A la espera de algo terrible


Al volver, sueños vívidos de Nueva York. Situaciones y calles claramente representadas en mi mente. Tuve quizá diez o doce sueños distintos que pude recordar, pero un día después mi memoria se ha borrado.

————————-

Estaba en la oficina, hablando con mis compañeros y ellos parecían ocultarme algo. Cuando miré alrededor, los encontré a todos usando a todos lentes oscuros y mirando hacia la ventana. Bromeé diciendo: «¿Qué, ya estamos en la Matrix? Voy a buscar mis lentes». Nadie rió. Mónica se atrevió a decirme que algo grave iba a suceder. Estaban todos a la espera de patrullas o de coches militares.

Me levanté del escritorio, sabía que ya no podía hacer más puesto que ya no trabajaba ahí. Caminé por los pasillos y me fijé en el carrito con utensilios de limpieza que empujaba una señora. La rueda parecía estar en llamas y a punto de hacer explotar un tanque de gas.

Corrí con todas mis fuerzas, esperando llegar a las escaleras antes de que explotara. Quise advertirle a Isabel, pero no me atreví a detenerme. Sólo grité «fuego» y seguí corriendo. La explosión sucedió ya que había llegado al otro bloque de escritorios. Deduje que ese era el terrible suceso que esperaban.

———————

Otra noche, pero de nuevo, la sensación de que algo malo iba a pasar.

Yo estaba empacando mis maletas para irme a vivir fuera del país. Antes de irme, pasé por la vieja escuela: un edificio alto de paredes y escaleras blancas.

En un salón, estaban dando misa. El padre intentaba mantener una apariencia tranquila, pero yo podía distinguir la tensión en él y en el resto de los sacerdotes. Sonreían, pero no querían hacerlo.

En otro salón, nos sentamos frente a una mesa larga y rectangular. Yo estaba cerca de la cabecera y a ambos lados tenía sentados a algunos policías. Sus radios sonaban de vez en cuando. Yo me esforzaba en comprender lo que las voces al otro lado de la ruidosa línea decían. Hablaban sobre algún acontecimiento malo que estaba a punto de ocurrir.

Los policías bajaron el volumen de su radio e intercambiaron miradas nerviosas. Comprendí que era tiempo de marcharme, llamé a mi esposo y jalé su mano para bajar corriendo las escaleras del edificio.

————————

Estábamos en un lugar nuevo, nos indicaron que debíamos atravesar por un puente. Muy tarde recordé que en ese puente había un sujeto que se había impuesto la tarea de «castigar» a los violadores. A todo el hombre que atravesaba el puente lo consideraba culpable. Corrimos, logramos escapar. Tensión, angustia. Recuerdo que se escapa.

Túnel de agua


Era una especie de juego de un parque de diversiones, sólo que no había parque alguno. Era una construcción de madera con toboganes regados por chorros de agua. Yo debía aventarme por un túnel del cual no se veía el fondo. Tomé valor y lo hice. Después de unos segundos de caída el túnel se ensanchó y me encontré rodeada de paneles de madera. Seguí cayendo en medio del agua por unos minutos más, comencé a aburrirme (de nuevo) como Alicia.

Al caer, me encontré flotando en el agua clara y agitada por las mangueras. Me deslicé sobre ella un tramo y salí, poniéndome de pie. Quise contarles a todos lo sencilla y divertida que había sido la experiencia.

Alrededor de mi había mesas, era una cafetería. Mi mamá y mi suegra estaban sentadas en una, platicando. Las saludé y seguí caminando, hasta que encontré dos puertas blancas abiertas en la estructura de madera. La de la izquierda llevaba a un cuarto donde habían instrumentos musicales listos para ser tocados. La segunda, llevaba a una escalera de caracol.

Subí por la escalera, que se convirtió en una serie de bancos de metal apilados. Yo me esforzaba en mantener el equilibrio sobre ellos. Completamente inestable, estaba a punto de caer. Pero me impulsé con todas mis fuerzas para escalar a una abertura que daba a un piso. Subí y me encontré en una habitación pequeña, con paredes blancas. Yo debía alcanzar un objeto que estaba al fondo no recuerdo qué.

————————–

Estaba en un parque, un espacio amplio cubierto de pasto. De repente veía llegar a KDT y a José Manuel. Me daba tanto gusto verlos después de tantos años… los abrazaba. Me invitaron a acampar con ellos, pensé que me llamarían pero fueron a mi casa a invitarme. Yo aún vivía con mis papás, pero pensé que a mi esposo no le gustaría mi plan :).

—————————

Un programa de radio, con un estudio de televisión lleno de luces e  invitados. Una locutora dando el teaser y un par de conductores que se aprestaban a dar noticias de espectáculos. «Nadi» era la estrella juvenil de esos tiempos, una chica de unos 15 años con tez blanca y cabello oscuro.

Dancer


Debíamos vigilar la fortaleza, cuidar que nadie entrara en el edificio ajeno. Éramos unos hombres con aspecto de militares y yo.
Finalmente yo entré al edificio. Iba a demostrarle a ese hombre, cazador de talentos, que yo era la mejor bailarina (mejor que Britney Spears(¿?), pensé).
Así que me puse a bailar… desnuda (¡!). Mis movimientos, entre ‘flash dance’ y ballet eran una magia.
Y en verdad yo era la mejor bailarina del mundo.
———–
(New York dreams)

Retazos


Era mi último día en el trabajo (de nuevo… aún no lo supero, ja). Trabajaba desde casa y no avanzaba mucho porque tenía que hacer un ensayo. No podía estar checando Reuters, le decía a Alex.

Después de un día desesperante, terminé y fui a la oficina a despedirme de todos. Me dejaron entrar sin la credencial. Allí estaban todos, como fuera de un salón, platicando y relajándose (definitivamente un sueño ja ja). Como si fueran niños de prepa, echando novio.

Platicamos y quedamos en ir a comer, pero de repente estábamos en un salón de clases. Yo me senté en una barda elevada, bromeando con mis compañeros de la escuela. Aquella maestra de inglés de la secundaria me preguntó que por qué había faltado. Le dije que tenía un problema con Banamex y tardé en solucionarlo porque me investigaron por fraude.

Luego estaba sentada en el fondo del salón, con mi hija en brazos. Trataba de alimentarla. Era sólo un bebé, pero ella hablaba conmigo. Era rubia.

Cuando salí, fui a la entrada y me encontré con que el vigilante no estaba. Sobre el escritorio había una bolsa con papeles que tenían mi nombre escrito. Supe que era la correspondencia que no me habían pasado. Iba a llevármela cuando vi algo perturbador: dentro de la bolsa había varios dedos humanos. Dejé todo donde estaba.

Brazo amputado


Antes de llegar al hospital/escuela/gimnasio mi mamá me había amputado el brazo. Bajamos del coche e íbamos caminando en una zona oscura llena de árboles cuando dijo: «De una vez» y cortó mi brazo apenas por debajo del hombro.

No me dolía y no sabía en realidad qué andaba mal con él, por qué hubo que cortarlo. Llegamos al hospital en una soleada calle llena de escaparates, y allí mamá se encontró a una mujer que conocía y que a mí me disgustaba de algún modo. Yo la saludé, poniendo mis dos manos sobre sus mejillas y dándole un beso en una de ellas. Porque yo aún sentía mis dos brazos, los veía… recordé que a eso le llaman «miembro fantasma».

Me acerqué al mostrador del hospital donde una enfermera amable, pero lenta para comprender, me escuchó. Yo estaba angustiada por mi brazo, pensaba que iba a perderlo si no me lo colocaban de nuevo enseguida. Le expliqué que mi mamá lo traía, que debía apresurarse en llamar a los doctores.

Después de un rato de tratar de explicar me preguntó que en qué tipo de madera lo traía, en qué tipo de caja. Yo le contesté desesperada que mi mamá no lo traía en ninguna caja, ni en hielo, simplemente así.

La enfermera me dijo que esperara, que no había doctores, pero que me avisaría en cuanto pudieran operarme.

Pasé casi todo el día en un cuarto, esperando. Mirando por la ventana descubrí que los enfermeros, doctores y mis amigos estaban en la playa, emborrachándose y divirtiéndose. De repente una de ellos me descubrió en la ventana y, avergonzada, salió del agua, para ir a atenderme.

Me puse de pie y vi que a mis pies había arena y que se había metido toda en mis dedos, en mis uñas. Me angustié porque pensé que debía limpiarla antes de entrar al quirófano. Fui a lavarme en un lavadero. La chica rubia de ojos verdes llegó y pensé que por fin iban a devolverme mi brazo.

Pero salió de nuevo y un montón de amigos se quedaron conmigo, pero sin hacerme el menor caso. Yo desesperaba porque alguno de ellos me ayudara. Les pedí que mandaran un mensaje para buscar a algún doctor. Tardaron años en hacerlo.

Desperté.

Lista para el fuego


Estoy en un lugar nuevo, donde no debes entrar. Mi habitación brilla, no parece haber lugar para la obscuridad.

Temprano, la luz del alba me anima. El espejo me trae de vuelta a la tierra.

Antes no, antes yo temía.

Yo he visto estas manos temblar

Yo he llorado

Yo he tenido la urgencia de escapar

y planeaba la ruta de huida.

Cuando me escuché a mi misma, me quedé helada

pero una risa irónica recorrió mi cuerpo:

Eras tú lo que guardaba en silencio,

era el miedo.

Era sólo yo, convertida en nada

sin voluntad,

sin habla.

He vuelto

de donde quiera que me has perdido

presta al combate, lista para el fuego

temerosa, pero limpia

decidida a la vida.

Flash edificio


Antes de dormir, cerré los ojos y vi aquellos pasillos que soñé una vez. Una ciudad cerrada con callejones de dos pisos. Yo caminaba por uno de ellos, con algún objetivo que no recuerdo.

Al fondo, una estructura de metal se alzaba con infinitas escaleras y pisos abiertos sin acabar. Sólo pisos de concreto gris y escaleras de metal, sin paredes ni ventanas. Yo estaba allí platicando con un hombre de algo secreto, algo que nadie debía saber.

——

El flash trae otro flash de una vez que soñé que llegábamos al fondo de una calle ancha, después de mucho mucho caminar.  Al final, había una puerta verde de metal muy grande. Alguien debía regresar por él o ella, quien se había quedado atrás.

Los recuerdos tiran unos de otros como un hilo invisible. No acabaría de contarlos todos. Jamás pensé que pudiera recordar sueños que soñé hace tanto. Cómo es posible que mi mente pueda hallarlos entre la maraña de recuerdos conscientes e inconscientes. Y así es.