Claudia (sueño)


Salió de nuestra casa alterada, Claudia, mi hermana. Yo hablaba cosas importantes pero ella no alcanzaba a escucharlas. Su mente estaba distraída, fija en alguna cosa que yo no entendía.

La calle era fea. El barrio era conocido como uno de los mas peligrosos de la ciudad. Era mediodía. Su cabello negro brillaba bajo el sol. Yo siempre la miraba hacia arriba, tan mayor, tan fuerte y decidida. La quería tanto…

Cruzamos la calle y nos recargamos contra un auto oxidado y abandonado. Yo seguía hablándole pero ella apenas oía nada. Su mirada estaba clavada en la tiendita que estaba en la acera opuesta, justo al lado de nuestro portal. Allí estaban ellos, los que lo controlaban todo, quienes nos tenían amenazadas de por vida, y que la tenían harta y enfurecida.

Me hizo una seña para que me acercara. Abrió su bolso y me mostró un cuchillo ancho y corto como de carnicero. Abrí la boca de sorpresa.

—¡Claudia…!

Sin decirme nada, cruzó la calle ya con el cuchillo empuñado. Se fue directo contra las dos chicas que atendían la tienda. Creó que las hirió para quitarlas del paso y poder encararlos a ellos.

No supe más porque entré corriendo a casa. Aunque yo sabía que allí no había nadie; bueno, nadie que pudiera ayudarme. Aun así recorrí las habitaciones desordenadas y sucias. Gritando en desesperación el nombre de mi hermana.

Nadie, hasta que llegué al cuarto en el que dormía ese buen hombre, mi padre, al que realmente apenas conocía. Era tan anciano que no podía siquiera levantarse de la cama desde hace años. Yo estaba tan angustiada que descubrí su rostro de entre las sábanas y le dije: “Ayúdame. Es Claudia”. Y enseguida me arrepentí de turbar su descanso.

El hombre se levantó. Era tan, tan viejo que yo pensé que iba a quebrarse al levantarse. Fue hacia la puerta conmigo con la preocupación pintada en el semblante.

Y entonces la vimos entrar: bella y herida, toda ensangrentada pero satisfecha. Había pagado un precio por nosotros, un precio que apenas comenzábamos a entender.

Encuentro en Cuernavaca (sueño invitado)


Les comparto un sueño-encuentro, cortesía de mi hermana:

Recuerdo que la última vez que te vi, ambas despiertas, fue antes de una catástrofe provocada por mí misma; han pasado tres meses y ayer noche te vi de nuevo, pero en el plano astral.

Hablamos y me dijiste: “Yo paso por ustedes y nos vamos a Cuerna”, y te conteste que sería magnífico, que allá podría enseñar a Diego a nadar. Después de eso, sentía mucho estrés pues no estaría lista a tiempo ni con las cosas que pensaba llevarme al viaje.

Pero finalmente llegamos: el lugar lindo, abierto, tranquilo, verde… Diego, tú y yo.

¡Creo que ya te extraño mucho! Gracias por visitarme en mi sueño.

(Ohh, I miss you too).

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Dying


Mi pequeña hermanita estaba muy enferma.

Yo la sostenía mientras ella tosía sangre, casi echada en el suelo a un lado del sillón.

La estreché entre mis brazos. Abracé ese cuerpecito pequeño del tamaño de una niña de seis años, pero creo que tenía más, tal vez nueve. Sus ojos oscuros tenían una cualidad conocida, así como su cabello castaño corto hasta la barbilla.

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