Arte y denuncia

Hay cosas que piensas
y no las dices a nadie
porque no tienes a nadie,
o al menos eso piensas.

Pasan como flechas oscuras
que lastiman, que asustan,
que confunden,
que avergüenzan.

Pensamientos turbios
o afilados como cuchillos,
desoladores o confusos,
violentos como estallido.

Sueñas golpear, atacar,
destruir al mundo.
Deseas herir, terminar,
destruir tu mundo.

Y luego irrumpe el mismo mundo
—la cotidianidad, el absurdo—
y tú finges y sigues
en ese aislamiento mudo.

A veces tratas de romper el muro:
sacas a flote
algún pensamiento oscuro.
Y recibes a cambio
el miedo en sus ojos,
la extrañeza en sus hombros,
la incomprensión a todo.

¿No has pensado que el problema no es tuyo,
sino de aquellos que no saben ver lo profundo?

Y entonces
el silencio
atrapado
se vuelca
en ira
y en caos.

¿De dónde viene esa violencia?
¿Quién la puso y desde cuándo?
¿Estás seguro de…

Ver la entrada original 208 palabras más

Anuncios

Abrir los cuarteles


Les comparto una entrada para el blog Arte y denuncia. Es un sueño que tuve, relacionado con la situación actual de la búsqueda de los estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa, México.

Arte y denuncia

/ // / / CC BY / // / / CC BY

Si de verdad van a abrir los cuarteles militares para ver si los estudiantes desaparecidos están allí, yo quiero entrar. Eso soñé. Eso realmente soñé. Acabo de despertar y lo escribo.

Fui al cuartel, me dejaron entrar con mi gafete de reportera. Entré a una sala donde había varios reporteros, quienes rápidamente pudieron notar mi poca experiencia. Yo era más joven. Vestía de negro. Un señor me pasó la mano por la cabeza como se acaricia a una niña pequeña que tiene miedo. «Lo que estamos a punto de ver….», pensó, mientras me hacia un gesto significativo con la cabeza.

Sí estaba asustada. Nunca había ido a una morgue. Los demás reporteros avezados en ello procedieron a ponerse largas batas verdes y a cubrirse el rostro con cubrebocas. Yo solo tome una libreta y un bolígrafo, y saqué mi celular para tomar fotos.

Eché a andar detrás de ellos.

Pero a donde llegué no era una…

Ver la entrada original 245 palabras más

#AyotzinapaSomosTodos


Aquí, mis pensamientos en este importante día para México.

Arte y denuncia

Imagen: boerries nehe Imagen: boerries nehe

Esta es mi trinchera.
No tengo más que dar.

Solo el dolor y mi voz,
pequeñas letras
que acompañan
a un mar de dolientes,
estudiantes,
manifestantes,
ciudadanos despiertos,
inteligentes.

Estamos todos.
Somos todos
y los que no están.

43 nos faltan.
No volverán.

Por eso el luto,
las marchas
y las protestas.
Por eso la condena
mundial.

Por eso
la esperanza de cambiar.

1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43

@arteydenuncia

facebook.com/arteydenuncia

#Ayotzinapa

Ver la entrada original

Horror


Arte y denuncia

De tarde y muy tarde
hablas.
Peor aun, dejas que hablen
por ti
un viernes,
un alguien
inepto,
cansado
del cuestionamento.

Y mientras, yo lloro
horrorizada
al oír el relato
despiadado.

Y pienso en Auschwitz.

No soporto la imagen,
la idea,
de las cenizas al río,
del fuego violento,
de la asfixia,
la desesperación,
y ellos muriendo.

Una mano se tapa la boca,
la otra se aferra al cabello,
como buscado un resquicio
de razón.

No te anestesies,
espectador,
aunque te muestren mil veces
el testimonio desgarrador.

Cada vez
es
un chico que
murió desesperado
sin entender.

Cada vez
es
un hombre sin alma
que mató a la orden
de un superior.

Cada vez,
un mando inexistente,
una patria de muerte,
la sinrazón.

Es todo:
El caos.
El silencio.
El cansancio.
Los padres.
Los hermanos.
Tú.
Yo.

Ver la entrada original

A la espera de algo terrible


Al volver, sueños vívidos de Nueva York. Situaciones y calles claramente representadas en mi mente. Tuve quizá diez o doce sueños distintos que pude recordar, pero un día después mi memoria se ha borrado.

————————-

Estaba en la oficina, hablando con mis compañeros y ellos parecían ocultarme algo. Cuando miré alrededor, los encontré a todos usando a todos lentes oscuros y mirando hacia la ventana. Bromeé diciendo: “¿Qué, ya estamos en la Matrix? Voy a buscar mis lentes”. Nadie rió. Mónica se atrevió a decirme que algo grave iba a suceder. Estaban todos a la espera de patrullas o de coches militares.

Me levanté del escritorio, sabía que ya no podía hacer más puesto que ya no trabajaba ahí. Caminé por los pasillos y me fijé en el carrito con utensilios de limpieza que empujaba una señora. La rueda parecía estar en llamas y a punto de hacer explotar un tanque de gas.

Corrí con todas mis fuerzas, esperando llegar a las escaleras antes de que explotara. Quise advertirle a Isabel, pero no me atreví a detenerme. Sólo grité “fuego” y seguí corriendo. La explosión sucedió ya que había llegado al otro bloque de escritorios. Deduje que ese era el terrible suceso que esperaban.

———————

Otra noche, pero de nuevo, la sensación de que algo malo iba a pasar.

Yo estaba empacando mis maletas para irme a vivir fuera del país. Antes de irme, pasé por la vieja escuela: un edificio alto de paredes y escaleras blancas.

En un salón, estaban dando misa. El padre intentaba mantener una apariencia tranquila, pero yo podía distinguir la tensión en él y en el resto de los sacerdotes. Sonreían, pero no querían hacerlo.

En otro salón, nos sentamos frente a una mesa larga y rectangular. Yo estaba cerca de la cabecera y a ambos lados tenía sentados a algunos policías. Sus radios sonaban de vez en cuando. Yo me esforzaba en comprender lo que las voces al otro lado de la ruidosa línea decían. Hablaban sobre algún acontecimiento malo que estaba a punto de ocurrir.

Los policías bajaron el volumen de su radio e intercambiaron miradas nerviosas. Comprendí que era tiempo de marcharme, llamé a mi esposo y jalé su mano para bajar corriendo las escaleras del edificio.

————————

Estábamos en un lugar nuevo, nos indicaron que debíamos atravesar por un puente. Muy tarde recordé que en ese puente había un sujeto que se había impuesto la tarea de “castigar” a los violadores. A todo el hombre que atravesaba el puente lo consideraba culpable. Corrimos, logramos escapar. Tensión, angustia. Recuerdo que se escapa.

La huida


Estábamos en medio de un camino desierto, sería mucho llamarlo carretera porque por ahí no parecían circular coches frecuentemente. En medio de la luz del día se veían vagones de tren abandonados aquí y allá.

Nosotros éramos un grupo de cinco o seis personas, claramente nómadas, que cruzábamos el país para llegar a algún punto. Sin pertenencias casi, con un par de mochilas que contenían agua, comida, cigarros. Qué difícil era conseguir un cigarro…

Un par de vehículos llegaron por el camino, se detuvieron junto a nosotros y quedamos atrapados en medio. Comenzaron los gritos y amenazas del grupo de delincuentes. Apuntaban sus armas largas (como dirían las noticias) hacia nosotros.

Pensé que eso era todo: nos matarían o con peor suerte nos llevarían con ellos a un destino horrible. Yo había escuchado estas historias…

Pero entonces comenzaron a pelear entre ellos y aprovechamos la discusión para escapar corriendo con todas nuestras fuerzas.

Los siguiente que recuerdo fue que estábamos en una casa muy grande. Una de esas mansiones que solían ser destruidas para convertirlas en decenas de pequeños departamentos. Pero esta se había salvado, sin embargo había quedado muy lejos el tiempo en el que pertenecía a un sólo dueño, a una ama y señora de su casa. Ahora había gente por todos lados, era el refugio de todos los que, como nosotros, estábamos viajando (¿huyendo?) de algo.

Mmm… Estábamos huyendo del país. Pero ¿por qué?, ¿hacia dónde?

Recorrí las habitaciones de paredes blancas en busca de un baño, todo estaba sucio y revuelto por todos lados. Al salir, conseguí que alguien me diera la mitad de un cigarro.

Ellos estaban planeando nuestra siguiente etapa de viaje.

———————–

Estábamos en un salón reunidos, era una especie de espacio abierto, parcialmente techado. Había mucha gente y cada una debía llenar en una computadora registros sobre sí mismo. Yo tardaba años completando párrafos y párrafos en Word.

Cuando llegó el momento, nos llamaron a todos y nos pidieron las hojas, yo acababa de guardarlas en una mochila, las busqué, pero no pude hallarlas como me ocurre siempre, así que las mandé imprimir de nuevo, apurada.

Al salir de la reunión, un amigo me contaba casi llorando sobre lo difícil que le resultaba la escuela y los exámenes y yo trataba de alentarlo. Pensé en lo afortunado que era al poder ir a una escuela.

————————

Estábamos caminando en Nueva York. Entramos a una iglesia que encontramos a un lado del camino, parecía sencilla desde fuera, pero al entrar la encontramos majestuosa.

El techo era muy alto, las paredes blancas y decoradas con cuadros de Jesús y de los Santos, no había bancas de madera, sino sillones tapizados de terciopelo rojo. Una alfombra conducía al altar. Avancé para recibir la comunión: en lugar de la pequeña hostia que yo había recibido toda mi vida, me entregaron un envoltorio de plástico. Vi que los demás llevaban hostias del tamaño de un pan, y mi bolsa contenía una cruz… de jamón serrano…. ja ja ja. Pensé: con razón aquí en Estados Unidos los vagabundos no mueren de hambre.