No era un grillo,
eran dos.
Y se hablaban
casi a compás.
Besé el silencio
de la noche larga.
Y supe distinguir
en su canto
el leve desfase
de nuestros llantos.
Esa fue mi señal.
La noche aclaró
y la mañana fue un sol.
(Soñé que) veía un jardín laberíntico adornado con arbustos y piedras. Y cuando estuve en él, rodeada de gente, comencé a sentir miedo.
Había una mujer que aparecía en las esquinas y se ocultaba en los rincones. Era joven, bella y llevaba un vestido color rojo fuego: Firebird.
Yo sabía que en cualquier momento ella saldría para atacarme, que vendría para matarme. Y me dominaba el pánico y mi angustia no tenía límites.