Esa canción (sueño)


Entré volando a través de las rejas doradas que cercaban el enorme jardín.

Adentro, todo era una fiesta sobre el pasto, la gente bailaba y conversaba en pequeños grupos y comía en picnics sobre manteles.

No sé por qué me obligaron a salir casi desde que entré. Iba rodeada por una escolta, pero un hombre trataba de alcanzarme a pesar de ello. Cuando logró acercarse supe que lo conocía. Era ‘él’. Por supuesto que era ‘él’, pensé.

—¿Todavía recuerdas esa canción? —me preguntó.

—Sí, siempre la escucho cada vez que (¿?). —respondí. Sigue leyendo

El mar y los tiempos lejanos (relato)


Siempre he querido conocer el mar.

Mamá solía decir que era su lugar favorito en el mundo. Cualquier playa. Cualquier lugar donde pudiera sentir la arena bajo sus pies y la sal en sus labios.

Solía contarme como ella y sus amigos subían al coche y manejaban durante horas para llegar al mar. Y en cuanto llegaban a la orilla, ella se quitaba de prisa toda la ropa mientras corría hacia al agua. Y allí permanecía, nadando, luchando contra las olas, flotando en medio del océano durante minutos que parecían eternidades.

Y entonces, alguno de sus amigos la llamaba y la hacía volver. Y ese alguien la esperaba con una toalla para cubrir su desnudez y confortarla en su cansancio.

Yo sigo sin entenderlo. Por más que me esfuerzo.

No hay mucha sal en el refugio y Sigue leyendo

Un rezo desesperado (sueño)


(Soñé que) rezaba frente a un altar frenéticamente:

—¡Dios mío, sálvanos! ¡Dios mío, ayúdame! —repetía una y otra vez.

La oscuridad era interrumpida por los rayos y los truenos resonaban en la tormenta. Y yo seguía rezando como poseída.

Al final, cuando no había ni un indicio de luz entre las tinieblas, salí a la calle. Supe que era el momento de Sigue leyendo

Viaje (relato y sueño)


Revisando viejos papeles, encontré esta mezcla entre relato y sueño, escrito hace 10 años para una página de cuentos ya desaparecida llamada PH Cuentos (saludos, ‏Prudencio Hernández). Creo que aún aplica para un diario de sueños como éste.

Viaje

Sí, es cierto que rezaba sin respuesta cada noche y también es cierto que dormía arrinconada en la orilla de la cama, esperando en vano a que él llegara. Así es que esa mañana no esperaba encontrar nada distinto, sólo lo de siempre: un silencio divino y el vacío en mi cama.
Pero no. Abrí los ojos y allí estaba él, acostado junto a mí. Sigue leyendo