Oración imperativa


Tú eres mi piedra,
la que quiero arrojar por el acantilado
a aquella playa en que batían las olas,
en que despedazaban.

Y yo soy tu piedra,
la que quieres arrojar por…

Y aquella playa nos gustó,
sí, a las dos.

Digo lárgate
pero no te irás.

Serás mi compañera
e idea
hasta que tú ganes
de alguna manera.

Pero mientras tanto callarás
y harás lo que yo diga.

Y no te lo pido desde el desgano.
Te lo ordeno desde la cima
del acantilado
con los ojos secos,
desde el dominio de ti, de mí,
de lo que haya pasado.

Solo así,
pequeña odiada piedra,
serás mi perra.

Piedra (poesía)


Publicado originalmente en Marimarus

silueta hombreElla acudió a la cita, puntual.

Él se retrasaba.

Se pasó los dedos por el cabello,
nerviosa,
mientras la espera duraba.

A voluntad, dejó de mirar hacia afuera.

Y así, no lo vio cuando entró en escena,
a prisa,
con el semblante más que serio,
helado.

Cuando él llegó,
el sol de la tarde se volvió invierno.
Y las manos temblaban,
las de ambos.

Pero no se tocaron.

Él dejó que ella se explicara.
Ella habló seria, pero risueña,
con palabras ligeras, pero asustada.

Y entonces,
el invierno vespertino se volvió nevada. Sigue leyendo