paz. Caminaba sobre la arena con el agua a mi cintura.
Lejos.

Elvis


Sentados a la mesa, rodeados de amigos, tuve una visión:
Tú y yo, patinando en una pista de hielo. Elvis Presley cantando al fondo: «Wise men say ‘only fools rush in’ but I can’t help falling in love with you». Su voz hermosa y el piano detrás.
Tú y yo, haciendo acrobacias sobre el hielo, enmarcados en esa aura que tienen los videos antiguos: la velocidad distorsionada, los colores solarizados y la luz saturada que quemaba la imagen por momentos: el aspecto de un sueño.
Me bajé de la silla y rodé al lado de la mesa hacia ti. Abracé tu espalda y apoye mis labios contra ti, un ataque de amor.
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Well, we can’t skate (that song) but we can dance (it) (that day).

Mi novia (jajaja)


Que yo andaba con otra chica… Llevábamos años juntas en secreto y éramos muy felices.

Estábamos en una reunión y decidíamos que era hora de sacarlo a la luz. Sentadas en un sillón, nos tomábamos de la mano y nos besábamos. Los amigos disimulaban su impresión, aunque se veían sorprendidos.

Le susurré a ella: «Deberíamos tener una hija. ¡Ya sé!, yo tengo una y tú tienes otra»… 🙂

La sensación era de alegría y tranquilidad.

(Sinceramente, creo que ha sido demasiada información sobre matrimonios y adopciones de gays para mi mente susceptible)

El funeral de Jesucristo


(Oh, este sí supera a todos…)

Estaba en el funeral de… Jesucristo.

Era uno de esos velorios tipo gringo, en los que la gente se sienta en sillas de frente al ataúd. Y allí estaba el ataúd de Él.  A mi lado izquierdo estaba sentado el Diablo. Era un tipo elegante y seductor, algo así como un Mauricio Garcés: traje gris, bigote puntiagudo y un gran porte.

Se recargó contra la silla, hasta quedar casi acostado y encendió un cigarro de mariguana. Al fumar, llenó el ambiente de humo. Me sentí drogada sólo de respirar. Yo era la encargada de decir el discurso para despedir al difunto y me preocupé porque no podía recordar nada de lo que quería decir, de lo que había planeado decir.

Salí al pasillo en busca de aire fresco.. quise entrar a un baño para mojar mi cara y recuperar mis ideas, pero Lucifer, con su encantadora presencia, venía tras de mí. No supe más.

………….

En otro sitio, una gran escuela, los jóvenes era acarreados por órdenes de los profesores o directores. Yo trataba de escabullirme, confundiéndome entre el mar de gente.

Logré meterme a un pasillo sin ser vista y llegué a un dormitorio. Me asome a la ventana para tratar de calcular si seguiría viva después de saltar. Estaba demasiado alto. A ambos lados de la ventana existían escalerillas, pero no alcanzaría a llegar a ellas. Abandoné la idea.

Aún a escondidas llegué a una habitación, era de una de las directoras. Vi una ventana abierta, serían acaso treinta centímetros lo que medía. Me lancé a través de ella y me abrí paso con todas mis fuerzas hasta lograr atravesarla.

Caí sobre el pasto en un jardín interior a la casa. Salté la barda que era muy baja y me alejé corriendo del sitio donde los otros jóvenes quedarían presos de una ideología ajena.

Tres muertes y (de nuevo) el Apocalipsis


Parte I

En un refugio, la gente se apilaba en camas y literas a los lados de una larguísima habitación.

Nosotros dos luchábamos por un poco de agua. Una mujer amable nos sirvió de una jarra el liquido naranja con hielos, en pequeños vasos. Les llevábamos a los otros, nuestras respectivas parejas.

Yo sólo quería dormir, pero me hicieron subir a un coche. Yo iba en el asiento de atrás con la otra chica.

Al salir del refugio, tomamos una calle principal.

Del lado izquierdo, vimos una iglesia enorme, incendiándose. Tenía varios edificios, en unos de ellos la piedra gris se enrojecía por el fuego; en otros, las llamas trepaban por las paredes. Rodeada de humo, se veía sin colores. De hecho, toda la ciudad carecía de color, todo estaba en una gama de negros, grises y azules.

Las nubes de las formas mas extrañas surcaban el cielo, presagiando algo malo. Alcancé a verlas al pasar por una glorieta, desde donde se alcanzaba a ver el horizonte.

Un ser volador apareció en el cielo, tenia forma de dragón y era enorme. Al caer y posarse con fuerza en el suelo, se convirtió en una especie de robot. Caían varios de ellos.

Supliqué al conductor que fuera más rápido, pero las máquinas seguían cayendo. Se creó un caos entre el sonido de sirenas de las policías y ambulancias, los seres metálicos que aterrizaban y rodaban por las calles, las personas corriendo y los agentes intentando alcanzar en sus motocicletas a las máquinas.

Sentí que ese era el fin del mundo, podía prever como todo se encaminaba al desastre a mi alrededor y quería ver más, quería verlo todo, quería ver el final.  Pero sonó la maldita alarma y, de nuevo, me desperté con el sabor a sangre en mi boca.

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Casa embrujada


Estábamos en peligro, en una casa dominada por una fuerza que nos trataba de controlar: un espíritu, un fantasma.

Comúnmente se diría que la casa estaba embrujada. Pero es difícil traducir en palabras lo que sentí allí.

A través de las ventanas veíamos lo que sucedía abajo, afuera, fingiendo alegría, pero en el fondo asustados.

Algunos pidieron salir, subieron a un auto pero no me permitieron ir con ellos. Así que me quedé en ese laberinto de habitaciones.

Me percaté de que mi prima no estaba y comencé a buscarla desesperadamente porque temía quedarme sola. La encontré dormida en una cama, debajo de un montón de sábanas y cobijas. La desperté gritando y la llevé conmigo a buscar al espíritu.

Entramos a una habitación y nos llamó la atención una puerta. Al abrirla en silencio descubrimos que era un baño. En la regadera, medio oculto por una cortina de baño, había alguien, de quien sólo se alcanzaban a ver los pies descalzos.

Salimos despavoridas, pero sabíamos que nos había visto y que ahora controlaba nuestra mente: nos mostraba ilusiones como nuestros reflejos en una habitación en la que no había espejos.

La única forma de vencerlo era a través de engaños, mostrándole mentiras, … y con las esferas verdes también.