Altar


Te tengo un altar
perenne,
oculto de todos,
al frente de ti.

Cada día
hacia las tres
enciendo una vela
de luz cálida
como lo fue tu alma
hacia mí,

como lo fue tu alma
que se apartó de mí.

Todo es blanco
al despertar:
el amanecer,
el silencio,
la paz sin ti,
la nostalgia de ti,
el amor,
la desesperanza
sin fin.

Pendiente


El deseo de correr hacia ti
y detenerte,
tomarte por el brazo
y retenerte
antes de verte caer
por esa pendiente
que yo he observado
con la mirada azorada
ante el vacío,
ante el alivio,
ante la dulzura
cegadora
(¿y engañosa?)
de la muerte.

Pero con lo que estoy aguardando,
¿cómo?
Pero con lo que estoy guardando,
¿cómo?

No,
no pude verte.

No,
no puedo aún verte.

Bellezamarga, felicidaduelo


¿Cómo voy a hablar
de las pequeñas cosas
y de las grandes cosas,
que sucedieron
y que no proceso,
cuando él ha llegado
y tú ya no estás?

¿Cómo explicar
el horror máximo
del momento de perderte
para el que la vida
me fue preparando
con cada pérdida,
con cada muerte?

¿Cómo hablar
de las pequeñas cosas
y de las grandes cosas
que dejaste solas:
tus manos cruzadas
sobre el pecho,
tu expresión calmada
o contrariada,
todas tus destrezas,
el bote de basura,
todas las cerraduras?

¿Cómo voy a hablar
de la bellezamarga,
de la felicidaduelo
si apenas puedo
trazar una palabra
desde el embeleso
de sentir la vida dentro,
que, amada, se remueve,
danza,
llama,
da patadas,
crece?

¿Cómo describir
las pequeñas cosas
y las grandes cosas
de estar sin ti
y de estar con él
casi de inmediato
si aún no comprendo
todas las tragedias,
todos los milagros?

Vida


Comparto aquí mi participación en la convocatoria «Vida», de Salto al reverso.

SALTO AL REVERSO

Te había olvidado,
vida,
de tanto pensar en tu opuesto,
en tu contrario,
(muerte),

de tanto desearlo
por su luz atrayente
y luego rechazar
su orden impaciente,

de tanto retarlo
por su golpe intempestivo,
hiriente.

Te había olvidado.

Pero alguien dijo tu nombre
y (re)sentí en mi cuerpo
la vez última
(¿la única?)
que me habitaste entera,
estallando cada segundo
en cada célula,

como un principio de año,
como una primavera eléctrica.

Nunca había sido tan mía,
tan tuya.

Y entonces amé,
porque no había otra vía,
con toda tu fuerza,
a tu manera,
la única.

Y (del fin) de ello
(re)surgió tu opuesto,
tu contrario,
la devastación del alma,
la espada.

Y ahora que ha vuelto
en quebranto,
en separación herida,
despiadada,
ya no quiero llamarlo,
desearlo.

Prefiero volver a ser tuya,
vida,
a tu manera eterna,
la única.

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Astromelia


SALTO AL REVERSO

«Astromelias», fotografía por Crissanta.

Te busco en la oscuridad
donde ya sé que no estás,

sondeando la incógnita
de la audiencia muda
tras el éter que se vislumbra.

Doy mi mejor sonrisa,
la única
en estos tiempos de bruma.

¿Dónde estás?
Recibo un ramo de rosas.

Y tú, de nosotras,
claveles y lirios,
crisantemos,
gardenias.

Solo el duelo me ha hecho reconocerlas;

sobre todo a ellas,
las astromelias,
que florecen tras días,
en belleza tardía.

Como yo,
que llego tarde
a todas las despedidas.

Que entiendo tarde
las pérdidas y las cenizas.

Que entierro tarde
las cosas que se terminan.

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