Reja (sueño)


Estábamos aún en cama cuando oí que tratabas de abrir la puerta para irte. «No, un último abrazo…», pensé, contenta, saltando de la cama.

Mi ventana mostraba un paisaje distinto, edificios rojos, un cielo despejado y puro. Quizás ahí debí haberme dado cuenta…

Pero llegué a la sala y estabas junto a la puerta. Había algo color rosa mexicano en tus ropas. Me acerqué y noté que estabas un poco atribulado.

—Quería irme, pero tienes que abrirme la puerta.

—Sí, ahorita lo hago, pero ven, ¿ya desayunaste? Tómate un café.

Arreglaste toda la cocina, trataste de dar orden a lo que no lo tenía, limpiaste todo lo que pudiste y yo aún así no quería dejarte ir. Tu voz, en el tono rasposo de siempre, tu rostro…

—¿Café?

Metal. Te serví una taza, te senté a la mesa. Me dijiste:

—Mira —Me mostrabas videos de ella, que acaba de irse, sonriendo y rodeada de nuestros niños—. Tengo que ir con ella.

«¿Es que acaso tengo yo el poder para impedirlo? ¿para retenerte, A…?», pienso ahora, ya despierta.

Y no, no te abrí la puerta.

Una reja de metal te impide la salida hacia esa meta.

No puedo, no puedo aún quitarme de encima el llanto que no lloré, resignarme sin una explicación, dejar al aire la confidencia cuyos detalles he perdido en mi memoria, olvidarme de que rompiste nuestro silencioso pacto, aquel sobre el que estabas tan preocupado, dejar de sentir la traición, el abandono (yo sé, infundado).

Pero tengo que… Ninguna reja mía debe hacerte daño. Estaré trabajando.

(Pendiente)

Duda


¿Tengo que

desde el risco?
Es una duda
simplemente.

Esto es paja y lava,
el tipo de palabras
que surgen confusas
del ojo del universo.

¿Tengo que
_______?

Es la pregunta
que surge
sin causa aparente
a partir de una palabra
arrojada,
conjugada
extrañamente,
atrayente,
amenazante,
pero sentida
internamente
en los confines
de un jardín
que aún no construyo.

¿Tengo que

de alas abiertas,
vertiginosas,
desde la cima
de Punta Cometa?

Es solamente una duda.
¿A quién le pregunto?
¿Y qué dice ella?
Me espera silente
‘cause she thinks
she’d blow my mind.

¿Hay acaso un ancla?

All the damage


«Police Line», por Jason Rojas (CC BY).

Perla en el bosque III


All the damage
that I forgave
I would forgive again
Pero la cuestión es:
I wasn’t able to understand…

Todo el daño que perdoné
lo perdonaría otra vez,
afterwards
or right there on the spot:
yo nunca quise el juicio
ni el contragolpe
cruel.

Pero la luz suave
de la sonrisa,
la claridad dorada-cobriza
me hizo entender:

There’s a ‘no trespassing’ line,
the kind of yellow/black band
that police use to hang
where there has been a crime.

And I use to tore it apart
again and ever, at once,
because I saw them tore
my body/mind apart.

Is there some kind of right
that I forwent?

¿Algún derecho primordial
al que renuncié?

¿Did I lay down the judgement
or did they?

¿Era necesario el reproche,
el castigo,
so much pain?

All the damage
that I forgave
I never made a song to explain:
yo solo pedí perdón
y avancé.

Todo el daño reverbera
en el temblor,
la quietud que vulnera,
el mutismo combatido apenas.

There is some kind of line
that I forwent,
some kind of safe límite
al que renuncié.

¿Was I to fulfill his
prediction,
como él me enseñó?

¿Am I to enjoy now
the peaceful healing
that comes along?

Achtung


—Careful with that axe, Eugene.
«
No puedo contra el azul oscuro».
—No sigas el agua que bordea
el verde de las agujas de los pinos.
«But that’s only a ‘breakfast’!».

—Careful with that axe, Eugene.
»No sigas por la senda
a un alma que no comprenda.

* * *

–Careful with that axe, Eugene.
»Y, no sigas por la senda
a un alma que no comprendas.

 

Verano


Hubo un verano
en que corrí descalza
con las piernas rotas,
laceradas.

Hubo un verano
en que arrojé mis ojos
a un pozo,
y luego vi el dolor ajeno
a diario.

Hubo un verano
en que abrí y cerré
—con mis propias manos—
todas las puertas
que ardían al rojo blanco.

Y hubo días de ese verano
en que arrojé de nuestra casa
a propios y extraños.

Hubo un verano
que pensé que había durado años,
que sigue durando.

Hubo una tarde-noche
irrecordable de un verano
en la que —apenas me entero—
él me estuvo esperando.