Azul y rojo


SALTO AL REVERSO

«Red and blue lights under the snow» por Anthony Easton (CC BY).

Azul. La bebida era azul. Tú solo pensaste: «Qué extraña…».

—Te va a gustar.

Música estridente. Un beat incesante, una canción vieja. Aún no has intentado hablar. Abres un solo ojo, todo está en horizontal. El sofá conocido, la habitación conocida y él, el viejo amigo o, al menos, conocido. Pero esto es desconocido: esta situación extraña, somnolienta, drogada; junto con esta sensación alarmante, roja, desesperada. Si la bebida había sido azul, la alerta era roja. Cada fibra capaz de producir alarma se despertó de golpe, palpitando en rojo por detrás de tus ojos, en tus sienes, dentro del pecho. La respiración agitada, roja. El beat incesante, rojo. Como las luces de las sirenas. En azul y en rojo. Azul y rojo.

Tu mano tendida hacia el frente, casi paralizada. Tu mente ralentizada cobra consciencia cuando lo ves…

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Rise


LA CONTINUACIÓN DE LA VIDA V

Bosque, noche rojiza,
asedio insidioso
from the wolf.

Todas las alertas
sonando sin voz.

Compás de espera,
acorralada,
hincada.

«Should I let
myself go?»
«Should I let it
take my soul?»
«Should I get this finally done?»

I attempted one last call
to Him, who denied me before.

Tendí el alma
en confianza,
en entrega,
humillada,
y murmuré La plegaria.
Then God…

concedió:

He gave me a silver arrow
(but not a bow),
He turned my words
into a sword,
and above all:
He shut Morana up.

Silence in my head,
arms at my range.
Vi al lobo a los ojos
and then came the rage.

Risa alocada,
lengua navaja.
Quise su sangre
en cascada.

With one hand
I firmly held the arrow.
And with the other one
me envolví en un halo.

And as I rose,
he was coming down.
And as I rose,
he was coming down.

Such was his hunger
que no sintió la herida:
la flecha, la cuchilla.

And as I rose
él moría.
And as he died
yo volvía.

Y el bosque calló
y se pintó de siena.

Todo silencio
y maleza.

DIBUJO POR CRISSANTA.

 

Enter the wolf


LA CONTINUACIÓN DE LA VIDA III

 

So…

My house in ashes,
my lifeline gone.
Dormí en el bosque,
desperté al dolor.

La cinta al aire
serpenteaba.
I urged myself
to make a call.

Pero esa voz…

It was male, dark,
supreme evil.
And it said
it had control.

Dijo: «Voy a llevarte esta noche,
y ya sabes quién soy».

Mi grito,
casi inhumano,
fue terror.

Se prolongó
en exceso.
I miscalculated
how much.

Something came
‘to the rescue’.
It was the wolf.

Aparentemente,
it wasn’t enough:
mi pelea conmigo,
con mi mente,
con la muerte,
con el sodne,
el adversario,
mi fe en Dios.

No, por encima de todo,
it came the wolf.

And I saw
every teeth
of it
cuando sonrió…

Escena en dorados


EXT. ANFITEATRO DERRUIDO. LUZ DORADA

Música en la mente
hace eco en las paredes.
Figura femenina se pasea
por el centro de la arena.

Alza la voz
hacia la audiencia
imaginaria,
inexistente.

¿Dónde se hospeda
la violencia?
¿Dónde habita
luego de que sale
de la gente?

Cuando no puede volver al origen,
se aloja en la mente
de quien no comprende.

Como la música
recorre incesante
la psique,
así las imágenes
se reproducen
en un círculo constante
y creciente.

Porque cada suceso
trae consigo
una amenaza.

Cada acción en defensa,
una represalia tácita.

Y ya no se distingue
qué es verdad
y qué miente.

¿Qué es debilidad,
denunciar ante esta audiencia?

¿Qué es cobardía,
afrontar la escena
aunque nadie más la vea?

Figura femenina pausa,
levanta la vista:
miradas blancas
de falsos oyentes.

Figura femenina, quieta,
observa las gradas:
pulgares abajo muestran
las manos que se alzan.

¿El que pide crueldad
acaso ha rogado por piedad,
frente contra el piso?

¿El que pide no parar
hasta ver sangre
alguna vez ha tratado
de desangrarse a sí mismo?

¿El que pide perseguir
hasta el final
ha temido cada día
—de su vida—
el acecho del enemigo?

Figura femenina, en cuclillas,
traza letras en la tierra.

¿Que no conocen la historia
de la pecadora y la piedra?

Figura masculina aparece
en el centro de la arena.
Dobla una rodilla.
Observa, irreverente.

Identidad cualquiera,
universal, indiferente.

¿Acaso es cobardía
encarar a esta figura,
acusarla ante la audiencia,
afrontar el escenario?

¿Acaso esto es ojo por ojo,
diente por diente

o

es misericordia
completamente indulgente?

¿O es mitad de camino?
¿Quién es ahora la víctima?
¿Quién es el victimario?

Figura masculina calla,
desafío en la mirada.
Figura femenina traduce,
voz alterada.

¿Fue todo por mi bien?
¿Eres justo, bueno, amable?
¿Confías tu vida en ello?
¿Crees que eso va a salvarte?

¿Fue siempre por amor?
¿Se sentía incontrolable?
¿Fue solo un error,
nada que sea irreparable?

Figura femenina tiembla.
Con un gesto desvanece
gradas, jurado,
audiencia,
anfiteatro, manos,
pulgares.

Figura femenina habla,
enronquecida de rabia.

¿Acaso me corresponde
el juicio,
la condena,
el azote?

Mira las letras trazadas,
mira el pacto
y quién lo cumple.

¿Para quién es el perdón?
Para aquel que sufre.
¿Para quien, la clemencia?
Para aquel que colapsa.

¿Y quién muere de asfixia,
el que cae o el que ataca?

¿Para quién es la piedad?
¿A quién de los dos sana?

¿Para quién es el perdón?
¿A quién de los dos salva?

¿Cuánto estamos dispuestos a dar
a cambio de la paz?
¿Cuánto, a cambio de librar
el juicio,
el de verdad?

Figura femenina se acerca.
Figura masculina, quieta.

Siente mi piel ahora:
mi dedo contra tu cabeza.
Arrodíllate más,
recuerda el daño.

– – –

Siente mi alma ahora,
mi mano sobre tu cabeza.
Levántate en paz.
Intenta lo imposible:
repara el daño.

FUNDIDO A DORADOS